Durante la pandemia ha habido muchas personas que han redescubierto el placer de jugar. Los rompecabezas (de los que ya hablamos hace unos meses) y los juegos de mesa se han revelado como unos grandes compañeros a lo largo de los meses de confinamiento y toque de queda. Sin lugar a dudas uno de los clásicos más populares es el Monopoly. A pesar de que ahora se puede ver como un alegato en favor del capitalismo, su primera creadora, Elizabeth Magie, pretendía justo lo contrario.

Nacida en Estados Unidos en el año 1866, toda su vida se dedicó a luchar contra las desigualdades raciales, sociales y de género. Simpatizaba con las ideas del pensador Henry George; un filósofo y economista muy popular en la América del siglo XIX. Se oponía firmemente a los monopolios -tanto estatales como privados- de los recursos naturales ya que, según su punto de vista, eran los principales causantes de la pobreza y la desigualdad.

Nuestra protagonista, que había conocido el georgismo a través de su padre, el periodista James Kingsley Magie, decidió utilizar las herramientas que tenía a su alcance para concienciar a la ciudadanía. Inicialmente comenzó escribiendo artículos en la prensa y narraciones a través de las que quería transmitir la ideología georgista. Pero, como era aficionada a los juegos de mesa, pensó que las actividades lúdicas también podían ser útiles a la causa y en 1902 presentó la primera versión de El juego del propietario (The Landlord’s game). Tanto la mecánica como el tablero acabarían siendo la base de lo que ahora se conoce como Monopoly, pero todavía faltaba mucho para que esto sucediera.

Y es que no había ninguna gran empresa que quisiera editarlo al considerarlo demasiado político. Sin embargo, esto no frenó a su creadora, que decidió hacerlo por su cuenta. En 1906 fundó la Economic Game Company, que presentó al mercado una versión mejorada del juego. Fue un acierto porque tuvo muy buena acogida entre los miembros de las sociedades georgistas diseminadas por EEUU y también entre los estudiantes de Económicas de las universidades de la Costa Este.

Cuando se produjo el crack de 1929, El juego del propietario fue aún más popular. Se trataba de un entretenimiento barato que, además, ayudaba a la gente a entender qué demonios había pasado con la economía por haberlos arrastrado a la Gran Depresión. El problema era que muchos copiaban el juego de Magie y lo adaptaban a sus propias normas sin respetar la autoría.

Uno de estos fue Charles Darrow, un vendedor de calefacciones de Filadelfia que había perdido su trabajo. Él simplificó el juego y lo vació de todo contenido moralizador y educativo. Lo bautizó como Monopoly y para ganar solo había que perseguir un objetivo: hacer más dinero que los demás. Y eso es justo lo que consiguió en la vida real cuando lo vendió a Parker Brothers. Darrow fue el primer millonario del mundo de los juegos de mesa gracias a su popularidad, que se fue manteniendo a lo largo de las décadas. De hecho, actualmente, cuenta con unos cientos de versiones diferentes y se publica en unas cuarenta lenguas.

Para evitarse problemas, la empresa -que hasta ese momento siempre había rechazado el Landlord’s Game- compró la patente de Magie por unos 500 dólares y el mundo empezó a olvidar la figura de aquella mujer, muerta en 1948 a los 82 años. No fue hasta la década de 1970 cuando un profesor de económicas de la Universidad de San Francisco llamado Ralph Anspach recuperó el juego inicial. Inmediatamente Parker se le echó encima y lo denunció, pero la empresa perdió el juicio. Y lo más importante, sirvió para que la historia comenzara a poner en el lugar que le correspondía a Elizabeth Magie.

Con el paso de los años nuevas investigaciones han descubierto la biografía de esta mujer. Gracias a esto sabemos que promovió acciones para denunciar la discriminación laboral y salarial de las mujeres y que aparte del Landlord’s Game también había diseñado otros juegos de mesa. Por esta razón ahora ya es reconocida como una de las pioneras de este sector.