Las consecuencias

Dirección: Claudia Pinto Emperador

Intérpretes: Juana Acosta, Alfredo Castro, María Romanillos, Carme Elías, Sonia Almarcha, Christian Checa, Héctor Alterio, Enrique Gimeno


Uno suele tardar muy poco en darse cuenta de que una película no va a funcionar. 'Las consecuencias' lo deja claro en sus primeros compases, en esa escena del coche en la que sus personajes protagonistas se explican, se cuentan de manera telegráfica, quizás uno de los errores más fatídicos que puede cometer un guión. No ayuda que estemos asistiendo a otra historia más de secretos y mentiras de una familia (sí, otra... venga, por favor, una película sobre una familia feliz sin más contratiempos que los cotidianos) que, pronto también, descubrimos que va a tirar por el lado más tremendo de las cosas. La directora se deleita con los cielos nublados y las olas que rompen, y la insistencia en avisarnos de que la tormenta está por llegar termina pareciendo que hay cierta fruición en los procedimientos. Todo persigue con ahínco la intensidad emocional (ay, esa banda sonora con tanto de Alberto Iglesias como eso neominimalismo tan en boga y que ya es un cliché) pero el empeño resulta tan evidente y destemplado que, al final, sólo agota (y créanme, agota pronto).

Sin embargo, lo peor de todo es que para un filme que se titula 'Las consecuencias' es su cobardía: en dos de las escenas clave, en la conclusión, cuando se producen las confesiones y las revelaciones, Pinto Emperador corta por lo sano, omite las reacciones de los protagonistas (spoiler: a no ser, claro, que uno de ellos se suicide), evita la conversación posterior en que se analicen las responsabilidades y se recojan los destrozos emocionales. Y entonces nos damos cuenta de que lo único para lo que nos han mostrado a estos personajes es para impactarnos con sus tragedias y sus infiernos, que han sido utilizados como simples muñecos a lo que atizar. Y yo con eso no puedo.