Abel Azcona es uno de los grandes de la creación contemporánea española: desde la performance, la instalación, la escultura, el videoarte, la pintura y la escritura, lo suyo es provocar, mover, conmover, remover. Las obras son características por su cariz político y autobiográfico, donde reflexiona sobre la identidad personal, los límites del dolor y la crítica global. Está hoy en La Casa Amarilla para mostrar su nueva obra y su propio cuerpo en ocho piezas con las que quiere reflexionar sobre su sobreexposición y sobre la prostitución, no solo suya y de su madre (inspiración de muchas de sus creaciones), sino también del arte contemporáneo y todo lo que implica. Se titula Mercancía.

¿Es fácil resistir la tentación de no terminar convertido en una mercancía de sí mismo, resistir la tentación del mercado?

Éste es el enfoque de la pieza que se estrena. Lo de mañana [por hoy] es un poco mea culpa porque voy a realizar ocho piezas donde mi cuerpo vuelve a estar presente. He decidido volver a ponerlo y a hacer una reflexión sobre mí mismo. Por mi experiencia vital, marcada por el abuso, el maltrato, la prostitución de mi madre y por un montón de sucesos, he sobreexpuesto mi cuerpo y de alguna forma me arrepiento, porque todo eso se ha utilizado contra mí, como,por ejemplo, todo lo relacionado con mi enfermedad mental...

Hizo pública su intimidad.

Es que siempre he tenido la idea de que mi vida y mi obra eran lo mismo. Nací en un ámbito de prostitución donde mi madre consumia heroína conmigo en la tripa y no me quería tener; además, en una Navarra católica y apostólica. Esta pieza es una pequeña reflexión sobre toda esta sobreexposición y sobre la propia prostitución, no solo de mi madre y mía, sino también del arte contemporáneo. Mi idea, desde un espíritu crítico, de reflexión y provocación, es poder, en una ciudad como Málaga, que está artísticamente en auge, exponer mi arte y mi cuerpo totalmente anestesiado en lugares como la Plaza de la Constitución. Tiene un sentido muy potente.

¿Sigue prefiriendo a artistas en las cárceles que a creadores cómodos en sus estudios, como dijo en una ocasión?

España es un sistema en el que actualmente hay creadores en la cárcel únicamente por crear. Ahora mismo, tiene 15 artistas condenados por cantar y por crear obras, cifra por encima de países como Corea del Sur o Irán. Y esto es algo a denunciar. Creo que si un artista cómodo que está en su despacho no se posiciona, ni se implica, ni roza los límites impuestos por este tardofranquismo que tenemos no es artista contemporáneo ni es nada. El arte es una herramienta de provocación y de política.

¿Aún es afiliado de Vox?

Me afilié a todos los partidos políticos para hacer una pieza artística. La expuse en Suiza por el tema del blanqueo del dinero y mostré todos los carnés de los partidos políticos. De los 42 partidos, me han expulsado todos menos tres, que me siguen pasando cuota: Ciudadanos, PSOE y Podemos.

¿Qué le diría a quién opina que trata de provocar a alguien fácilmente provocable, esos sectores más conservadores de nuestra sociedad?

Me da bastante igual. Creo en un arte provocador, transformador, en entrar en una galería y no salir igual de como has entrado. Del arte performance no te olvides. Es una forma de hacer arte generosa y con mayor implicación, si esto conlleva ser tildado de provocador pues sí, probablemente la provocación sea necesaria en el arte contemporáneo.

¿Hay algo que le haga sentirse provocado, molesto, acabado, del mundo y del arte actual?

A mí España me provoca muchos ardores de estómago. Desde la ley de Amnistía seguimos en un tardofranquismo en el que no se ha hecho lo que sí se ha hecho por ejemplo en Chile. No considero que estemos en una situación política democrática porque hay artistas en las cárceles y perseguidos y esto evidentemente me jode. También me jode la comodidad de los artistas, pero creo que está cambiando porque cada vez hay más arte que trabaja con el cuerpo, haciendo arte político.

Si no lo terminan deteniendo nunca, ¿sentirá que ha fracasado como autor?

Me han detenido muchas veces. Ahora mismo he tenido hasta 7 querellas judiciales entre Vox, Fundación Francisco Franco, Hazteoír, Abogados Cristianos y otras asociaciones de ultraderecha. Si tengo que acabar en un tribunal o en una prisión y es parte de la obra, pues lo haré.