El Centre Pompidou Málaga acoge desde ayer las obras de la artista francesa Sophie Calle, una creadora que a partir de su intimidad ha creado una obra absolutamente universal y cercana. La exposición se podrá visitar hasta el 17 de abril. 

Calle, creadora multidisciplinar, conceptual, fotógrafa y videoartista, condensa en el Cubo cuarenta años de creaciones, también cuatro décadas de existencia. En la exhibición están presentes, por ejemplo, Douleur exquisite (Dolor exquisito, en español), en la que narra la ruptura con su amante durante un viaje a Tokio a través de fotos y textos; o No Sex Last Night (Sin Sexo Anoche), una película de 1992 con la participación de Greg Shephard, con quien tenía una relación amorosa que entonces estaba acabando. Son piezas que retratan sin pudor peripecias personales que, sin embargo, logran implicarnos a todos. 

La temática recurrente en sus últimos trabajos es el duelo por la sucesión de pérdidas de seres queridos, así como la ausencia, la pérdida, la desaparición y el dolor. Sus experiencias personales las ha plasmado en sus piezas audiovisuales Aujourd’hui ma mère est mort (Hoy mi madre ha muerto); Pas pu saisir la mort (No he podido captar la muerte) o Souris Calle, de 2018. En ellas aborda los fallecimientos de su madre, su padre y su gato Souris.

Calle se refirió ayer al vídeo de la muerte de su madre: «Hice un trabajo filmando la muerte de mi madre durante cien horas. Cuando enseñé esto en la Bienal de Venecia, vi a mi madre morir sin parar, pero el hecho de querer fabricar algo me hacía tomar distancia, no era mi madre muriendo, era una película», aseguró ayer la parisina. «Cuando terminé la película, no podía ni entrar en la sala, porque no quería verla morir, pero durante el tiempo que fabricas esto, cambia la mirada. Es lo que me pasa cuando hablo de momentos personales. Hay cosas reales y ficción, no invento ninguna situación, pero es una ficción».

Su proyecto más reciente es el mencionado Souris Calle. Las imágenes las filmó mucho antes de que éste falleciera y cuando parecía lejana su muerte; constituyó un archivo con sus vídeos y escribió un texto que lee mientras se suceden las piezas. Entre las grabaciones se puede ver a Souris masticando un gato de peluche, unos de los animales muertos con los que convive la artista en su casa. « No hay nada vivo en mi casa, ahora vivo en un cementerio». Tiene alrededor de 100 animales disecados en su vivienda, entre los que se encuentran tigres o jirafas, y aclara que tomó la decisión de dejarlos así porque no puede tenerlos vivos, y que además les da el nombre de sus amigos, «es como tener una familia grande, me gusta» explica. Dice que no pudo disecar a su gato. «Tampoco a mi madre ni a mi padre», reía.  Calle también pidió a cuarenta músicos que crearan canciones de homenaje a quien le había acompañado durante dieciocho años, que se pueden escuchar en un disco de vinilo y también en Spotify,

«No sé si el arte me ha salvado, porque no sé dónde estaría sin él», reconoce Calle, que asegura que no hace estas obras «para estar más feliz», pero sí siente que crearlas es «una necesidad». La propia creadora francesa admite que estas obras le permiten «tomar distancia con sentimientos o situaciones difíciles», al tomar una cámara y ser también espectadora. 

Pero no sólo hay autoficción en el corpus artístico de Sophie Calle. Christine Macel, jefa del departamento de Creación Contemporánea y Prospectiva del Pompidou de París y comisaria de la exposición, quiso destacar ayer L’Hotel, la serie de obras creadas cuando fue contratada en Venecia como camarera de piso en un hotel y «espió las huellas que dejaban los huéspedes en las habitaciones»: «Se sucedían muchas personas en una misma cama, y espiaba a esas personas mientras dormían, con la idea de acercarse al otro, pero siempre manteniendo una distancia, como si quisiera penetrar en la intimidad de los demás y establecer una relación», argumentó la comisaria.