Hace 33 años que Faemino y Cansado ofrecieron su primer espectáculo. Ahora, tras el parón por el covid, han retomado una nueva gira con su show 17 veces, que representarán el 2 de octubre en el Teatro Cervantes. Javier Cansado es una de las patas del dúo cómico. Atiende la llamada tras cumplir con una tradición de cada semana: ir al supermercado.

Los jueves es el día de los estudiantes para salir. ¿Y para los artistas que actúan el fin de semana es día de compras?

Mi mujer cocina y mis hijos no hacen nada, así es la vida. Como me voy de viaje voy a comprar para dejarles comida. Y para más inri, que me doy cuenta que ya esta expresión casi ni utiliza, cuando vuelvo el domingo ya no queda nada. No me dejan nada los cabritos.

Con el covid ha perdido el gusto y ha dicho que está ahorrando mucho dinero en vino.

Es una secuelita, pero ahora me encanta lo que me gustaba muy poquito. He vuelto a las andadas de ser de barrio y pobre, me encanta la tortilla francesa, soy feliz. Y he descubierto un vino, Finca de la Estacada, de Tarancón, que vale tres euros la botella, y me encanta.

Estuvo ingresado por el covid. ¿Se tambaleó su firme convicción de no retirarse nunca?

Lo pasas muy mal psicológicamente. Y ahora físicamente estoy tocado. Tengo que ver cómo respondo durante el verano, pero quizá tenga que espaciar mucho los viajes y trabajar menos. Me lo paso muy bien y no quiero jubilarme, pero estamos mayores.

¿En qué lo nota?

Empiezo a notar que ya me molestan cosas de viejo. ¿A mí qué más me da que la gente lleve tatuajes? Pues es algo que ya me empieza a molestar. Me pasa que ya no entiendo las cosas que hacen las generaciones siguientes, hasta hace nada me creía parte de la vanguardia social y ahora es que hasta me agobia que haya mucha gente cuando voy por la acera.

¿Cuál es el secreto para seguir calando entre el público?

Es una de las dudas que tengo siempre, lo de si seguimos llegando, pero sí que noto que estamos vigentes y tenemos fuerza. Trabajo también en el programa de televisión Ilustres ignorantes, y ahí te das cuenta de quién se ha quedado atrás por el tipo del discurso. Faemino y yo estamos en el día a día, sabemos lo que pasa. No nos hemos olvidado que hay que evolucionar.

¿Qué es lo más difícil para llegar a los jóvenes?

Están acostumbrados al estímulo-respuesta. No soy contundente. Pepe Colubi es capaz de condensar un chiste en una frase. En mi caso busco desarrollo, no soy de exámenes tipo test.

¿Las ideas para sus shows se le ocurren montando en bici o planchando de madrugada para ahorrar luz?

Siempre fui de dar vueltas por el salón de mi casa. Tengo la idea ahora en mente de escribir dos series, espero cerrarlas en verano. Mi vida es austera, me levanto a las seis de la mañana, y a las diez o las once estoy en la cama. Ya lo llevaba mal en los ochenta por salir de marcha, mis biorritmos son así. Lo que me parece acojonante es que haya pegado un subidón tan tremendo y que traten de argumentarlo. Que digan: sube la luz y punto.

¿Ha podido hacer todo aquello que quería cuando se fuera retomando la normalidad?

Tenía muchas ideas, como todos, pero ahora que puedo hacerlo no me apetece. Decía en el hospital que tendría que reconciliarme con la gente, pero nada más salir ya pensé: ¡que les den por saco! O tenía el plan de abrazarme y ver a la familia, pero este domingo se reúne un montón de familia y no voy a ir. Ahora que lo pienso tantas ganas no tenía. Podría hacer el esfuerzo de ir pero me da pereza.