Los dos se iniciaron en la música a los 17 años. Ambos responden con la misma rotundidad cuando aseguran que este mundo lo es todo para ellos. Dos generaciones distintas, pero una misma pasión: la música. Son Javier y Jassy Ojeda. Padre e hijo, ambos adictos al ritmo.

Javier Ojeda es uno de los artistas más reconocidos entre la cultura malagueña. Su paso por el grupo Danza Invisible marcó su trayectoria profesional y a toda una generación de los años 80 y 90. «Fuimos el grupo con el que han crecido todos los políticos que ahora rigen esta ciudad», señala el artista. Cuarenta años después, la banda sigue unida y defendiendo su sello distintivo sobre los escenarios, «algo insólito» en las bandas de la escena musical española, como bien remarca el cantante. Aún así, Javier Ojeda ha sabido forjarse una identidad propia y construir una carrera en solitario con la que lleva ya más de seis discos publicados.

Hoy es su hijo, Jassy Ojeda, quien ha decidido dar el paso y coger el testigo lanzándose al ruedo con su primer tema, Ya no estaré. Una canción que, según Javier, «todo el mundo por casa anda tarareando porque es muy pegadiza».

Padre e hijo se sientan juntos por primera vez para ser entrevistados ambos como músicos. Los ojos de Javier derrochan orgullo, y no tarda ni cinco minutos en remarcar que él no ha tenido absolutamente nada que ver en el lanzamiento musical de su hijo. «La plataforma discográfica, la edición, el videoclip… todo lo han hecho ellos, yo no he movido un dedo», asegura el artista, que no es capaz de borrar la sonrisa de su cara durante toda la entrevista mientras escucha hablar a su hijo.

Efectivamente, Jassy, con tan solo 17 años decidió lanzarse a grabar su primer tema y empezar una carrera musical independiente a la de su padre. Aunque lleva en la música desde pequeño -y en la sangre-, lo que le hizo dar el paso fue conocer a su amigo Rafa M.F. en las pruebas de acceso de la Escuela de la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga, donde estudia actualmente. Ambos empezaron a hablar y pronto surgió la conexión que les llevaría a juntarse en un estudio y empezar a experimentar hasta crear Ya no estaré.

A pesar de su temprana edad, Jassy tiene ya su propia productora, Producciones P.A.R., junto a su amigo Roberto Delgado, y se encuentra en proceso de descubrir si le atrae más el camino de la interpretación o de la música, o ambos: «Por eso estoy estudiando esta carrera que me permite tocar un poco todo. Pero lo que sí sé con seguridad es que será algo relacionado con el arte», garantiza Jassy.

Recién cumplidos los 18 años, Jassy acaba de debutar con un tema, Ya no estaré, mientras su padre lleva ya 4 décadas de exitosa carrera

«Eso es culpa del que está a mi derecha», bromea señalando con la cabeza a su padre. Sin embargo, ambos insisten en recalcar que en ningún momento Javier le presionó para que se convirtiera en cantante. De hecho, cuenta como, aunque alguna vez Jassy había colaborado haciendo algunas voces en un disco de su padre o subiéndose con él a algún escenario, durante un tiempo dejó de interesarse tanto por la música. Aunque, en el fondo, el cantante de Danza Invisible sabía que el tiempo de la música llegaría, y que solo tenía que esperar el momento perfecto. Ahora no se molesta en ocultar que está encantado con que su hijo haya decidido seguir sus pasos.

Los Ojeda son una familia unida, disfrutan pasando tiempo juntos, y son un gran apoyo los unos para los otros. Como a esta entrevista, a la que su madre y otros miembros de su familia han venido a acompañarlos. «Los conciertos de mi padre suelen ser algo muy familiar porque vamos todos a verle», cuenta Jassy.

Vida familiar

Javier no duda en responder con un rotundo «sí» cuando le preguntan si le fue sencillo conciliar la vida familiar con la de músico. «Mi mujer y yo llevamos juntos desde el 87, y siempre hemos sabido discernir cuáles son las parcelas de cada uno. Sé que todo el mundo piensa que es muy difícil por las giras, los viajes, las chicas... Pero en mi caso no fue así».

Aunque en el físico quizás no se parecen tanto, la genética en común se revela en la personalidad de ambos. «Tenemos muchos gestos y manías que son iguales, especialmente el humor que es exactamente el mismo», revela Jassy. «Sobre todo coincidimos en la pasión. En la manera de concentrarnos y ponernos a componer como locos», añade Javier. Los dos no tienen ninguna duda de que en caso de haberse conocido ambos con 18 años hubiesen sido amigos. «Mi círculo de amigos es muy similar al suyo. Gente muy divertida, creativa y de mentalidad abierta. Sus amigos cuando viene a mi casa lo flipan con lo divertido que es su padre», explica el cantante.

No obstante, aunque se parecen en personalidad, disienten ligeramente en cuanto algunos gustos musicales, como C.Tangana o «la música de ahora con tanto Autotune», como se queja Ojeda padre. Sí que comparten la pasión por el funk, el soul y la música latina. Eso sí, Jassy confiesa que no ha escuchado todos sus discos de su padre. «Se me hace muy raro oír a mi padre cantando, cuando ya le estoy escuchando todo el día», admite entre risas.

Javier Ojeda lo tiene claro: su hijo lo tiene mucho más complicado que él cuando empezó. «Por eso mismo los jóvenes compartimos la filosofía de que si no nos apoyamos entre los más pequeños no nos va a apoyar nadie», explica Jassy. Y su padre alaba la actitud: «Me encanta la mentalidad de esta gente joven porque no están buscando apoyo ni ayudas institucionales, están currando ellos desde abajo».

Como padre y cantante, Javier le advierte a su hijo que es un mundo en el que hay que sufrir mucho, pero sobre todo le aconseja que cante lo que sienta y a partir de ahí cree su estilo. «Yo creo que en la música es mucho más interesante el gusto o la pasión personal que aprender las técnicas vocales», confiesa Javier. Jassy, con las ideas muy claras a pesar de su edad, tiene claro que todavía está experimentando y tratando de encontrar su estilo. Lo encontrará, no les quepa duda, y su padre se sentirá orgulloso. Mientras tanto, Jassy seguirá escuchando a su padre cantando en casa, y Javier no dejará de tararear las melodías de su hijo.