Que nazca una editorial siempre es un acontecimiento; que lo haga, además, en medio de una pandemia global que ha castigado especialmente al sector cultural merece todos los aplausos. Rafael García Maldonado y Mariló Rubio Borrego capitanean, desde Málaga, Luz de Agosto, un nuevo sello literario «que viene a ocupar un espacio que parece semivacío en el panorama editorial español, el de la exigencia literaria y la dedicación sin prisas a los libros: a lo que llevan dentro y a lo que son por fuera», dicen, a modo de manifiesto. Y como los dichos se confirman con los hechos, ha llegado a las librerías la primera prueba de su ambición: acaban de editar 'Benito Cereno', de Herman Melville, con prólogo de Juan Benet. Y le seguirá 'Los adioses', de Juan Carlos Onetti. Y todo desde la ambición y un carácter artesanal que se echa en falta.

Dice García Maldonado, farmacéutico y escritor con una aquilatada trayectoria, que se dirigen «al mejor de todos los lectores»: «A aquel que no ha perdido la esperanza, el que confía en la elevación del ser humano, en su poder de grandeza a través del lenguaje y la palabra escrita, el que sabe que la literatura es una de las bellas artes cuya misión es la búsqueda de la verdad a través de la emoción del corazón humano, no un entretenimiento más que compite con Netflix o con el fútbol».

Benito Cereno es una apuesta decididamente personal de Rafael: «Me fascinó hará como quince años, y me dije que si algún día editaba algo empezaría por ahí, y bueno, lo he cumplido. El prólogo de Benet es una joya. Lo que he hecho yo con la versión es intentar mantener el estilo de Melville, algo a lo que no han dado tanta importancia anteriores traducciones: dejar su frase larga, llena de meandros y digresiones, tan fascinante». ¿Y por qué Onetti, el siguiente invitado a Luz de Agosto? «Yo le debo buena parte de mi estilo y mi literatura a Juan Carlos Onetti. Por eso quiero empezar a devolverle algo el año que viene publicando Los adioses. En 2023, La vida breve. Está poco y mal editado, casi olvidado, y es extraordinario, colosal, pero difícil y oscuro, algo que en estos tiempos es anatema».

Un sello

La editorial malagueña editará «poco», avisa: «No somos tanto una editorial clásica como un sello, por así decirlo, de culto, sabemos que esto es minoritario. Tenemos dos ejemplos, dos referentes, que son Javier Marías y Carmen López (Reino de Redonda) y Jacobo Siruela e Inka Martí (Atalanta)». Además, Rafael y Mariló no están dispuestos a renunciar a ciertos detalles que para ambos son fundamentales, como, por ejemplo, esa carta manuscrita que incluyen en los ejemplares de sus libros: «Ir a contracorriente también es eso, el gusto por las cosas artesanales, incluida la escritura a mano, el tiempo lento, la vida típica del viejo sur americano y español. Por eso nuestro logo es la mecedora sureña. Nos ponemos en la piel del lector: nos hubiese gustado que alguna editorial, además de editar con un gran gusto el libro (como es nuestro caso), nos hubiese mandado la carta con el membrete de la editorial y la firma de los editores», explica Rubio Borrego.

Pero la pareja de editores ya está preparando nuevos libros, que editar con mimo y ambición toma su tiempo: «Claro que se puede editar mal un clásico; de hecho, se hace: malas traducciones, malos libros... Hay quien cree que lo importante es la historia que se cuenta, simplemente. Pero nosotros creemos que igual de importante es el continente (el libro en sí, el objeto) como la forma de contar la historia, el estilo», dice Mariló.

Les pedimos que disparen alto, que sueñen... «Cuando podamos permitirnos traducciones pagadas querría sacar algo casi inédito de Henry James», dice García Maldonado. «Yo querría sacar dentro de no mucho cosas desconocidas de algunas inglesas del XIX que me gustan mucho, como por ejemplo George Eliot. Iremos viendo, pero de momento sería feliz si la gente gozase tanto como nosotros con Benito Cereno», responde Rubio Borrego.