Serrat se despide. Anuncia que lo deja. Todo se sabe ya sobre él, y en su gira de despedida generaciones enteras podrán cantar sus letras de principio a fin. Salvo una. Hay una canción maldita que no interpreta desde hace años: «La montonera». Un tema que es parte de esos pocos detalles de su carrera profesional sobre los que Serrat ha preferido ser discreto, casi hermético, tal vez por las derivadas que tenían tanto en el aspecto emocional, como en su compromiso social y político. El artista no considera esta canción parte de su discografía oficial, hasta el punto de que su letra nunca ha sido incluida en sus cancioneros. Y eso, a pesar de que se trata de un bellísimo tema de amor que nada tiene que envidiar a los clásicos del repertorio del artista catalán.

Para entender la historia de «La montonera» hay que remontarse a finales de los años 60. Tras el escándalo del «La, la, la» y su veto en Radio Televisión Española para presentarse a Eurovisión, Serrat decidió reencauzar su carrera visitando países como México, Chile o Argentina. Con aquella nación le unían vínculos sentimentales debido a la gran afición al tango de su padre que, según contaba, llegó a conocer al propio Carlos Gardel. Un hecho que, si bien está envuelto en la leyenda, no resultaría improbable, habida cuenta de que los primeros éxitos del Zorzal Criollo en discos de pizarra se grabaron en la casa Odeón de Barcelona.

En 1969, año en el que Serrat decidió hacer las Américas, Argentina vivía bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía que, como todos los gobiernos —de facto o no— surgidos después del golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón, había mantenido la proscripción del peronismo instaurada en 1955 por la autodenominada Revolución Libertadora. Esa situación represiva había dado lugar a movimientos ciudadanos que reclamaban la vuelta a la democracia a través de acciones de protesta como «El Cordobazo», unas jornadas de huelgas y luchas populares en las calles de la ciudad de Córdoba.

Resistencia y revolución

Junto a esos movimientos apoyados por las potentes organizaciones sindicales, en Argentina comenzaron a surgir grupos de guerrilla tanto urbana como rural. Entre ellos, el Ejército Guerrillero del Pueblo, las Fuerzas Armadas Peronistas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ejército Revolucionario del Pueblo y los que tal vez hayan sido más conocidos por la importancia de sus acciones, entre las que se cuentan el secuestro de los hermanos Born, cuyo rescate de sesenta millones de dólares batió todos los récords del momento: Montoneros.

En 1968, un grupo de jóvenes vinculados a los movimientos cristianos de base y afines a la teología de la liberación agrupados bajo la denominación Montoneros, protagonizó sus primeras acciones, destinadas a conseguir armas, municiones y uniformes de la policía y el ejército. Unos meses más tarde, en mayo de 1970, un comando montonero secuestro en su propio domicilio al expresidente de la república, el dictador Pedro Eugenio Aramburu, y tras someterlo a un juicio popular en una finca de la localidad de Timote, fue declarado culpable y ejecutado.

A pesar del dramático desenlace, buena parte de esa «juventud maravillosa» de la que hablaba Juan Domingo Perón consideró que la única forma de luchar por la vuelta de la democracia al país era encuadrándose en alguno de esos grupos guerrilleros que, además de ese apoyo interno, precisaba de la simpatía de la opinión pública internacional, un objetivo para el que un personaje como Joan Manuel Serrat resultaba clave. De este modo, durante sus viajes a Argentina el artista entró en contacto con esos grupos, a los que apoyó moral y, según refieren algunas fuentes, también económicamente. Serían sus militantes femeninas quienes inspirarían «La montonera».

Un enigma sin resolver

A pesar de la belleza de su letra y su música, la canción nunca llegó a ser grabada en estudio. De hecho, el artista siempre fue reacio a interpretarla frente a un aparato de grabación. Lo que no pudo evitar es que el tema, que durante años sí formó parte del repertorio de sus conciertos, fuera registrado durante una de sus actuaciones en Cuba. Aunque se cuenta que una maqueta llegó a ser editada por Montoneros en un flexi-disc que contenía en su otra cara un mensaje de Mario Eduardo Firmenich, lo cierto es que es esa grabación en directo, arropada por arreglos del músico Lito Nebbia, la que ha llegado hasta nuestros días, gracias a su inclusión en los títulos de crédito del documental Cazadores de utopías, rodado por David Blaustein en 1996.

Al incierto origen de la canción se han sumado durante años las especulaciones sobre la identidad de la mujer que inspiró el tema. La periodista Tamara Smerling menciona en su libro Serrat en la Argentina: Cincuenta años de amor y aventuras los nombres de Alicia —una novia montonera que el cantante habría tenido en Argentina y que salía por las noches para pintar por las calles «luche y vuelve»—, el de Paloma Alonso —hija del pintor Carlos Alonso desaparecida por la dictadura— e incluso el de la líder montonera asesinada en la ESMA Norma Arrostito. Por su parte, el periodista Philippe Broussard sostiene en su libro La desaparecida de San Juan, publicado por Planeta en 2012 que se trata de Marie-Anne Erize, modelo argentina de padres franceses que, en octubre de 1976, fue secuestrada por tres hombres, presuntamente de la Triple A, en la localidad de San Juan. A pesar de la extensa investigación de Broussard, cuando en 2014 fue preguntado al respecto por el periodista Clarin Miguel Frías, Serrat prefirió eludir el asunto una vez más: «ese tema tiene sus leyendas. Lo escribí, sin dar a conocer de quién se trataba, para una muchacha de 20, 22 años, que murió en las cárceles de la dictadura. No he dicho nunca el nombre y no lo haré ahora, porque representa a todas las mujeres asesinadas. No solo es una muchacha que muere. Es una muchacha que muere por una idea, por un pensamiento tan fuerte que, a pesar de no sentir admiración por quien la dirige, ella sigue peleando».