Emilio Prados Such (Málaga, 1899- Ciudad de México, 1962) fue muchos pero uno solo: el jubiloso andaluz de la revista Litoral, el cazador de nubes (en definición lorquiana), el ardoroso combatiente, el poeta comprometido, interesado por el surrealismo bretoniano en lo que tiene de compromiso social y político y el poeta del exilio que, en México, oyera la voz de Dios. Fue Prados «un poeta de la muerte», como le consideró María Zambrano, responsable de una lírica filosófica tan inspirada en el romanticismo alemán como en el cancionero popular. Murió en el exilio, como tantos autores de su generación. Hoy, su tierra («El mar por mí ha nacido / y al sol del mar mi soledad se acoge») sigue dando pasos para acercarse a él, y el de ayer fue uno de los importantes: la exposición Emilio Prados. El mar de la nostalgia, un imponente stock para adentrarse en la vida y la obra de uno de los grandes de las letras españolas diseñado por Fundación Unicaja e inaugurado ayer en el Centro Cultural de la citada entidad (Palacio Episcopal).

Para no olvidar a nuestro cazador de nubes

Porque aunque su nombre, Emilio Prados, no sea ni mucho menos desconocido para sus vecinos, lo cierto es que su vida y su obra sigue siendo «secreta», en palabras de Eva Díaz Pérez, directora del Centro Andaluz de las Letras y comisaria de la exposición.

Para no olvidar a nuestro cazador de nubes

El hilo conductor de la exhibición es «el mar de Málaga, que Prados llevó en la memoria toda su vida, y que está presente en fotografías, en poemas e incluso en el paisaje sonoro», según la comisaria.

Para no olvidar a nuestro cazador de nubes

Se trata de una «invitación a adentrarse en la vida y obra de uno de los grandes poetas del 27, y probablemente sin embargo el más desconocido, porque casi nunca aparecía en las fotografías, pero siempre estaba allí», resaltó Díaz Pérez, para quien la muestra «reivindica que Málaga fue la gran capital de la Generación del 27, porque Prados, junto a Altolaguirre e Hinojosa, con la revista Litoral y con la Imprenta Sur, hizo mucho por la Generación del 27, porque aquí se imprimieron los primeros poemarios de la Generación, con una conciencia histórica impresionante». El mar de la nostalgia, inaugurada por la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico, Patricia del Pozo, y el presidente de la Fundación Unicaja, Braulio Medel, cuenta con paneles explicativos de su vida y obra junto a materiales originales como primeras ediciones, cartas, manuscritos, periódicos, revistas y fotografías. Más de sesenta piezas nutren la muestra, procedentes de diversos archivos e instituciones como la Residencia de Estudiantes, el Centro Cultural Generación del 27, la Biblioteca Virtual de la Provincia de Málaga (Legado Temboury), el Archivo Manuel de Falla, la Biblioteca de Andalucía, el Archivo Municipal de Málaga, el Archivo Histórico Fotográfico del Instituto de Estudios de Cataluña, la Fundación Salvador Dalí-Gala y la Fundación María Zambrano, entre otras. Como curiosidad, el Centro Cultural Fundación Unicaja permite al visitante asomarse al pequeño apartamento de Prados en México, donde conservó una colección de recuerdos marinos, como caracolas, estrellas de mar o arena de las playas de Málaga.

Emilio Prados. El mar de la nostalgia, realizada en colaboración con la Fundación Unicaja, la Residencia de Estudiantes y el Centro Cultural Generación del 27, se podrá ver hasta el 30 de noviembre.