Desde luego, La casa del caracol no parece una ópera prima.

Es que tenía muy claro la película que quería hacer. Aunque es verdad que he tenido que aprender a negociar con todo: en el rodaje, en el montaje, en los tiempos... Y no olvidemos la pandemia.

Fue la primera película en filmarse tras el confinamiento estricto del año pasado. ¿Afectó mucho el coronavirus al desarrollo del proceso?

A todo. Mucho. Se ralentizaron los procedimientos de rodaje. Los protocolos covid estuvieron vigentes en todos los departamentos: el acercamiento a los actores era controlado, más de nueve planes de rodaje y la persona de riesgos laborales en el set. A todo esto añádele que es una coproducción peruana y teníamos muchos problemas con los actores de allí. El espacio aéreo estaba cerrado, empezamos a rodar sin ellos... y, al final, todo eso supone un estrés.

¿Había soñado alguna vez Macarena Astorga con que su opera prima fuera una película de género?

Sí, yo creía que mi primera película iba a estar escrita por mí, pensada por mí y sentida por mí, pero también hubiera sido algo de género. El fantástico es divertido y me saca de la realidad. Yo sinceramente con esta película siento que me han ofrecido un verdadero regalo.

Porque La casa del caracol es, como se dice en el mundillo, un encargo.

Pero la he hecho mía. He trabajado con los productores María Jesús Gutiérrez y Álvaro Ariza y he aportado cosas a Sandra García Nieto. Así que la siento como mía, es una película dirigida por mí y yo soy su autora.

Entre todos los referentes de la película tiene mayor importancia el que le haces a la obra de Mary Shelly Frankenstein.

Tengo muchas camisetas de Frankenstein... Yo quería llevar la obra a ese terreno poco a poco, al fantástico, al mundo de los clásicos que me han marcado como el detalle del caracol junto al pie, igual que la rana junto a niño en E.T. Aunque aquí creo que Sloth de Los Goonies tiene más protagonismo. Pero sobre todo estamos hablando sobre los misterios de la mente humana, de todos esos lugares oscuros.

La película aborda muchos temas pero hay uno en particular que resalta: el peso del pasado.

Como dice Javier Rey, la mochila de los personajes. Una mochila que no se descarga en todo el relato. Y si además llegas a un sitio tan especial como este pueblo el pasado toma otra dimensión.

Un paisaje hermoso y tranquilo pero lleno de hostilidad...

Era algo que estaba dese el principio y se trabajó a conciencia. La presencia de la hostilidad hacia el extranjero, al desconocido, a todo aquello que no se comprende estaba estudiada para que se viera reflejado en la película.

¿Qué no hubiera historia de amor entre los protagonistas es decisión suya?

Es una decisión propia. No quería llevarme la historia a lo romántico; siempre quise que la relación de ellos fuera más de atracción, seducción, juegos pero incluso el momento más romántico de la película queda marcado con cierto distanciamiento; no quería que fuera bonito.

Esta noche verá la película en el Teatro Cervantes con su madre.

Cuando tomé la decisión de dejar la docencia para dedicarme en exclusiva al cine ella me animó a que cumpliera mis sueños y así lo he hecho. Pero mi madre es muy exigente, nunca me regala el oído...

¿Qué tal trabajar con Javier Rey y Paz Vega?

Javier leyó el guion y se lo tomó como un reto. Trabajar con él ha sido para mí una de las mejores experiencias de mi vida... Y aún hoy en día no me puedo creer que haya trabajado con Paz Vega. Ella aporta luz a todo el relato, las secuencias que comparte con Javier dinamizan todo la película.