Creó su tercera novela durante el confinamiento inspirándose e investigando crímenes y desapariciones de menores que se llevan produciendo desde los 80. ¿El encierro sanitario le dio tiempo para escribir la historia que siempre había querido contar?

En la década de los 80 y posteriormente han ocurrido muchos crímenes relacionados con la internet profunda, en los que se venden snuff movies, hay tráfico de órganos y de personas, etc, una serie de cosas escabrosas que tienen que ver con gente con mucho poder monetario que puede adquirirlas. Yo, no tanto como investigador que quiere esclarecer la verdad, sino como alguien a quien le gusta escribir novela negra y de cualquier hecho normal saco el giro oscuro, esto me parecía carne de cañón. Es cierto que llevaba tiempo investigando, pero el hecho de tener de repente tanto tiempo del tirón me hizo profundizar más y desarrollar bien la historia, haciendo una telaraña para que todas las piezas encajaran. En el confinamiento tenía tanta angustia e incertidumbre que para mí ha sido el mejor ejemplo de la suerte que es tener una pasión para poder descargar todo lo que llevaba dentro. Estuve tocado, no salía de casa, me leía todos los periódicos a la vez, pero no me hundí, y escribir fue una salvación.

Se ha adentrado en la internet profunda, ¿se ha asustado con lo que ha encontrado?

La deep web (internet profunda) es una prolongación de todo lo que sabemos desde los 90, de esa leyenda -o no- sobre la existencia de snuff movies. Cuando te metes ahí, ves de todo, el problema no es solo lo que se vende, sino lo que puedes conseguir pagando. Asusta, como asusta la pederastia y otros temas escabrosos. Es terrible que se permita que exista. Creo que hay un colchón económico de tantísimo dinero que impide que se aniquile.

Después de haber escrito tres novelas e interpretar diferentes papeles en cine, televisión y teatro, ¿le molesta que el público le siga identificando solo con Tony Alcántara?

No, lo que no puedo hacer es salir en una serie durante 20 años y seguir en ella y, cuando quiera, me guste que me reconozcan y cuando no, me moleste. Es un trabajo del que estoy supeorgulloso y que hago con mucha pasión durante una temporada más, por lo menos. Que te reconozcan es que trasciendes, siempre he dicho que lo peor que le puede pasar a un actor es que lleve tiempo en una serie y nadie sepa cómo se llama o lo que hace. Por otra parte, soy consciente de que me he dado a conocer como actor, pero estoy más formado, incluso, para escribir: he estudiado Comunicación Audiovisual, he hecho Periodismo; es algo que ya tenía. Uno no necesita siempre el visto bueno o el reconocimiento en todo lo que hace. Que la gente te vea en la tele gratis no significa que se vaya a gastar el dinero en comprar tus libros, sobre todo cuando son novelas que nada tienen que ver con el personaje por el que me conocen.

Rivero, que firmará ejemplares esta tarde en la Librería Luces, se adentra en el mundo de la publicidad y los peligros de la sobreexposición en las redes sociales

¿Veinte años interpretando al mismo personaje supone, además de una suerte a nivel laboral, una condena?

La condena son los prejuicios, en general tendemos a poner etiquetas. Lo que me ha costado más es hacer ver que mi mundo no es parecido al de mi personaje, yo soy de thriller, oscuridad, terror, de psicologías tenebrosas, de true crimes, es lo que me mueve. Y no tiene que ver con la política ni un mundo retro de la memoria como es la serie. También supone que no pueda hacer series en otras cadenas, pero estoy satisfecho.

¿Qué le aporta la literatura que no encuentre en la interpretación y qué se considera más: actor o escritor?

Al final todo es lo mismo. Se trata de contar historias, desarrollarlas y evadirse. La diferencia es que cuando soy actor, me gusta satisfacer a productores y directores, y como escritor el poder lo tengo yo, soy el que decido lo que imagino y hasta donde lo quiero llevar. En ese sentido hay un punto de libertad que me gusta, puedo ser más salvaje o romper los esquemas, algo que me divierte mucho. En cambio como actor la responsabilidad es ser creativo, aportar pero siempre bajo la tutela de los que mandan. Como escritor soy más radical , mi objetivo no es satisfacer a todo el mundo, hasta me gusta desagradar.

¿Qué tiene la novela negra que no tengan otros géneros?

Primero que es lo que a mí me gusta de siempre, tiene el morbo y la psicología de que hay detrás de los crímenes, de cuando la gente hace cosas terribles. A través del thriller se pueden abarcar aspectos que pertenecen a otros géneros. Mi primera historia, un parricidio, habla de una familia disfuncional y podía haber sido una novela incluso de autoayuda o amorosa. El thriller te da pie para profundizar en otros géneros que a lo mejor la gente no leería si no hubiera misterio.

En este aborda los peligros de la sobreexposición a las redes sociales.

Me interesa la fragilidad de las personas ante las redes, sobre todo las mujeres, que lo tenéis más complicado en todos los aspectos, y particularmente las niñas (la víctima es una adolescente). Con 14 años piensas que eres autosuficiente pero eres muy inocente y no imaginas la maldad de los ojos con los que te pueden mirar. En las redes nunca sabes quién te está viendo y a lo mejor proyectas una imagen enfocada a un producto, a llamar la atención o a gustar a alguien de tu clase y quizás le estás gustando a un señor con otras intenciones.

¿Cómo se muestra usted en las redes y por qué se decidió a compartir recientemente en Instagram una foto de dos adultos y un niño, los tres de espaldas, explicando que «en casa somos tres chicos»?

Intento ser discreto y compartir temas de interés en los que puedo influir: hablo de la serie, de los rodajes, de los libros que leo, subo fotos de entradas al cine con palomitas -si pretendemos que la gente consuma cultura tenemos que mostrar que nosotros también lo hacemos y pongo las palomitas porque así doblas la facturación de las salas-. En lo personal no me gusta enseñarme, considero que no interesa. Tengo sentido de la privacidad y creo que los actores debemos mantener el misterio, la ambigüedad, que no se sepa todo de nosotros. Compartí esa foto en un momento en que había muchos casos de acoso y me parecía mentira que en pleno siglo XXI se estuviera retrocediendo. Nunca me oculté; en mi entorno todo el mundo lo sabe y aproveché un momento en que no se pudiera interpretar que lo hacía para promocionar un proyecto. Quise compartir mi realidad, mostrar que hay otros tipos de familia y una sociedad que convive con ello de forma natural. O al menos quiero pensar que es así.