Finalmente libres de las restricciones en los aforos, el Teatro Cervantes recuperaba el pasado viernes el ambiente previo a la pandemia protagonizando nuevamente el tercero de los abonos de la recién comenzada temporada de la Filarmónica. La OFM regresaba de la mano de su titular con un programa que animó a no pocos aficionados para un concierto que tenía todos los alicientes para no pasar desapercibido. En los atriles dos perspectivas sinfónicas representadas por R. Wagner y la escuela alemana, y por otro el sinfonismo ruso de la mano del último posromántico S. Rachmaninov. Y en el corazón del abono el Stradivarius de Esther Yoo que hacía su debut en Málaga de la mano de M. Bruch.

Las pasiones carnales frente a lo espiritual protagonizan las tensiones dramáticas que centran la atención de Wagner en su ópera Tannhäuser que sin ser aún el modelo de drama per música que se descubre en El oro del Rin si aparecen en cambio motivos que a modo de recordatorio poseen un carácter cíclico que en la obertura adquieren una independencia musical próxima a lo que podría ser un poema musical. En el centro aparece el motivo del arrepentimiento motor que genera todas las tensiones internas de la partitura. La versión ofrecida por el conjunto sinfónico con su titular en el podio se caracterizó por el empaste del conjunto en general y de las maderas y metales en particular refrendado posteriormente en el gran plato fuerte de la velada.

A caballo entre el Concierto para violín de Mendelsohnn y la premonición de la gran página brahmsiana, el Concierto nº1 de M. Bruch volvía a los atriles de la Filarmónica de Málaga de la mano de la reconocida estadounidense Esther Yoo. Yoo volvía a hacer gala del equilibrio entre técnica -incontestable- e interpretación. A lo largo de los tres tiempos que articulan la obra Yoo hizo alarde por un lado, de la seguridad que muestra ante las cuatro cuerdas, y por otro, de una sensibilidad que dió sentido de unidad y desarrollo dramático a lo largo de toda la interpretación. De la introducción del allegro inicial que funciona como pórtico al ánimo frágil del adagio Yoo se inclinó por dibujar una lectura lírica que en el final trasmutó en un ejercicio que lejos de las consabidas piruetas virtuosísticas buscaba la unidad artística junto a la complicidad de las cuerdas de la OFM especialmente inspiradas en el encuentro pasado.

Tras una breve pausa técnica el segundo trabajo sinfónico de S. Rachmaninov centró la atención en lo que fue una lectura equilibrada tanto en emisión como en desarrollo y con un José María Moreno-titular de la orquesta- ciertamente iluminado en cuanto a la idea cíclica que atraviesa esta sinfonía. De la oscuridad del tiempo inicial la sinfonía fue evolucionando con claridad expositiva, inspiración en maderas, color en los metales y densidad entre las cuerdas destacando la profundidad de violas y cellos. En el conocido adagio batuta y orquesta volvieron a hacer gala de gusto musical para encarar el allegro conclusivo con cierto exceso de rotundidad que admite la sala de conciertos y que con toda probabilidad cuestiona el estudio de grabación.

Málaga. 16-10-2021. Teatro Cervantes.

Dirección: José María Moreno.

Programa: Tannhäuser (obertura), WWV70, de R. Wagner; Concierto para violín y orquesta en Sol menor, op.26, de M. Bruch y Sinfonía nº 2 en mi menor, op. 27, de S. Rachmaninov.