Aunque haga quince años que no pise un escenario, Raúl Núñez nunca ha dejado de tocar ni decomponer, pues, desde que era pequeño, su guitarra siempre ha estado a su vera. El próximo día 7 de diciembre, en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia, junto a 12 «grandes artistas» (músicos que suelen colaborar con Pablo Alborán, Vanesa Martín, Chambao y Vicente Amigo), el guitarrista volverá a tocar ante un público para presentar su primer álbum, Contigo. «Yo he estado en mi planeta, en mi mundo, pero llegó mi momento y decidí hacer este álbum como muestra de amor a mis dos niños. Para que el día de mañana tengan un recuerdo de su padre y de lo que hacía», dice.

Después de quince años, ¿por qué ahora?

Tenía mis temas hechos, maquetados, pero una noche, estando con un amigo, sentí que había llegado el momento. Rápidamente llamé a un productor musical, le presenté el proyecto, le gustó y empezó todo. Eso sí, le dejé muy claro que yo esto no lo hacía por dinero, sino que lo hacía por amor, por el amor que siento haca esta ciudad. Por eso tuve clarísimo que quería a músicos de aquí, ya que hay un gran nivel.

¿Cómo eligió el repertorio?

He querido plasmar los temas que, de alguna manera u otra, me han marcado en la vida porque me han acompañado en los momentos buenos, malos, felices o tristes. Si tengo que destacar algunos, los de mis dos niños, Mi niña y Parte de mí, porque no hay mayor sentimiento que el amor hacia un hijo. Otro muy especial es Sueños encontrados, que compuse por mi niñez, cuando quería ser torero y guitarrista.

¿Artistas de referencia?

Hay tres artistas que han sido fundamentales en mi manera de expresarme y entender la música: Camarón, Paco de Lucía y Vicente Amigo. Su música me eleva a la máxima potencia en los momentos de alegría y me ha ayudado mucho a superar ciertos escollos que te pone la vida. En el disco hay una versión de Roma, de Amigo, y en el concierto tocará Zyriab, de Paco de Lucía.

¿Por qué tanto tiempo alejado de los escenarios?

Decidí no ir más de gira hace 15 años porque iba a nacer mi hijo, y quise orientar mi vida a la familia, a que mis hijos tuvieran a su padre a su lado, a verlos crecer. Pero la guitarra ha estado siempre a mi vera y nunca he dejado de tocar y componer. Me hace mucha ilusión el concierto, y aunque voy muy respaldado por gente que me quiere sí que siento la responsabilidad de un teatro lleno [las entradas se agotaron en tres días], porque al público hay que respetarlo.

¿Qué es el flamenco para usted?

Es sentimiento y una forma de vivir. El flamenco es como el torero, que cuando va andando eres capaz de reconocerlo por sus maneras. Y es que el flamenco tiene una forma diferente de entender la vida, una manera bohemia.

¿Y el amor por el flamenco se lo inculcaron sus padres desde pequeño?

El flamenco ha estado presente siempre en mi casa. Mi padre era muy camaronero y siempre me contaba que de pequeño jugaba con Camarón en la calle del Carmen de San Fernando porque eran de la misma quinta. Recuerdo que los domingos de ir a la playa eran siempre con música de Paco [De Lucía] o Camarón. De hecho, mis padres tenían un protocolo: siempre que íbamos a la playa y se empezaba a ver San Fernando de fondo en la carretera nacional, automáticamente mi padre ponía el casete y empezaba a sonar Camarón o Paco. Y ahora cuando voy con mis niños a San Fernando, a pesar de que son cero flamencos, se los pongo yo.