Los Secretos han vuelto a la carretera, por fin, después de que la pandemia les impidiera una gira por tierras americanas.

Era una pequeña gira, programada para marzo del pasado año. Nosotros no somos número 1 en América, pero era una gira muy bonita, con Pancho Varona. Se suspendió porque ya veíamos que lo que venía tenía muy mala pinta. Luego, con las restricciones, retomamos algunos conciertos. Nuestro compromiso con la maquinaria del rock, con el dar de comer a nuestra gente, que son 16 familias, entre técnicos y otros profesionales, nos devolvió a las giras. Al final hicimos 25 conciertos de los 86 que teníamos programado para un verano que no fue el soñado. Nuestra finalidad no es hacer caja, es seguir ofreciendo entretenimiento. Queremos seguir con la música, porque la música es inherente al ser humano. Habrá quien la tome como un objeto de consumo, o como un objeto fiscal. Los gobiernos no prestan a la cultura la atención que merece, como algo esencial. España antes exportaba música, era generadora de cultura, con Paco de Lucía y grupos ochenteros que triunfaban en América, y ahora somos unos pequeños títeres de las grandes multinacionales, Sony, Warner y Universal, las que gobiernan el mundo del espectáculo.

El mundo de la cultura está de luto, por la situación que atraviesa el sector, y porque no dejamos de escribir obituarios.

Las páginas de Cultura de los diarios se han convertido en una sección de decesos. En nuestro último disco hay una canción dedicada a esto, Si pudiera para el tiempo, en la que digo que los que se van, que son los buenos, no tienen repuesto: Glenn Frey, de los Eagles; otro de mis ídolos, Tom Petty; David Bowie, que me volvía loco... Los artistas que salen ahora no tienen la capacidad de influencia musical que tenían aquellos que me formaron a mí: Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer, Genesis, Dylan, los Byrds, Flying Burrito Brothers, Bob Marley, Black Sabbath... No pensábamos que la música fuera peor por ser de otro estilo. Así fue como formamos nuestra propia identidad musical.

«¿Y quién ocupará tu precioso lugar? Y tu pedestal desierto», canta en Si pudiera parar el tiempo. ¿Le sigue la pista a los nuevos reyes y reinas de la música, los del trap y el reguetón?

En otra de las letras del nuevo disco hago referencia a algo que le pasó a mi padre y que creía que no me pasaría a mí. Mi padre nos inculcó la música y el respeto a la cultura. Nos machacó para que nos gustara la música. Luego, cuando se dio cuenta que nos gustaba demasiado, en aquellos años, finales de los 70, principios de los 80... era como perder a sus hijos. Estos se van a la perdición, pensaría. Sin embargo, mi padre entendía la música moderna, le encantaban los Pretenders y le gustaba mucho Police, pero cuando escuchábamos a los Clash y a los Sex Pistols, ahí se cerraba. Eso es ruido, una mierda, nos decía. Yo no quiero que me pase lo mismo con las nuevas músicas. Quizá hay talentos sobrenaturales por ahí que yo desconozco, porque hay tantos artistas como canales de YouTube pueda haber. De todos modos, todo lo nuevo que escucho siempre me recuerda a algo. Ahora mismo ignoro quién sustituirá a los grandes héroes que nos enseñaron a apreciar la música.