David Bisbal se pasó el mes de noviembre más que preocupado. Nada más aterrizar en España tras su multitudinaria gira por Estados Unidos, un test de Covid trajo una mala noticia: positivo. El necesario confinamiento se convirtió en miedo: ¿le terminaría pasando factura el coronavirus a un artista como el almeriense, que ha basado en la potencia vocal y el dinamismo escénico, físico, sus marcas registradas? La respuesta se la brindó anoche a sus seguidores en el Teatro Cervantes: hay David Bisbal para rato.

El cantante ofreció anoche en el teatro azul uno de los contados recitales de la gira en la que, como lleva años haciendo uno de sus ídolos, Raphael, se hace acompañar de una orquesta (la Orquesta Ciudad de Almería, cómo no: haciendo tierra) y viste con ropas filarmónicas su repertorio de siempre. Un proyecto sinfónico, arropado por la firma Cosentino, con que celebra sus dos décadas de carrera ya, sin contar, eso sí, sus inicios amateur, porque David lleva pisando escenarios prácticamente toda la vida.

Bisbal empezó cantando en una orquesta, sí, pero no precisamente filarmónica: con sus compañeros de la Orquesta Expresiones se pateó un buen puñado de pueblos, ferias de verano y verbenas de todo tipo cantando los éxitos del momento y de siempre. Después llegó, claro, Operación Triunfo, Corazón latino y una carrera en solitario jalonada por una retahíla de hits que ahora recupera con otro tipo de orquesta, la de ropa de gala, violines y boato.

El almeriense, anoche en el Teatro Cervantes. Álex Zea

Asegura Bisbal (y se notó anoche en el recital del Cervantes: estuvo muy concentrado) que este proyecto le resulta «difícil» pero necesario: «Son el tipo de cosas que te hacen salir de tu zona de confort para mejorar». Con arreglos de Juan Cruz Guevara y la dirección de Michael Thomas, el de Almería reivindicó el poder popular de su repertorio desde la madurez y el sosiego. Es la culminación de algo que oyó en sueños hace más de diez años. Ni el Covid ha podido pararlo.