Orquesta Filarmónica de Málaga

Solista: Ryutaru Suzuki, piano

Director: José María Moreno

Programa: Concierto para piano y orquestas nº 5 en Mi bemol mayor, Op. 73, “Emperador” y Sinfonía nº 6 en Fa mayor, op. 68 “Pastoral”, de L. van Beethoven.

Lugar: Teatro Cervantes

Si en los dos abonos anteriores de la Filarmónica de Málaga el foco de atención se centraba en las perspectivas de Brahms y Bruckner respectivamente, el último programa pasado del conjunto fijaba el interés del maestro José María Moreno precisamente en el comienzo de todo, en el instante donde se forja ese nuevo horizonte musical que hizo posible construir nuevos caminos para la música del siglo diecinueve. Precisamente ese horizonte no es otro que el genio de L. van Beethoven.

El músico de Bonn fue capaz de escribir un concierto para piano que exige un instrumento que entra de lleno en lo que es hoy el piano y construir un sexto trabajo sinfónico que lejos de los tipismos entabla un diálogo con el oyente. Y no acaba aquí todo, en Beethoven se encuentra ya la figura del músico que entiende su trabajo desde una perspectiva puramente artística y creativa alejada del mero entretenimiento. Beethoven apela a la escucha activa del oyente y esto es por sí mismo un cambio sustancial que no ha variado hasta nuestros días.

Escrito en 1809 el Op. 73 “Emperador” es el único trabajo para piano y conjunto sinfónico que no estrenó el propio músico dado lo avanzado de su sordera. El japonés Ryutaru Suzuki, que debutaba con la OFM, se enfrentó con no pocas dificultades a esta partitura tan compleja como comprometida. Tal es así que el primer movimiento fue creciendo en intensidad desde la introducción con momentos a solo de gran interés gracias también a la complicidad de batuta y conjunto que ofrecieron un sonido más sólido y definido a pesar de las pruebas en la disposición de la concha acústica que enturbia metales y percusión por no hablar de una distorsión sonora de la emisión en general.

En el corazón del “Emperador” se ubica el adagio un poco mosso dibujado por Suzuki y Moreno en un ejercicio de sensibilidad antes de atacar con furia el Rondó de cierre en lo que fue un auténtico alarde de virtuosismo del pianista nipón y que despertó el entusiasmo de una sala cada vez más parecida al tiempo antes de la pandemia.

La segunda parte del programa la ocupó la Sexta Sinfonía de Beethoven en una lectura ágil y muy segura tanto de los atriles como del maestro Moreno. El primer tiempo mostró el intenso trabajo presentado tanto por las cuerdas como maderas, los grandes protagonistas de esta sinfonía. Para la ocasión la cuerda mostró esa densidad y volumen con las que en ocasiones se ilumina y que continuaría en el irresistible andante. Beethoven rompe la norma clásica al añadir un tiempo más a la sinfonía para atender al programa con el que dialoga con el espectador. Tras el brillante scherzo el maestro Moreno enlazó magistralmente el paso hacia el capítulo de cierre en un alarde de pulso, dinámica y complicidad con los profesores.