Luis Fernández y Ana Parra, ganadores del Goya a la Mejor Dirección de Producción de 2021 por la película ‘Adú’, han narrado su experiencia sobre cómo ha sido trabajar codo con codo para hacerse con la estatuilla. Los protagonistas de la conferencia declararon que, para la mayoría de las películas, siempre hay una persona encargada de la dirección de producción. Sin embargo, 'Adú' era un ejemplo perfecto de una película para dos directores de producción.

Los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UMA, I.E.S Gualdalpín e I.E.S Politécnico Jesús Marín han podido estar presentes de manera bimodal desde el Aula Magna de la facultad y desde sus domicilios.

Para Ana Parra era la primera nominación a los Goya, pero Luis Fernández Lago ya contaba con la veteranía. Es su primera victoria tras cuatro nominaciones por 'Campeones'; 'Mortadelo y Filemón contra Jimmy El Cachondo'; 'Un día perfecto y Oro'; 'Princesas'; 'Cándida'; 'Camino'; 'Amador'; 'Historias lamentables' y 'Perdiendo el norte'.

Ambos han colaborado con directores de la talla de Javier Fesser, Fernando León de Aranoa, Agustín Díaz Yanes, Salva Calvo, Alejo Flah, Nacho García Velilla. Además, han tenido el placer de trabajar con actores como Luis Tósar, Candela Peña, Benicio del Toro o Tim Robbins.

“Que la tecnología nos acompañe como les acompaña la fuerza a los jedi”, así comenzaba el acto Penélope Noelia Martín, moderadora de la reunión y docente de la UMA. Luis Fernández se encontraba en Canarias y Ana Parra en Madrid, ambos con proyectos entre manos, pero esta vez por caminos diferentes.

Luis Fernández y Ana Parra desde la plataforma 'Collaborate' en la conferencia bimodal Gema Rubio Galo

“Cuando empezaron a existir los premios Goya, yo era un estudiante de comunicación audiovisual”, el director de producción con esa edad ya pensaba a lo grande y soñaba con que un día él fuera quien estuviera recogiendo el Goya por su trabajo. “Es divertido soñar porque después las cosas se consiguen”.

Parra estudiaba música en el conservatorio, pero de vez en cuando hacía trabajos para la televisión, un curso de producción en Madrid y finalmente en 1995 le salió su primer meritoriaje.

La labor de estos dos directores de producción es bastante compleja. Desde su posición, deben tener una relación directa con el productor y el director ya que son partes fundamentales de la columna vertebral de una película. “Javier Fesser es un director muy especial, es fundamental que exista ese feeling con los directores”, narra Fernández.

La dirección de producción de una película tiene mucho trabajo de fondo: “A veces empezamos seis meses antes o incluso un año antes de que el guion esté listo”. Un largometraje cuenta con dos equipos fundamentales, la dirección que es lo que se ocupa de todo lo que se ve en pantalla y la producción que es la organización para que todo esté listo para que se vea en pantalla.

“Una vez que tenemos el presupuesto, vamos a las localizaciones”, relata Parra. Un momento clave para Luis y Ana es la búsqueda de las localizaciones con los jefes de departamento para marcar las cosas que van a necesitar para que todo esté previsto.

“Adú es una de esas películas que se hizo en condiciones”

Su presupuesto era escaso a la hora de empezar a preparar la película. Por ello, decidieron emplear bastante tiempo y paciencia, de manera que no les influyera demasiado al aspecto económico.

Fernández y Parra fueron a África seis meses antes de que empezaran a rodar para buscar en qué país podían grabar. “Teníamos que mirar varios factores como el paisajístico, humano y logístico”. Los directores de producción se adentraron en Benín, África Occidental y comprobaron qué partes del filme podían hacer en ese país y qué partes podían imaginar hacerlas en España. “Más que nada había que tener en cuenta los temas logísticos y económicos”.

Finalmente, la película se rodó entre Benín (África), Murcia y Madrid (España). Ana se encargaba del trabajo de producción de España y Luis se encargaba de Benín. El trabajo de producción era tan extenso que se requería de dos directores de producción porque el largometraje “es un ejemplo perfecto de una película para dos directores de producción”, señalan ambos.

Fernández y Parra nunca llegaron a pensar en hacerlo todo en España debido a que el presupuesto era limitado. Pero sí hicieron más en España que en África. “La película de Adú necesitaba un paisaje africano, por el tipo de casas, de suelo y demás”. Aún así, los directores de producción hicieron desiertos en España y recrearon parte de los interiores en Madrid y Murcia. “Fue un gran despliegue de imaginación y de medios, aunque más de imaginación”, recalca Ana.

Las condiciones para trabajar en Benín eran muy complejas debido a que estaban en un país donde no había industrias, “tuvimos que diseñar y fabricar el camión de maquillaje”. El trabajo de todo el equipo para crear cosas “fue doblemente duro”. “Tuvimos que traer material eléctrico desde Nigeria”, señala Luis.

Secuencias más complejas

En la película, hay una escena en la que la hermana de Adú (Alika) se tira del avión. “Esa secuencia está super dividida”, cuenta Luis. Esa escena se hizo entre el aeropuerto de Benín y Madrid que es donde crearon el interior del avión combinado con efectos digitales. 

Estuvieron localizando aviones abandonados para esa secuencia y lo encontraron en Benín. “Esa secuencia lleva truco ya que optamos por una decoración del interior y un croma”, además del movimiento de la hermana de Adú con el arnés.

Por otra parte, había otra escena en la que también supuso un trabajo profundo. Se trata de la valla que sale en la película haciendo referencia a la frontera de Melilla. “Construimos la valla en las afueras de Madrid con la colaboración del departamento de decoración y FX Animation”. Se construyeron aproximadamente entre 35 y 50 metros de valla. “Fueron noches muy duras porque pasaron muchas horas subidos a la valla”.

Moustapha Oumarou (Adú)

“Al niño lo malcriamos, a veces son los propios niños los que te sorprenden”, cuenta Luis Fernández con tono jocoso.

“Para rodar por las noches con los niños había que pedir permiso. Tienen que tener un cuidado especial”. En el caso de Moustapha, ambos coinciden con que fue un casting dificilísimo ya que se trataba de una búsqueda por aldeas y pueblos de allí.

Además, contaban con una dificultad extra ya que Moustapha no tenía permiso de trabajo y sus padres no disponían de papeles legales. “Allí no tenían ni DNI”. El equipo de la película se encargó de poner en trámite todos los papeles necesarios para que el niño pudiera trabajar y que su familia le acompañara.

Después del final del rodaje, el equipo de producción se hizo cargo de pagarle un colegio privado en su ciudad hasta que tuviera edad universitaria. “Era un encanto de niño, todo el mundo estaba enamorado de él”.

Complicaciones por el COVID-19

La industria del cine también se ha visto afectada por la pandemia. En el set de rodaje ya hay personas encargadas de cumplir el protocolo del COVID-19. “Nosotros contactamos con una clínica e hicimos un calendario con los controles en la preparación y en el rodaje”, recalca Ana Parra. En las zonas en las que ruedan las películas hay un control exhaustivo de desinfección de vestuario, camerinos y maquillaje. "Creamos círculos a la hora de comer y solemos comer divididos en departamentos”, subraya Parra.

Desde el punto de vista de producción que son quienes se encargan del presupuesto, consideran que las medidas de seguridad de la pandemia “a nivel económico es un coste extra”.