Alejandro Alvarado es un documentalista experto, amén de un investigador audiovisual de primera. Su tesis doctoral 'La postcensura en el cine documental de la Transición' expone y analiza numerosos casos para despertar a todos aquellos que crean que la condena a Valtonyc por injuras y calumnias a Juan Carlos I y los juicios a blogueros, humoristas y dibujantes por memes, posts y viñetas en publicaciones y redes sociales son el resultado de un caldo de cultivo reciente. Alvarado se detiene en un caso muy especial, el del documental Rocío, de Fernando Ruiz Vergara: fue la primera película secuestrada judicialmente tras la llegada de la Democracia. Aún hoy, 40 años después, sigue censurada por orden del Tribunal Supremo. A su autor le costó la carrera (no filmó nada más) y, dicen, que también casi la vida. El malagueño y su inseparable Concha Barquero no sólo se han propuesto rescatar su historia en 'Un film de Fernando Ruiz Vergara', sino que la investigación le ha llevado por una más que interesante carretera secundaria: 'Descartes'. La cinta acaba de ser seleccionada por el prestigioso Doclisboa.

«En 2016, una búsqueda acudimos a la Filmoteca Española en busca de información para una investigación sobre 'Rocío'. Entre los materiales depositados en sus almacenes se encontraban 260 rollos de negativo de 16 mm. Eran los descartes del montaje, metraje que quedó fuera de la versión final. Las imágenes olvidadas de una película prohibida que cobran vida en la pantalla después de 40 años», comentan los creadores, responsables del multipremiado Pepe El Andaluz. Se trata, por tanto, de un acto de justicia más que poética, un verdadero ejercicio de cine para la libertad.

Fotograma de 'Rocío'. L. O.

Pero, ¿qué tenía 'Rocío' para ser objeto de un escrutinio tan cruel? Es una mirada antropológica, lejos de folclorismos y devociones, a la romería y sus alrededores, dirigido por Ruiz Vergara y escrito por Ana Vilar. ¿Qué hay en sus imágenes que soliviantó tanto como para el secuestro judicial? Ruiz Vergara se refirió sin tapujos, a la represión en Almonte tras el golpe militar de 1936, que dejó cien víctimas, «99 hombres y una mujer». Con un responsable máximo, según el autor: José María Reales Carrasco, terrateniente y exalcalde de la localidad. El escándalo fue monumental y el largometraje terminó en el Supremo: cárcel y multa para el director (que se autoinculpó para eximir de toda responsabilidad al vecino que acusaba directamente a Reales Carrasco en la película); según la sentencia, «no es atinado avivar los rescoldos de esas luchas». Aunque la película se reestrenó en 1985 (con los fragmentos más peliagudos suprimidos, con una pantalla en negro con la leyenda Supresión por sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo del 3.4.1984), el cineasta quedó tocado y hundido: se exilió voluntariamente en un pequeño pueblo de Portugal, donde falleció en 2011, dejando un par de guiones que nunca llegaron a salir del cajón.

Alejandro Alvarado y Concha Barquero. L. O.

Alvarado y Barquero (pareja creativa y sentimental, como lo fueron Ruiz Vergara y Vilar) viajaron a la aldea lusa donde Ruiz Vergara pasó sus últimos años. «En la historia de Fernando hay mucho dolor, no sólo el que ya sugiere su destino, sino el que nosotros mismos sentimos en su compañía», aseguran los cineastas en una entrevista con CTXT, y apuntan: «Hay una frase muy bonita que daba título a la retrospectiva de 2016 que Filmoteca y el Reina Sofía dedicaron a la pareja Straub-Huillet: Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas pero olvidadas. Esas palabras son sencillas, potentes y auténticas, quizás lo más subversivo sea eso, colocar en su sitio lo que estaba olvidado». Ése es el objetivo final de 'Un film de Fernando Ruiz Vergara', y también de 'Descartes'.