El día que falleció Almudena Grandes, una de sus lectoras más fieles estaba releyendo su último libro. No tenía a mano ninguna novedad, y para Margarita Álvarez el universo de la escritora madrileña siempre es acogedor. Al enterarse de la noticia, además de sentir pena, reparó en un hecho: se está quedando sin autores de los que esperar nuevos lanzamientos. Una vez se publique -aún no se sabe cuándo será- la novela póstuma de Grandes, ya solo podrá revisitar sus obras, lo mismo que le ocurrió con Dulce Chacón o Carlos Ruíz Zafón. Las librerías y las bibliotecas están repletas de libros de calidad, pero no todos los escritores tienen la capacidad de conectar tanto con su público como los mencionados. ¿Existe un relevo para este tipo de autores?

Juan Marqués es escritor, crítico literario y responsable de la web ‘Las librerías recomiendan’, un espacio en el que los libreros hacen de prescriptores. Antes de responder a la pregunta, dice que es importante hacer varias distinciones dentro de la categoría de superventas. «Por un lado hay escritores, como Zafón o Pérez Reverte, que son autores. Te pueden gustar o no, pero escriben sus libros. Y por otra hay famosos, por ejemplo, que de repente escriben una novela pero no son autores, sino que han tenido ayuda, por decirlo suavemente», explica.

Dentro del primer grupo, hay otra subdivisión: la de los autores que, pese a tener una legión de seguidores que les veneran, no alcanzan la validación de las altas esferas de la crítica o la intelectualidad que otorga los galardones más prestigiosos. Marqués comenta que «se vio claramente cuando se habló de José Luis Sampedro para el premio Cervantes, ya que hubo una pequeña campaña para decir que no. Sucede algo muy difícil de definir, y es lo que le pasa a Almudena Grandes, a Elvira Lindo y si me apuras a Millás».

Para él, la clave que marca la diferencia «está en la popularidad, precisamente. Son muy leídos y muy queridos, reciben el cariño de sus lectores masivos. No son Vila-Matas: él tiene muchos lectores, nos gusta a todos y ganará el Cervantes. Pero seguramente en su entierro no va a haber gente con libros». Para que no haya malentendidos, aclara que «no defiendo ni critico esto, solo estoy dibujando el panorama».

Sin embargo, hay un escritor que, curiosamente, pertenece a cualquiera de los dos grupos, según señala Marqués: «Eduardo Mendoza. Es un autor tan listo que, aunque empezó escribiendo humor o novelas de pistoleros y tiene cientos de miles de lectores, ha ganado el Cervantes y nadie lo discute. Los libreros lo adoran y conozco a muy poca gente que le ponga reparos».

Nuevos horizontes

«Todo autor es irremplazable. Si me hablas de Ruíz Zafón o Almudena Grandes, imagínate las sensaciones que me producen», afirma Emili Rosales, director editorial de Destino y que fue editor de Zafón. Ofrece una lista de nombres que, en su opinión, podrían responder a la pregunta de quiénes podrían recoger la simpatía de los fieles de aquellos, si es que no la tenían ya, porque «cada uno de sus libros es muy esperado y realmente están construyendo una narrativa interesante desde el punto de vista literario y técnico. Me refiero a Dolores Redondo, a Lorenzo Silva, a María Oruña, a las series de Alicia Giménez Bartlett o a los libros de Andrés Trapiello. E incluso digo otros que no son de nuestra editorial, como Pérez Reverte».

Marqués pone el foco en firmas que todavía no han tocado techo. «Escritoras como Laura Ferrero, que está gustando mucho y que publica en editoriales importantes como Alfaguara. O Sara Mesa, que aunque tiene una literatura extraña y bastante perversa, ha enganchado y ha vendido diez ediciones de ‘Un amor’. Marta Sanz también podría ser una referencia creciente. Estoy mencionando a mujeres porque en los últimos años son las que están dominando el asunto».

Precisamente, Laura Ferrero reponde a la pregunta de si se ve en ese grupo de autoras que podrían tomar el relevo. «La verdad es que habría que saber qué entendemos por vender y a partir de cuántos ejemplares podemos decir que un libro ha vendido. Me siento muy afortunada por poder publicar en la editorial en la que estoy y ojalá mis libros se sigan vendiendo, es lo único que puedo decir. No me imagino en un puesto como el de Almudena Grandes porque lo que hacía ella era singularísimo y solo sabía hacerlo ella».

¿Qué busca el público joven?

La lectora que dio pie al reportaje, Margarita Álvarez, tiene más de 60 años. A esa edad los gustos están más que asentados, pero es a partir de los 25 o los 30 años cuando las preferencias de lectura adulta se están definiendo. ¿Qué busca el público que se sitúa ahora en esa franja de edad cuando se acerca a la librería? ¿Siguen interesando las firmas que sacaron su última novedad hace años o son las actuales quienes captan toda su atención?

Rosales pone el ejemplo de Zafón como autor que atrae a cientos de personas cada año. Por su parte, Marqués reflexiona que «hay lectores jóvenes que se interesan por la literatura de sagas tipo Juego de Tronos, que se está poniendo muy de moda ahora. Se enganchan a la lectura por ahí y luego cambian de temas. Y hay otros que ya se inclinan por Almudena Grandes, Mendoza, Landero». Ferrero también percibe que su público es intergeneracional: «conozco el perfil de mis lectores en redes, fuera de ellas no, más allá de lo que puedo ver en las presentaciones o eventos. Pero puedo decir que, por ejemplo, en Instagram hay más mujeres y la franja de edad empieza a los 25 más o menos, y de ahí se extiende hasta los 50 o 60».

Tanto Rosales como Marqués también señalan a los autores de generaciones anteriores que se han convertido en superventas años después de su fallecimiento. En su momento les alabó la crítica, pero el público masivo prestaba atención a otras firmas y han sido sus nietos quienes les han hecho escalar posiciones en las listas de los más vendidos. Por ejemplo, «Ana María Matute o Carmen Martín Gaite. En su época también había best sellers que vendían mucho más que ellas, pero han resistido y las seguimos leyendo», sostiene Marqués.

«Hay un ejemplo que llama mucho la atención, que es el de Carmen Laforet -detalla Rosales-. Es verdad que este año celebramos el centenario de su nacimiento, se ha recordado que fue primer premio Nadal en 1945 y Nada, la novela con la que lo ganó, se considera un clásico. Pero es que en 2021 se ha leído y se han vendido más de 50.000 ejemplares.

Los éxitos inesperados

En todo caso, a veces hay libros que son éxitos de ventas sin que haya mucha explicación. Es cierto que los canales de prescripción han crecido y a los suplementos de cultura de los medios o los programas específicos de televisión se han sumado las campañas en redes sociales o el peso de la opinión de los influencers del sector, como los booktubers. Pero hay libros que, por su temática o su estructura, no parecían destinados a ser triunfos más o menos masivos.

Es, por ejemplo, lo que ha ocurrido con Hamnet, de la escritora Maggie O’Farrell, publicado por Libros del Asteroide. Ha salido en todos los suplementos culturales con muy buenas críticas, pero no deja de ser una novela que está ambientada en el siglo XVI y cuenta una historia muy dura, con la que el lector o lectora lo pasa mal. Sin embargo, «la cifra de ventas estimada que tenemos actualmente es de más de 45.000 ejemplares.