El sajón G. F. Haendel fue el protagonista del cierre de los encuentros de la Joven Orquesta Barroca de Andalucía (JOBA), en el auditorio Edgar Neville. El proyecto educativo que lidera de la OFM celebraba así décimo aniversario eligiendo para la ocasión dos páginas que retratan aspectos claves del período barroco. A lo largo de estos diez años de singladura este proyecto que lidera la Filarmónica de Málaga ha preparado cinco promociones de jóvenes instrumentistas en la especialización de un repertorio que exige una especial sensibilidad y una preparación técnica singular.

La JOBA, con las obras en programa, acercaba al auditorio que llenó el Neville la gran fiesta barroca a través de dos trabajos de circunstancias. Tanto la Música acuática como los Reales Fuegos representan por sí solas, además, la capacidad para moldear las páginas en en función de los efectivos, ampliando o reduciendo las plantillas, las necesidades del lugar e incluso adaptando las instrumentaciones hasta el punto que en la actualidad no se conoce manuscrito original de estas dos composiciones universales.

Michael Thomas, compositor, violinista y director, ha volcado toda su experiencia hacia el repertorio barroco siendo uno de los invitados con regularidad de la JOBA como en el concierto pasado. En este último concierto el músico inglés abordaba un repertorio dado a la teatralidad, el efecto y por extensión la idea de pompa y solemnidad. Dibujó dinámicas llenas de contrastes entre los tiempos lentos frente a las agilidades y brillos para los tiempos animados. La plantilla orquestal dispuesta demostró el altísimo nivel técnico de las distintas secciones, empezando por el trío de maderas formado por la contrafagotista Irene Camacho y los excepcionales oboes de Francisco J. Álvarez y Luis M. Alberjón, ejemplos de empaste junto a las no menos interesantes secciones de cuerdas, que destacaron tanto en la densidad de la emisión como en la solidez de la misma. Mención aparte merece el apartado de los bronces, con el sexteto de trompas y trompetas, que lograron resaltar la rotundidad y solemnidad de estas dos partituras.

Tanto Thomas a la batuta como los profesores de la JOBA dibujarían una Música Acuática con especial atención a los acentos, como ejemplificó la Obertura a la francesa de apertura en contraste al delicado air o el sólido Hornpipe de cierre. El color destacó especialmente en la interpretación de la suite nº 2. Para los Reales Fuegos el tono animado y ágil se impuso gracias al gran trabajo firmado por las secciones, especialmente el timbal de Sergio Llamas y los bronces.