¿Le gusta el pequeño formato, usted que ha vivido de todo?

Me encanta. En estos tiempos hay que estar sentados, pero me parece que son conciertos agradecidos. Prefiero que la gente esté tranquila porque no es un concierto de saltar.

No publica en solitario desde el año 2017. ¿Está preparando algo nuevo?

Sí. Ya estoy en el estudio. He empezado a grabar para publicarlo en 2022. Después de Habrá que vivir, me puse a hacer Mesa para dos y luego ya llegó la pandemia. Hay ahí año y medio largo que hubo parón obligatorio para todo el mundo, pero mi cerebro es como que no lo cuenta. ¿Hace cuatro años que no publico? Bueno, quítale ese tiempo de pandemia.

¿Cómo va a ser el álbum?

Es mi rollo. Hago canciones a guitarras: acústicas, eléctricas, enchufadas, desenchufadas, de seis cuerdas, de doce... Con los materiales de siempre, guitarra, bajo, batería y un piano. No hay ningún golpe de timón fuerte. Quizá es un poco más acústico. Tengo una paleta de colores que utilizo desde hace muchos años y no se me queda corta. No pienso en hacer un disco electrónico porque no lo sé hacer.

¿Qué queda del Rubén Pozo de Pereza?

Quedan algunas canciones de aquella época que sigo tocando en directo. Creo que queda mucho. Se cambia, pero hay cosas que permanecen.

Un disco suele ir acompañado de una gira, ¿le agobia pensar que en 2022 todavía no se recupere por completo la normalidad?

A lo mejor está mal decirlo, pero para los acústicos, el formato con el público sentado lo veo perfecto. Es una putada porque el virus ha atacado a las grandes producciones y a grupos cañeros que meten mucha marcha. Muchos dicen «Rubén Pozo es rockero», pero tengo un alma de cantautor muy grande. Soy cantaurrock. Al hacer estos conciertos, me di cuenta de que mis canciones se sujetan a voz y guitarra. Les puedo meter caña y batería, pero si las toco así, tienen un mensaje. Están construidas de tal manera que si despejo la ecuación de la instrumentación y me quedo solo con una guitarra y una voz, esas canciones se sostienen. Espero que pase todo esto y que la gente se ponga de pie. Pero estos conciertos con la gente sentada me gustan.

¿Puede ser que el público atienda más así al mensaje de las canciones?

Sí. Es un momento para prestar atención a lo que cuentan las canciones. La gente lo está disfrutando, aunque es cierto que todos echamos de menos saltar en la primera fila. Bueno, yo no. Yo nací viejo. Cuando era joven, iba a conciertos cañeros y me sentaba en la grada. Soy bajito y no me gusta estar en primera fila y que me pisen o me tiren encima una copa. Además, delante se escucha fatal. Aun así, espero que vuelva esa normalidad más pronto que tarde.