Se comunica con nosotros Chantal Maillard vía email para hacer, con toda la amabilidad del mundo, una matización al artículo publicado en La Opinión hace unos días sobre la publicación de su nueva antología (Lo que bebe el pájaro en la fuente y no es el agua. Poesía reunida 2004-2020, Galaxia Gutenberg) que se refiere a ella en varias ocasiones como «poeta belga afincada en Málaga» cuando tiempo ha obtuvo la nacionalidad española. Hecha la pertinente aclaración, procedemos al atraco: una entrevista. A pesar de que no tenía pensada ninguna actividad promocional para el lanzamiento del libro accede a condición de responder un cuestionario «cortito».

Dice Maillard que reunir el trabajo poético de una etapa, como lo hace en este volumen, no supone, en absoluto, una especie de autoevaluación o, en el otro extremo, un ejercicio de simple compilación: «En este caso ha sido como entregar una obra nueva. Me di cuenta de que, a partir del 2004, una misma idea atravesó toda mi producción poética. Las historias tienen siempre un principio, un desarrollo y un final. Ésta también. Ha primado la idea de conjunto», asegura.

Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua son 800 páginas al cuidado y con estudio preliminar de Virginia Trueba Mira, profesora de la Universitat de Barcelona y una de las grandes lupas a la que recurren los lectores de la autora desde hace varios años, una selecta legión que sigue a la firmante de Matar a Platón con fervor y devoción. Para alguien que aspira «a pasar entre las formas como un animal entre la hierba» debe de abrumar tener lectores que, prácticamente, la consideran una maestra del pensamiento, de la vida y de la lectura. «No soy ninguna maestra de nada. Sólo me hago preguntas. Algunas quedan resonando, eso es todo», asegura.

La antología, continuación de En un principio era el hambre (que reunía textos de entre 1990 y 2015), parte de Matar a Platón, el poemario que le valió el Premio Nacional de Poesía en 2004 y una llamada vehemente, y directa para «bajarnos de las ideas, de los conceptos», porque, como aseguró hace unos años a El País, «Mientras vivamos en el concepto de la muerte no vamos a empatizar con la persona que muere». ¿Ha logrado ya cometer el asesinato de Platón? «Lo malo de Platón es que resucita continuamente. Matarlo resulta cansado, a la postre».

Pensamiento y lírica

Si algo distingue el pensamiento y la obra lírica de Chantal Maillard es, aparte de su constante depuración, la búsqueda de la hondura y el desprecio por lo superficial y del significado evidente, es la comunicación con la herida, el dolor, y la importancia de la sanación individual y colectiva. Son éstos conceptos antes generalmente asociados a gurús de medio pelo pero que se han introducido en la conversación cotidiana, que también se preocupa ahora por la salud mental, el bienestar psicológico, incluso los medios de comunicación hemos empezado a hablar del suicidio (asunto tradicionalmente tabú en los periódicos). ¿Ve en ello la escritora y filósofa un paso adelante o, simplemente, una tendencia, una moda más que pasará? «Primero habrá que definir lo que se entiende como salud mental, pues si lo saludable se confunde con la norma y la funcionalidad, la expresión podría resultar hasta peligrosa. Aun así, que se hable de ello es ya un gran paso. En cuanto a los tabús, es hora, ciertamente, de sacudirlos y dejarlos atrás. El suicidio ante todo. Defiendo con uñas y dientes la libertad de tomar la decisión de permanecer o no con vida. Esto es algo que nadie está autorizado a negarle a otro [recordemos que un hijo de Maillard, Daniel, se quitó la vida] Pero hay otros tal vez incluso más ocultos, por ejemplo, aquellos estados físicos que nadie se atreve a contar. Mire usted: llevo veintidós años viviendo con una colostomía irreversible. Muchas personas en este caso se confinan de por vida, por vergüenza. Y ni siquiera saben (porque pocos cirujanos se lo cuentan) que hay prácticas que pueden aprenderse –hay muchos héroes ocultos entre el personal sanitario– para poder tener algo parecido a una vida normal en esas condiciones».

Como pueden comprobar, una conversación con Chantal Maillard, mujer acostumbrada a mirar abismos, suele conducir a las profundidades, así que nos proponemos sacarla del terreno severo con un par de preguntas. La primera: usa la palabra para comunicar su pensamiento y sus emociones pero nunca pierde de vista que las palabras, todas ellas, «enturbian y ocultan»; ¿cuál es, entonces, su palabra favorita? Duda: «No sé... Nube, por ejemplo. Porque siempre pasan de largo. Es una buena metáfora para quien quiera ponerse a observar las ideas a las que nos agarramos...». Y la segunda: ¿cómo se alivia del peso de las cosas, de lo vivido? No nos la imaginamos delante del menú de Netflix eligiendo ver una comedia romántica (a veces uno se lleva sorpresas: la película favorita de Romero Esteo era La jungla de cristal): «Prefiero acompañar a Benedict Cumberbach en su papel de Sherlock Holmes. O al Joven Papa de Sorrentino».