Amparo Muñoz fue la mujer bella más triste de todas. Ella misma dijo: «En ocasiones la belleza me ha salvado, como cuando pasaba un mal momento y me ofrecieron la portada de Interviú, pero otras veces he deseado rajarme la cara». El periodista y novelista Miguel Fernández propone en 'La vida rota' (Roca Editorial) una mirada a las luces y sombras de la malagueña, una persona sensible a la que, por desgracia, le tocó vivir en una época opresiva para las mujeres.

Destaca, y con razón, Fernández que Málaga no cuenta «con una calle con el nombre de Amparo Muñoz, cuando ella llevó por todo el mundo el nombre de su tierra». De ahí que La vida rota sea también un acto de justicia, de restitución para una mujer que fue mucho más que un juguete roto; repescar su vida es conocer a una pionera en algún que otro aspecto: plantó cara a los responsables de Miss Universo y renunció a la corona por negarse a participar en «bacanales», mantuvo una relación con un intelectual de la talla de Elías Querejeta (formando un fugaz tándem tipo Marilyn Monroe-Arthur Miller), denunció el supuesto maltrato psicológico que le infligió Patxi Andión, denunció las utilizaciones de la industria del cine («A los directores les importaba un bledo si sabía actuar o no, y a veces los desnudos se rodaban a lo bruto; era como una violación continua», dijo)... Lástima que sus paseos por los arrabales de la drogadicción (fue detenida en Barcelona durante una redada mientras intentaba comprar su dosis de heroína) terminaran por devorar nuestro recuerdo de ella.

Para Fernández, Amparo Muñoz fue «feminista quizás sin ella saberlo». Y pone un ejemplo, ya mencionado: tras comprobar el trato «sexualizado» que recibían las actrices y modelos en la industria, devolvió el título de Miss Universo. Pero la malagueña cayó en otra trampa, según el periodista y escritor granadino: «La fiebre del destape parecía un desafío a la dictadura y, en realidad, era una trampa porque era un paso más en el abuso y mercantilización de la mujer».

Como tantas mujeres que aspiraban a la independencia y la autonomía en aquella época, todo se le puso cuesta arriba a Amparo Muñoz: en la década de los 80 vivió un periodo en el que tuvo problemas con las drogas, «como tanta gente en aquella época», pero aun así «hubo una doble vara de medir» porque, «hay creadores que a pesar de consumir se les reconoce por su obra».