Algo como esto sólo puede ser considerado un acontecimiento editorial de primera magnitud: toda la poesía de María Victoria Atencia, del primer verso hasta el último, reunida en un solo volumen y a un precio irresistible (16 euros). 'Una luz imprevista' es el título de la antología, al cuidado de Rocío Badía Fumaz y avalada por uno de los grandes sellos de referencia de las letras en español, Cátedra. Además, todo ha sido supervisado al detalle por la malagueña. Y llega a las librerías cuando la autora cumple nada más y nada menos que 90 años, nueve décadas de serenidad, fervor por la palabra y emoción callada.

El lanzamiento supone un importante colofón al gozoso reconocimiento que la obra de Atencia está experimentando en los últimos años. Justo los que iban a ser de soledades irreparables y tristezas sin fondo para la escritora de La Malagueta: decía tener sólo «media vida» tras la muerte de su compañero de vida durante 60 años, Rafael León, -»mi maestro en tantas cosas y en particular en mi vida literaria»-. Pero aquello que lo remeció todo por completo ha terminado resultando el amarguísimo prólogo a una etapa repleta de reconocimientos y parabienes -el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, la Medalla de Honor del Instituto de Academias de Andalucía y el nombramiento como Autora del Año por la Junta de Andalucía coincidieron sólo en 2014; también fue Premio Real Academia Española-, que, como siempre, María Victoria Atencia acepta gustosa, humilde y con esa timidez que los que no la conocemos íntimamente nos resulta tan magnética.

Cátedra celebra los 90 años de María Victoria Atencia reuniendo toda su poesía

'Una luz imprevista' reúne todo lo escrito por María Victoria La Serenísima, como la llamaba Jorge Guillén, desde aquel 1961 hasta su más reciente producción; versos esenciales que María Zambrano consideró «la perfección, sin historia, sin angustia, sin sombra de duda». Cuando la Real Academia Española la distinguió, en 2015, por su libro El umbral aseguró que la palabra de Atencia «conjuga la modernidad expresiva con un intenso aliento lírico nacido de una voz poética profundamente original». O lo que es lo mismo: a sus 90 años esta mujer sigue siendo un talento fresco, vivo, con cosas que decir y hacer sentir. Nueve décadas en busca del objetivo más ambicioso pero humano de todos: «Que la poesía se haga verdad cuando la reciba otra persona».

La joven que dejó de pilotar tras la muerte en accidente de su profesor y el fallecimiento de sus padres y la señora que escribe sólo de madrugada, siempre y cuando la poesía se acerque a su mesa. Están todas en Una luz imprevista, condensadas en unos «versos sencillos y nobles» (Jorge Guillén dixit).

Dice la malagueña que la poesía «debe salir desde lo más profundo y expresar lo que no se conoce, lo que se quiere adivinar y entrever». El poeta como alguien que busca a tientas algo que ni siquiera sabe lo que es; el poeta como alguien que lo único que sabe de sí mismo es que busca. A ciegas, pero no exactamente en la oscuridad: «Preferiría que se hablase de un exceso de luz, y no de veladuras, en toda referencia a mi poesía. Quizás la poesía no sea más que un modo de substitución por correspondencias personalmente halladas y de las que se espera una mayor luz hacia dentro y hacia afuera; de las que se espera un valor transcendido», confesó una vez. En todo caso, ella, La Serenísima, lo que siempre ha hecho es volar por todo aquello que «tiene el misterio de una luz imprevista».