¿Cómo es volver a visitar este personaje?

Me gusta que hayas utilizado esa palabra, visitar. Este es un proyecto de muchos años. Lo cogí con mucha necesidad porque el texto es un clásico. Por ello, viaja contundente y duro por el tiempo. La novela estuvo prohibida en la sociedad victoriana en la que vivió James Joyce. Esta obra está escrita para una mujer treintañera, la edad con la que interpreté a Molly. He adaptado el texto de Joyce a escena para poner el foco en lugares distintos. Pero lo que importa del texto es que nace de una mujer vieja, como yo [Ríe]. El texto es fiel al escritor, pero todo lo que dice, las emociones, los impulsos incontrolados, las contradicciones... Ahora son sentidas por una mujer mayor. Provoca algo completamente diferente, es otra ironía y otro humor. La mujer de este texto sigue en la misma situación. Está cansada.

¿Cómo ha cambiado la Molly de entonces? ¿En qué se ha centrado para la nueva adaptación?

La Molly de ahora es valiente y atrevida. Si Joyce dice «polla», yo digo «polla». Es una Molly sin filtros, con un pensamiento libre, sin control y sin fronteras.

¿Se siente igual que Molly? ¿Magüi Mira también se ha quitado filtros?

Cuando se cumplen años se amplía el paisaje y las prioridades cambian. El pensamiento es algo muy íntimo, es un tesoro para mí. Imagina si pudiésemos hacer un escáner del pensamiento de cada persona. Nos quedaríamos asombrados. Nuestro pensamiento es un tejido del corazón que nunca mostramos. He aprendido que con los años se ve todo mucho más claro. Las mujeres arrastramos el carro de la vida porque parimos. Las mujeres tenemos un pacto con la vida y eso está por encima de todo.

¿Si Joyce hubiese escrito la novela ahora, Molly qué sería? ¿Feminista, diputada, pionera o una heroína?

Creo que sería todo eso. Una heroína, una pionera. Ella está en una cárcel victoriana. Aunque todavía existen muchas prisiones en la actualidad. Por suerte, nosotras vivimos en el primer mundo. Sin embargo, todavía luchamos por causas feministas. Seguimos amordazadas en muchísimos lugares, con la lengua encarcelada.

Cuando la interpretó por primera vez en el escenario creó polémica. ¿Considera que las palabras de Joyce escandalizan hoy en día?

Creo que la palabra escándalo ya no existe. Ahora, las cosas no escandalizan, sino que son un revulsivo. Ahora, esas palabras de Joyce te llevan a la risa y te provocan preguntas.

Parece que ahora más que personas escandalizadas, hay ofendidas.

[Ríe] Sí. Diría que hay personas que están a la defensiva. Son provocadas por situaciones, pensamientos y ideas que no quieren contemplar porque modifican el poder. Ante eso, la ofensa aparece rápidamente. Molly dice que la política no sirve. La política como ciencia casi no existe porque ha sido sustituida por la ofensa. Hay gente que no quiere asumir que el mundo se mueve. El paisaje es otro y tenemos que ir a la par, juntos. Molly no quiere estar en la realidad que vive. Ella tiene un pacto con la madre naturaleza. En un momento de la obra, Molly dice: «Las mujeres tenemos demasiada sangre dentro y se nos desborda como el mar».

¿Corregiría alguna palabra o pensamiento de esa Molly de James Joyce? No deja de ser un hombre que se mete en los desvelos de una mujer.

Se supone que él se inspiró en Nora, su mujer, aunque nunca lo sabremos con certeza. Pero lo que importa es el personaje de Molly. Aunque es una contradicción constante, en realidad, tiene sentido cómo actúa porque nosotros al vivir nos sumergimos en la duda.

¿Cómo puede atraer una obra de Joyce al público joven?

Esta es la novela más destacada del escritor. Se atrevió a escribirla para llevarnos a la intimidad más secreta y más sorprendente del ser humano. Esta joya, que la gente joven nunca va a leer, les podría sorprender. Podría conmoverles y gracias a ella podrían entender mucho mejor la naturaleza del ser humano y, especialmente, la de la mujer. En la obra hay amor, ira, libertad y locura. Molly les podría acercar mucho a la naturaleza.

¿Por qué era el momento de recuperar a Molly?

Quería mostrar que las mujeres no hemos evolucionado tanto como el texto de Joyce. En su momento, la novela fue pionera, un escándalo. Todavía no hemos llegado a lo que el escritor propuso con este texto, no hemos llegado a lo que Molly desea. Volver a hacer este papel ahora, con una mujer de 77 años, le da otro valor. Hace saltar las alarmas. «Señores, hace 40 años que yo lo hice este papel y seguimos igual». Esos 40 años están en mi s arrugas.

¿Habrá que esperar otros 40 años para avanzar?

Bueno, algo ha cambiado la cosa. Cuando yo me casé, para conseguir una píldora anticonceptiva tenía que ir con mi marido a la farmacia. Sin embargo, no avanzamos lo suficiente. Para eso vuelve Molly, para reclamar su sitio y el nuestro, en la cama, en el trabajo, en la cocina y en la calle.