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La Opinión de Málaga

Segunda jornada de escribidores
Héctor Abad Faciolince Escritor

Palabra de Héctor Abad Faciolince

Colombia es el país invitado en la primera edición del festival literario que acerca a dos continentes, Europa y América. Uno de los escritores más seguidos del país, el autor de El olvido que seremos, llevada al cine por Fernando Trueba, ofreció ayer en el Rectorado de la UMA algunas de las claves de su mirada a las letras, la vida, su país, Latinoamérica, entre otras cuestiones. El escritor se rebela contra «la imposición del lenguaje incluyente» y la idea de que hay escribir «realismo mágico» por ser un autor iberoamericano y asegura que la literatura «salva de tragedias personales»

Héctor Abad Faciolince, durante el encuentro de ayer.

Héctor Abad Faciolince es una de las voces más honestas y oídas de la actual narrativa hispanoamericana, especialmente gracias a El olvido que seremos,la historia de su padre, un profesor que promovió la tolerancia y los derechos humanos. Aquí, algunos extractos de su diálogo con Héctor Lopérfido en el Rectorado de la UMA en la segunda jornada del festival literario Escribidores.

¿Cómo ha influido la pandemia en su vida literaria?

«De entrada, no me gusta sacar algo bueno de lo malo, y la pandemia ha sido un desastre absoluto, un horror para el mundo. Yo estaba escribiendo una novela sobre un periodista perseguido por el cartel de Pablo Escobar durante los años 90, pero se me cayó cuando empezó la pandemia: me parecía que no tenía sentido, que no servía. Y entré en una especie de depresión. Pero los escritores tenemos un recurso maravilloso para superar estados así: hacer otra cosa que tenga que ver con la escritura. Como no lo graba escribir, me puse a traducir Just so stories, de Kipling. Eran cuentos que se los contaba a su hija. Tanto Kipling como su niña contrajeron neumonía. Kipling sobrevivió pero la niña murió. Él se salvó del horror de la muerte de su hija recogiendo y pasando en limpio los cuentos que le contaba a su hija. Esto es lo que a veces hace la literatura: nos salva de tragedias personales. Hace menos de un año me tradujeron al ucraniano El olvido que seremos. Hace unos días, la traductora, Maribel, me mandó una foto desde un refugio subterráneo: Aquí estamos mis amigos y yo, un grupo de teatro, leyendo tu libro. Es una de las funciones de la literatura: distraernos de la muerte. Como Las mil y una noches, que es un libro contra la muerte».

¿Cómo afecta al escritor la actual cultura de la cancelación y las amenazas a la libertad de expresión?

«Yo tuve Twitter pero lo abandoné hace un año. Hay una gran dificultad para poder decir lo que uno piensa sin que haya un ejército impresionante que está juzgando, una policía del lenguaje, de la moral y de la corrección política. Esa mentalidad de red social te puede contaminar cuando escribes, porque pierdes la paz y la tranquilidad de decir lo que piensas sin pensar en imposiciones, por ejemplo, como la del lenguaje incluyente.

Siempre ha habido cosas que uno sólo se atreve a decir a la almohada, a la esposa, al mejor amigo. Pero ahora hay más, y es preocupante. Trato de deshacerme de esos temores, porque escribir con miedo en una sociedad que está siempre a la espera de tus supuestos errores para caerte en jauría para morderte es algo muy castrante».

¿Siento riesgos reales a la hora de escribir en su país?

«Hace unos años vino un periodista francés a entrevistarme. Estuve unos días con él, enseñándole el país... Entonces estaba escribiendo sobre exmilitares colombianos, mercenarios, que mataron al presidente de Haití. Y él, al despedirse, me dijo: «Estás corriendo mucho riesgo». El periodista francés era Philippe Lançon y, tiempo después, en una reunión en Charlie Hebdo le dieron unos balazos unos terroristas. Siempre estamos expuestos a que algún poder arbitrario y devastador quiera responder con la violencia para callarte la boca. Nadie está seguro, ni siquiera en la culta Francia de las luces donde Phillippe se sentía tan seguro».

¿Literatura y cine?

«Ahora estoy escribiendo una novela que tiene que ver con un cura bueno, que fue el mejor crítico de cine que había en Colombia, nuestro Andre Bazin. Una vez me propuso escribir un guión juntos; le hice un borrador y, tras leerlo, me dijo: Nunca en tu vida escribas para el cine. Así que cuando Fernando Trueba me propuso que escribiéramos juntos le conté de ese trauma. Terminó escribiéndola con David [Trueba, su hermano], con la única condición de que me gustara. Cuando me lo enviaron estuvo un mes en la bandeja de entrada de mi email: me daba miedo, los escritores somos muy caprichosos. Al final, quedé muy contento».

La literatura que tiene que escribirse en América Latina

«Desgraciadamente en el mundo mucha gente se quedó con la idea de que el tipo de literatura que hay que escribir en Latinoamérica es el realismo mágico. En mi novela sobre el cura no va a levitar. Podría en las novelas de García Márquez, porque él tenía ese tipo de mente, yo no. Pero sí leo muchas cosas de ese tiempo que paren sopas viejas, rancias».

¿Escribe con un plan?

«Para mí la escritura siempre es una manera de aclararme a mí mismo las ideas, de entender algo mejor el mundo. No me interesa lo oscuro o lo que tiene claves solo personales, íntimas, secretas, que ningún lector pueda descifrar. Siempre más bien estoy escribiendo para un lector que me va a entender».

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