Finaliza la función de Fueron Nosotros, la tercera obra de la temporada de Factoría Echegaray, y el público se funde en aplausos. Los actores abandonan sus personajes y acercan unas sillas al borde del escenario: va a comenzar la sesión de la Escuela de Espectadores. Los asistentes sacan sus papeles y preguntas, se les nota sorprendidos por el desenlace de la obra y los murmullos revelan sus ganas de saber más. Se crea un clima de complicidad entre los intérpretes y el público, que al principio con preguntas tímidas pero luego lanzadas, van desentrañando, de manera conjunta, el proceso de producción y puesta en escena, derribando así la quinta pared.

Francisco J. Corpas, responsable del taller de la Escuela de Espectadores de Factoría Echegaray (iniciativa que ha comenzado esta misma temporada), reivindica la necesidad de mantener un diálogo y contacto regular entre el público y el equipo artístico, para crear así un nuevo espectador contemporáneo, consciente y crítico.

El taller está compuesto por un total de 16 sesiones en las que se trabaja en profundidad las seis obras que la productora Echegaray estrenará entre septiembre de 2021 y junio de 2022. El proyecto incluye también la asistencia a las funciones, ensayos y encuentros con el equipo artístico y técnico de las obras para poder intercambiar experiencias e inquietudes. El taller está destinado a cualquier persona adulta interesada en las artes escénicas, por lo que no es necesario tener ninguna formación especial.

La acogida de esta primera edición fue abrumadora. «El primer día que sacamos la convocatoria teníamos ya 70 solicitudes», comenta Corpas. Las 30 plazas ofertadas se asignaban por orden de llegada y, con el objetivo de que la actividad fuese intergeneracional, se dividieron en dos grupos de menores y mayores de 45 años.

La principal meta que persigue la Escuela de Espectadores de Factoría Echegaray es crear un espacio de convivencia, reflexión y análisis en el que, a través de la experiencia y una formación dinámica basada en la interacción, se vaya construyendo un público fiel, entendido en la materia, que pueda disfrutar de las obras y de emitir juicios con criterio. Dentro de los objetivos de este proyecto también destaca el dinamizar y fidelizar el rol del espectador para alentar y garantizar su asistencia al teatro, y que este a su vez movilice a otros públicos. El responsable del taller quiere que la Escuela además sirva para que se conozca a los «creadores increíbles» que tenemos en Málaga, para que no se les reconozca solamente cuando salen en la gran pantalla.

«El arte, además de que te lo expliquen, hay que comprenderlo, y para ello no hay nada mejor como entender la creación artística a través de la visión del propio espectador. Porque de la teoría te olvidas, pero de la experiencia no», explica Corpas, quien desde su primera sesión prohíbe usar la expresión «me ha gustado o no», para instar a sus alumnos a que reflexionen y profundicen sobre lo que más le ha atraído, hecho pensar o emocionado de la obra, y busquen otra manera de expresarlo.

Corpas es el creador de la primera Escuela de Espectadores que se inició como un proyecto piloto durante la temporada 2007-2008 en el Teatro Cánovas de Málaga, y que ha continuado desarrollándose con éxito en el Aula de Mayores +55 de la Universidad de Málaga, consagrándose como la primera iniciativa realizada en España, para la creación, formación y dinamización de públicos. «De ahí han salido algunos espectadores que me llevan siguiendo varios años y que escriben ya maravillosamente, al nivel de que podrían ser hasta críticos», apunta.

Durante la pandemia mantuvieron las sesiones gracias a la virtualidad y a que el Teatro Echegaray y Cervantes mantuvieron sus programaciones a las que les permitieron asistir cumpliendo con las limitaciones de aforo exigidas. «Mantuvimos inclusive los encuentros con artistas, con los que en circunstancias normales no hubiesen podido contar. Fue como una pequeña revolución», cuenta Corpas orgulloso.

Una sesión de la Escuela de Espectadores de Factoría Echegaray. | A. T.

Dinámicas

Aunque las sesiones son de dos horas, podrían ser perfectamente de cuatro porque, según el teatrólogo malagueño, los asistentes siempre demandan más. Cada obra la trabajan a lo largo de tres o cuatro sesiones que incluyen la asistencia a un ensayo y función, con su posterior encuentro con el equipo. A través de una serie de dinámicas, trabajan los textos previamente, analizan lo que han visto, realizan cuestionarios y ponen en común sus opiniones, sacando conclusiones en conjunto. Asegura que lo que más sorprende siempre a los espectadores es comprobar la transformación creativa que se produce desde la autoría hasta la puesta en escena,.

«Antes, en obras como Romeo y Julieta, encontrabas una línea de planteamiento, nudo y desenlace, pero en el teatro contemporáneo ya no se produce eso, todo está mucho más fragmentado», explica Francisco Corpas, que matiza que es en esos momentos cuando aprovecha para introducir pequeñas dosis de teoría significativas para poner en contexto y seguir avanzando. Además, siempre les recomienda obras y autores, para que puedan enriquecer su horizonte cultural.

«El teatro es expectante, es convivencial. Y el espectador debe ser siempre el protagonista de ese encuentro con las artes escénicas», concluye Corpas, quien señala además que, desde los anfiteatros griegos, el teatro siempre ha sido y será una experiencia compartida, para vivir en grupo en vivo y en directo.