Convertir en una fiesta para la lectura dos asuntos tan escabrosos como la enfermedad mental y el cáncer es lo que ha logrado el onubense Mario Marín (Aroche, 1971) en su ambiciosa novela Morir es un color, que acaba de publicar en Ediciones del Viento.

Mario Marín, del colectivopacoperez, un grupo que aborda el arte con el espíritu festivo y provocador del dadaísmo, parece haber trasladado esta desprejuiciada e iconoclasta visión del mundo a esta novela en primera persona, sobre la intensa y peculiar relación de amor y amistad entre Santi y Carmen en la Unidad de Salud Mental Comunitaria del Hospital Vázquez Díaz de Huelva.

Tiene la prosa de Mario Marín la cualidad de presentarse desnuda de polvo y paja y al mismo tiempo, de estar muy pegada a la calle, a la vida de barrio, como si el verbo conciso, irónico y mordaz de Esther García Llovet dejara la novela corta para emprender una novela de largo recorrido de ambiente suburbial.

El escritor onubense embriaga y golpea con la palabra desde el primer párrafo, que da buenas pistas de por qué alegres vericuetos estilísticos transitará:

"En el dos mil dieciocho mi hermanastro chino ya no estaba y yo me desperté una mañana con ganas de morirme. Estaba teniendo una inundación cromática de azul negtro humo. Parece empalagoso y hortera de la aurora, pero me pasó".

'Morir es un color' es una de las más audaces aproximaciones a los enfermos mentales y a la travesía en el desierto de una larga enfermedad, con la particularidad de lograr que la lectura levante el espíritu gracias a su continua sagacidad y a una dosis constante de humorismo psicodélico, con los paisajes, colores y olores de Huelva siempre presentes. Una novela redonda y tocada por la gracia.

Portada de la novela.

Portada de la novela. L.O.