Aunque la actividad de la Filarmónica de Málaga tuvo un prólogo extraordinario días pasados, y con la cancelación cancelación del primer concierto de la Joven Orquesta Barroca de Andalucía prevista para mediados de este mes, la temporada comenzaba oficialmente este pasado jueves de la mano del titular del primer conjunto José María Moreno.

Por delante quedan más de setenta citas asentada en una programación que pretende seducir a todos tanto en temporalidad, como representatividad. Entre las muchas novedades destaca especialmente la vuelta de la música contemporánea con obras de estreno encargo de la Filarmónica y páginas que como ya ocurriera la temporada pasada será la primera vez que las aborde el conjunto.

Tres escuelas y tres autores protagonizaron este primer abono donde el maestro Moreno ha querido centrar la atención en la evolución de la forma dando así contexto a las nuevas corrientes, el abono pasado de la mano del compositor malagueño Alejandro Cano, junto a la pulcritud de la forma representada por Saint-Saëns y los nuevos horizontes planteados por el sinfonismo de G. Malher y la escuela vienesa.

Sin la pretensión de conformar un paisaje sonoro, Alejandro Cano aborda en Il Duero un estudio de la tímbrica desde la perspectiva orquestal para lo que dispone de distintos motivos que van evolucionando a lo largo de la interpretación para confluir en tensión y dinámica hasta una cima protagonizada por los metales de la OFM que preludian la conclusión de la página.

Solista de la Oviedo Filarmonía el asturiano Gabriel Ureña, chelista de reconocido prestigio dentro y fuera de España, fue el primero de los solistas que irán pasando a lo largo de toda la temporada en los programas de la OFM. El chelo de Ureña destaca por la claridad en el ataque y el fraseo que determinan una sonoridad propia que en páginas como el concierto para cello de Saint-Saëns destacan especialmente porque al ser concebido en un sólo tiempo obligan al solista y al conjunto a un constante entendimiento en cuanto a sonoridad y tensión dramática. Destacar los matices cristalinos del tiempo central y la agilidad técnica con la que Ureña resolvió la sección final del concierto.

Tras una breve pausa técnica la batuta de Moreno y una amplia plantilla orquestal dispuesta por la OFM abordaron la mítica Quinta de G. Malher y que ya llevaron al estudio de grabación con motivo del treinta aniversario del conjunto sinfónico. De la interpretación pasada destacar la fragilidad de la primera parte que fue evolucionando en seguridad hasta llegar la scherzo con una más definida coherencia interna y dotada de sentido al abordar el adagietto y rondo finale. De la interpretación del maestro Moreno sobresale el gusto por los detalles contextualizados en tempis ágiles. Tampoco es posible ignorar el trabajo de los atriles solistas encabezado por la concertino, trompeta, trompas o el gusto destilado por el arpa en el conocido adagietto.