Después de un año, el Museo Ruso de Málaga muda la piel. Sus camaleónicas paredes se despojan de las exposiciones que las han engalanado durante un año en el que la cultura ha sido -y es- más que un placer privilegiado, quizás una pausa o un bálsamo para el alma.

Las obras que tuvieron que montarse por vía telemática bajo la atenta mirada de sus comisarios, separados por una pantalla y casi todo un continente, han empezado esta semana los preparativos para recorrer los 4.000 kilómetros que los separan de su hogar en San Petersburgo, el Museo Estatal Ruso.

El proceso no es sencillo y requiere grandes dosis de rigurosidad, delicadeza y compenetración. Un equipo de cuatro conservadores restauradores españoles y otros cuatro rusos descuelgan se encargan de descolgar, embalar y proteger las obras de las tres exposiciones que deben volver a Rusia: la anual Realismo: Pasado y Presente. Arte y Verdad y las dos temporales, Rompiendo el silencio. El cine mudo en Rusia y Andrei Tarkovsky. Maestro del Espacio.

Los dos «correos rusos» hablan con la intérprete del Museo. paula guardián

Cada cuadro se descuelga y se coloca sobre una mesa de trabajo donde es examinado al detalle, incluso con la ayuda de una linterna, comprobando que la pintura se encuentra en el mismo estado que cuando llegó desde Rusia. Todo ello bajo una impertérrita supervisión de dos «correos rusos» según el argot de los expertos, es decir, conservadores restauradores que han viajado desde San Petersburgo para asistir a los montajes y desmontajes.

«La función de los correos es ser el custodio de las obras que ellos prestan», explica José Manuel Moreno, coordinador del equipo de mediación y encargado de las visitas. «El proceso de descolgar la obra tiene que ser siempre delante de ellos, tienen que dar fe con una documentación básica que hay, que se llama condition report, informe de conservación, que todo el proceso se está haciendo de acuerdo a los cánones establecidos en los museos de manera internacional».

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Traslado de obras en el Museo Ruso de Málaga Paula Guardián

Laceraciones, oxidaciones, craqueladuras, pequeños desgarros, barniz... todo pasa por el ojo crítico de los conservadores españoles y rusos, que se comunican mediante una intérprete. Cuando ambos equipos dan el visto bueno, el informe de conservación se firma y se sella por ambas partes.

«Chequeamos el tiempo que han estado aquí, con temperatura, humedad, todo estable, de forma que la obra no ha sufrido nada y se la llevan en buenas condiciones. Eso es un trabajo muy concienzudo», destaca Elisa Aquiles, conservadora y restauradora de la Agencia Municipal para la gestión de espacios museísticos.

La obra se envuelve en un suave papel de tissue que lo protege de cualquier elemento externo que pudiera ser dañino para la pintura y luego se embala en plástico de burbujas.

Los restauradores manipulan un cuadro durante el desmontaje. paula guardián

«En todo este proceso de embalaje y desembalaje hay muchos riesgos. Hay que tener siempre los circuitos muy abiertos, que no haya obstáculos, que con los carros la obra vaya suave, por el recorrido más corto, siempre manipulación con guantes... y siempre con las indicaciones que nos dan nuestros restauradores rusos», añade la conservadora.

Tanto el trabajo de embalaje como de desembalaje se fotografía al detalle. Al final de la jornada esas fotografías se analizan al detalle para que quede constancia de que se ha seguido el protocolo correctamente .

«Yo, hasta que no tengo ya toda la exposición colgada e instalada, no descanso porque todo este movimiento de quítalo de pared, llévalo a mesa, chequéalo con los informes, embálalo, mételo en la caja... son movimientos de mucha tensión, de mucho riesgo. Todos los equipos tienen que estar muy coordinados», confiesa Elisa Aquiles.

Cuando los cuadros están embalados, se transportan hasta el área de conservación del museo donde aguardarán hasta su partida hacia Rusia.

«Todas las cajas van a la sección de conservación que da acceso a un montacarga y de ese montacarga pasa a un muelle y del muelle va al camión directamente», añade Moreno. «La idea es que la obra de arte no sufra en ningún momento ningún cambio de temperatura y humedad».

El objetivo es que las creaciones, por ejemplo, de Aleksey Sundukov o Kuzma Petrov-Vodkin ni siquiera se percaten de que van a pasar de los 20 grados típicos de la primavera malagueña a temperaturas bajo cero en tierras rusas.

Los dos «correos rusos» hablan con la ínterprete del Museo. paula guardián

Un viaje de 4.000 kilómetros

Las obras son transportadas en un camión especialmente acondicionado para mantener la temperatura y la humedad adecuadas durante todo un trayecto en el que no se escatiman en medidas de seguridad y es escoltado en todo momento.

Ese vehículo llega a Málaga, descarga las nuevas exposiciones y carga las que ya deben marcharse. Después iniciará un largo viaje por carretera hasta Alemania, donde las obras toman un barco que atraviesa el Báltico hasta Finlandia.

Desde allí ya van directamente hasta San Petersburgo, completando un viaje de 4.000 kilómetros hasta el Museo Estatal Ruso y otras galerías privadas y espacios museísticos que también hayan prestado temporalmente sus colecciones al Museo Ruso de Málaga.

Nuevas exposiciones

El próximo 30 de abril, el Museo inaugurará la nueva exposición anual Guerra y paz en el arte ruso, compuesta por hasta 183 obras y las dos exposiciones temporales: Iván Aivazovsky y los marinistas rusos de los siglos XIX y XX, con 39 piezas artísticas, así como Lev Tolstói. El camino de la vida, que abarca 39 obras de arte.

Estas tres exposiciones estarán en el Museo Ruso de Málaga hasta el 12 de octubre de este año. El público interesado podrá asistir al montaje de las obras durante las visitas guiadas que se organizarán del 20 al 22 de abril.

Visitas abiertas al público, disponibles hasta hoy

Aunque la actividad del Museo Ruso esté prácticamente pausada durante estas semanas de dedicadas al desmontaje y posterior montaje de las nuevas exposiciones, el público tendrá hoy una útima oportunidad de asistir a este meticuloso proceso de preparación de las obras para su retorno a Rusia. En grupos de entre 12 y 14 personas, el público podrá disfrutar de una visita guiada mientras los conservadores y restauradores trabajan. El horario es dede 16.30 a 18.00 horas.