Más malas noticias para Proteo. Después del incendio que arrasó sus instalaciones, el pasado mes de mayo, ahora la librería se despide de uno de sus fundadores, Paco Puche, que acaba de fallecer a los 81 años. Málaga se queda sin uno de sus grandes agitadores culturales, un hombre que siempre entendió la cultura como un ejercicio de resistencia.

Afín en la juventud a los movimientos cristianos progresistas y muy vinculado a Alfonso Carlos Comín, terminó formando parte del famoso Frente de Liberación Popular (FLP), más conocido como el Felipe.

A finales de los 60, Paco ya había puesto en marcha en Capuchinos una cooperativa de libros a la que acudía «gente importante de la clandestinidad de aquella época». Pero tras algún registro e incluso alguna detención, la cooperativa pasó a mejor vida y es, por iniciativa del Felipe que con otros tres amigos monta en 1969, en un tercer piso de la calle Juan de Padilla alquilado a su nombre, Prometeo, «una librería antifranquista». De esos cuatro socios, Puche era «el único que no tenía carné del PCE», aunque sí simpatizaba con el partido.

«¿Quién sube al tercer piso de una librería especializada en libros raros, pues no mucha gente, pero el boca a boca funcionaba y además coincide con el inicio de la Universidad en calle Córdoba», explicó en una ocasión a este periódico. A los pocos meses de vida, el Felipe se disuelve y Paco Puche decide comprar su parte a los socios y con la ayuda de varios amigos, entre ellos el futuro dirigente socialista Carlos Sanjuán, sigue con la librería y en 1971 ya se traslada a la plaza del Teatro, a la luz del día. Prometeo, el nombre mitológico escogido, explica Paco, era por entonces «un nombre muy marxista, porque Marx decía que era su santo laico preferido».

Pero a Prometeo se le unió pronto la librería Proteo, aunque sólo fuera por entonces una 'fantasía jurídica' para burlar a la autoridad con los libros clandestinos: «Teníamos muchos libros prohibidos que se obtenían en Madrid, en Barcelona... "La policía nos conocía perfectamente pero no éramos un foco grave de subversión. Lo que ocurre es que parte de esos libros los teníamos que importar de Francia, de la Unión Soviética, de donde podíamos... y empezaron a no darnos los permisos de importación. Así surge otra empresa, con otro titular y el nombre lo más cercano a Prometeo, Proteo, para poder importar esos libros», dijo una vez Puche.

Esos años del final del franquismo y llegada de la Democracia, contaba Paco, le hicieron dejar su profesión de maestro de FP y volcarse en las dos librerías, en unos tiempos dorados para la lectura y el comercio de libros. Tuvieron que bregar con vándalos de la política como aquel ultra, cliente fijo de la librería, que un día lanzó una botella de gasolina contra una zona con material inflamable; afortunadamente funcionó el extintor. En otra ocasión, el escaparate de Proteo recibió una pedrada tras un reaccionario comentario en prensa que protestaba porque en el escaparate podía leerse 'libres', que a su juicio era 'libros' escrito en catalán (en realidad, en catalán se escribe 'llibres').

Descanse en paz.