Madonna publica un boomerang en Instagram en el que mira fijamente a la cámara mientras le da un lengüetazo a un helado. Suena la canción de Je t’aime... moi non plus, de Jane Birkin y Serge Gainsbourg. El segundo comentario, y uno de los que más me gustan, es en inglés y dice: «Es como si tu abuela estuviera jugando a que ella es sexi».

Días más tarde sube otras fotografías sobre una cama en las que se cubre un pezón descubierto con el emoticono de un corazón. En ocasiones anteriores, cuando no se tapó, sus imágenes fueron retiradas, así que en la publicación hace un alegato contra la censura de esta parte del cuerpo en las mujeres y escribe la palabra mágica: edadismo.

«Doy gracias que he sido capaz de gestionar para mantener mi cordura a través de cuatro décadas de censura, sexismo, edadismo y misoginia», señalaba en el post. Estos tres últimos términos suelen ir de la mano.

La palabra edadismo la acuñó Robert Butler en 1968 para referirse a la discriminación por razón de edad y, más específicamente, a la que se sufre al ir cumpliendo años. Los estudios sobre este tema muestran que las mujeres perciben más este problema que los hombres.

Madonna es un ejemplo claro de edadismo. Chris Márquez, presidente de su Club de Fans Oficial en España desde 1987, asegura que hasta los admiradores de Lady Gaga la llaman vieja. También los de Miley Cyrus y otras estrellas del pop más jóvenes, a pesar de que ella fue pionera en los noventa en reivindicar la libertad sexual.

«Ella se atrevió a ser el primer icono pop del planeta envejeciendo delante de su público», asegura Márquez, que también está detrás de la web www.DivinaMadonna.com. «No quiere simpatía. Quiere lucha. Ella está activa y no va a parar tan pronto de dar la cara». Él considera que es posible que en 2040 se vean a más mujeres posando a los 60 como ella lo hace ahora y que eso se considere normal; que vuelva a ser referente también en esto.

«Madonna es un ejemplo muy paradigmático porque tiene una identidad muy marcada durante toda su vida. Y ha querido seguir manteniendo esa imagen», explica Elena del Barrio, codirectora de Matia Instituto Gerontológico. «Ahora la critican porque ya es mayor, pero las personas no dejamos de ser quienes fuimos por cumplir una determinada edad».

Madonna

Madonna

El edadismo de cada día

Madonna no es la única que ha sufrido el edadismo en el mundo del espectáculo. La estrella de Matrix, Carrie-Anne Moss, aseguró que le ofrecieron un papel de «abuela» tras cumplir 40 años. «Pasé de ser una niña a ser la madre y más allá...», relataba en una conversación con la autora y cineasta Justine Bateman.

Melanie Griffith en más de una ocasión habló de cómo las mujeres a determinada edad eran relegadas a papeles secundarios. Y Sarah Jessica Parker pidió acabar con la misoginia y el edadismo de las redes en una entrevista con Vogue.

En cuanto aparecieron las primeras imágenes inéditas de la grabación de la vuelta de Sexo en Nueva York, la entrega And just like that..., le llovieron críticas por parecer «más vieja que cuando interpretó al personaje de Carrie Bradshaw por primera vez».

El caso de Madonna y otras actrices es que se las critica por su aspecto cuando van teniendo arrugas, el cuerpo más flácido o el pelo grisáceo, pero también cuando se hacen cirugías para aparentar menos años y entrar en los cánones que pide la industria para determinados papeles o contratos. Los varones no suelen tenerlo tan difícil.

En España, la presentadora Paula Vázquez también se ha alzado contra el edadismo. Durante la entrega de la edición de 2015 de los Premios Bodevil del Mundo del Espectáculo recibió el galardón a su trayectoria. Y lo aprovechó para decir que «cuando te entregan un premio a toda tu vida cuando llegas a los 40, ¿no hay futuro? En la televisión, ¿ya se ha acabado todo? Yo veo a los hombres y es cuando les llegan los prime time, los late night...».

«El edadismo es síntoma de una sociedad que tiene unos valores muy asociados al mito de la eterna juventud y al patriarcado. Ser hombre tiene un poco más de valor que ser mujer. Cuando se junta esta discriminación múltiple de ser mujer y, además, ser mayor, impacta mucho más», afirma Elena del Barrio.

La batalla de las canas

Un ejemplo de eso son las canas. Mientras que lucir pelo blanco en los hombres se ve como algo atractivo, en las mujeres parece un signo de dejadez. «Ellos van ganando estatus mientras que las mujeres lo pierden y se invisibilizan», añade.

Sin embargo, cada vez hay más mujeres que reivindican el cabello blanco. Una de ellas es la catedrática en la Universidad de Cambridge Mary Beard. «Estoy muy feliz de que las mujeres se tiñan el cabello si quieren. Sobre todo si es por diversión -una vez tuve algunas mechas rosas-, pero no si tienen miedo de que las vean con el cabello gris. Existe una división real entre hombres y mujeres en la televisión. A ellos se les permite -incluso se les anima- a tener canas y arrugas. Se suma a su autoridad. A nosotras no. Es un recordatorio de que la función de la mujer aún se ve en términos de sexo y glamur, no conocimiento y experiencia», explica la premio «Princesa de Asturias» de Ciencias Sociales 2016.

Asegura Beard que ojalá supiera por qué la sociedad sigue ignorando a las mujeres adultas, más cuando la edad es sinónimo de experiencia. «Pero la anciana es uno de los pocos sectores de la sociedad contra los que parece correcto tener prejuicios. Hay casi algo biológico en ello; como si una vez que ya no pudieras tener hijos simplemente estuvieras pasada», señala.

Naturalizado

Hasta entre las feministas jóvenes se palpan estos prejuicios. En podcast de referencia vuelan bromas -o dramas- sobre la pesadilla que supone ir cumpliendo años y sobre los cambios que sufre el cuerpo. Pero, y aquí llega la gran noticia, el problema lo tiene quien lo ve así, no la persona que cumple años. Las investigaciones que hay sobre los aspectos positivos de envejecer confirman una tendencia a estar más alegres a partir de los 50 años.

«Y de sentirnos cada vez más dichosas, de manera que a los 80 años somos por regla general más felices que cuando teníamos 18 años (no me extraña)», asegura la psicóloga y escritora feminista Anna Freixas en su libro Yo, vieja (Capitan Swing).

«Igual que hubo un momento en el que el machismo o el racismo estaba muy naturalizado en películas o series hasta que se pusieron en evidencia esas actitudes, con el edadismo esto aún no ha sucedido. Quizás ahora se está iniciando. El covid ha puesto el foco en la edad. Empieza a haber una movilización, que algunos textos nombran como gerontoactivismo, un movimiento en favor de la edad», explica Del Barrio.

Para la experta, debe ser «liderado» por las propias mujeres mayores que reivindiquen esa igualdad. «La gente no se ha dado cuenta de esas actitudes tan interiorizadas de discriminación por la edad».

«Para hacer frente al edadismo necesitamos valorar la diferencia y validar la edad mayor como un tiempo diferente y significativo», recuerda Freixas, que es una de esas mujeres que luchan para que no se las encorsete en «un modelo en el que la apariencia juvenil sea el objetivo que se quiere lograr».

la cantante Madonna. A la derecha tres voces contra el edadismo: de arriba abajo, tanto la presentadora de televisión Paula Vázquez como las actrices Carrie-Anne Moss (Matrix) y Sarah Jessica Parker han señalado el edadismo dentro y fuera del mundo del espectáculo.