¿Un país con tu nombre es una historia de amor, de amistad. ¿Qué entiende usted por amor?

El libro es un pequeño planeta en el que circulan varias historias de amor, entre humanos y también entre humanos y animales. Hablo del amor más como energía y como fuerza que empuja a la historia. No me interesa el enamoramiento, el amor romántico, sino el amor en letras mayúsculas, el amor como bálsamo, aquello que hace que la vida tenga más sentido.

¿Necesitaba la escritura como bálsamo?

Sí, no tanto por el tiempo de odio y locura que vivimos, sino por de dónde venimos. Ha sido una época muy compleja para todos y creo que tocaba escribir e ir un poco hacia adelante. Para mí el presente ha sido doblemente difícil, no solo por la pandemia, también por la pérdida de mis padres durante la pandemia. Me planteé cómo íbamos a salir, con qué mirada íbamos a hacerlo, y he visto un tiempo para que todos se replanteen qué quieren hacer después, cómo podemos cambiar nosotros la forma de mirarnos, de tratarnos y de querernos.

¿En qué momento de su vida la veleta giró y lo cambió todo?

Un 2 de agosto, el día en que fuimos a Urgencias y me dicen que mi madre tiene un melanoma en fase 4, sin solución. Ahí se me rompe la vida y gira la veleta.

¿Si la veleta no gira hay que forzarla para que lo haga?

Sí. Ese es uno de los grandes misterios de la vida, porque en realidad la veleta gira cuando es mejor para uno, lo que pasa es que no siempre lo sabemos. Cuando quieres que gire la veleta te arriesgas a tomar una dirección que no es la más fácil. Tenemos esa tendencia a creer que lo controlamos todo, incluso la veleta de la vida, y no es así.

La vida no deja de jugar con nosotros.

La vida juega y nosotros tenemos esa sensación de que como somos todopoderosos podemos con ella, y ahí nos equivocamos.

¿Escribió desde el dolor, como ejercicio de supervivencia?

He creado el libro viviendo el dolor, he intentado disociar mi situación personal de mi historia creativa. No siempre ha sido fácil porque vivir la agonía de alguien a quien quieres tanto es muy complicado. No sé si es una virtud o un defecto, pero las situaciones difíciles y lo que normalmente se vive como un horror suelo transformarlo en una ocasión para algo, como una puerta que se abre hacia algo desconocido, con una luz nueva.

Los protagonistas de su novela son Jon, cuidador de elefantes en un zoo, y Edith, viuda que vive con sus once gatos. Ambos son los únicos habitantes de una aldea abandonada. ¿Qué les une?

Una edad invisible. Los dos tienen edades (76 y 59 años) que en hombre y en mujer te dan invisibilidad. En el caso de Edith es su segunda invisibilidad, porque la primera es a los 50 y la segunda, a los 70. A mí la invisibilidad, tanto creativa como personal, me parece una bendición, porque ser invisible significa que no te ven, que no estás bajo la mirada de nadie, y eso te hace libre, porque puedes hacer lo que quieras y ser realmente quien quieras. Jon y Edith también están unidos por el arquetipo de cada uno. Ella tiene esa cosa materna, es muy cuidadora, y Jon es muy huérfano y está muy dispuesto a dejarse ayudar. Los dos tienen personalidades muy complementarias. La vida les encuentra con una situación inesperada que los enfrenta a la posibilidad de cumplir un sueño que creían imposible.

¿Por qué le gustan los protagonistas mayores, de 70, de 80 años?

Porque tienen mucho que dar, son muy generosos, están muy trabajados y tienen mucha vida detrás. Les puedo sacar mucho y tienen además mucho sentido del humor. Además saben reconocer lo que les falta. Saben que en algún momento se van a morir, tienen esa conciencia de que hay que aprovechar lo que les queda de vida, y quieren jugar, conmigo.

¿Qué pierde quien no se abraza a los sueños?

Hay vidas que no sueñan, y me parece una pena, porque se pierden la vida. Y pasar por la vida perdiéndose la vida es un sinsentido. Hay que arriesgar, jugar. Ganarás o perderás, pero habrás jugado.

¿Con qué sueña Susi, la elefanta?

Sueña con salir de esa cárcel del zoo y la llevemos a un santuario para que deje de mirar como mira.

¿Renunciaría a los premios que ha obtenido para lograr el cierre de todos los zoos del mundo?

Por supuesto, a los premios que tengo y a los que pueda tener.

¿Qué podemos aprender de los animales?

A querer sin miedo, a confiar.

Usted lleva años luchando por un mundo más sostenible. Tal y como está el planeta, ¿aun confía en la victoria?

Respondiendo de un modo políticamente correcto te diré que aun hay esperanza, pero yo no soy un gran «confiador» en la condición humana. Si de nosotros depende no vamos a llegar a ninguna parte.

¿Cuál es su país soñado?

Un bosque en el que poder vivir, pero como parte del mismo. De hecho he decidido construirlo, no ir a buscarlo. He alquilado un campo inmenso, en la provincia de Barcelona, y en esas estoy, creándolo. Vivo en una aldea muy parecida a la de Edith y Jon.