Con apenas siete años y el moño bien apretaíto, Cristina Vela (Sevilla, 1998) fue la bailaroa más joven de la Bienal de Flamenco de Sevilla. Corría el año 2006, era la XIV edición, y Vela se presentó bajo las premisas del coreógrafo Manolo Marín, con Diana Navarro al cante y Pitingo, nada menos, a las palmas. La artista sevillana, ahora conocida como Juicy Bae, nació para quitar el hipo, pero lo que tenía que ser una carrera en el conservatorio de danza se ha convertido en un estrellato mucho más extremo. A sus 23 años acaba de volver de su gira por Argentina, con parada en el Festival Lollapalooza, publica su primer álbum -en mayúsculas- PTSD y ha estado en Miami grabando con las tops del panorama: Aleesha, Taichu y Nicki Nicole. Este jueves estará en Velvet Club, a las 23.00 horas.

«Me siento en una simulación» dice Cristina. «En el viaje de avión a Miami no podía parar de llorar. De donde yo soy creo que habrán estado en Miami una o dos personas. ¡Y más para dedicarme a lo que me gusta!». Pero Juicy sabe de dónde viene. Con 18 años, la cantante ya estaba construyendo su primer estudio de grabación con sus propias manos en su barrio, Sevilla Este, y con el único presupuesto de sus ahorros y los de sus amigas.

«Fue en una calle de casas bajitas, con restaurantes y locales para alquilar. Cogimos el más baratito, que estaba destrozado, así que nos hartamos de limpiar y desmontar, ¡una barbaridad! Compramos cuatro muebles de Ikea y nos pusimos a grabar, con un calor que hacía en Sevilla y sin poder poner ni el ventilador, para que no se filtrara el sonido. Nos apañamos en bikini y echándonos litronas de agua. Poco duró, porque siempre hay discordias y peleas, pero sirvió para toda la gente del barrio», recuerda. Este trabajo en cuadrilla te prepara para la industria musical y su funcionamiento en equipo, que es algo que esta nueva hornada entiende a la perfección: «Aprendes a respetar el trabajo de las personas y sus tiempos. Y fue allí donde descubrí mi vocación para cantar».

No hay que olvidar que Juicy viene del baile, de abuelo gitano y madre y tía entreverás. Aprendió de cuna el gusto por el flamenco y la copla. Recuerda que en cualquier momento se arrancaban: «cada fiesta era un jaleo al 100%». De bailar bien en las ferias pasó a que a los 3 años su madre la apuntara a clases oficiales. Hasta que un día «literalmente descubrí que también podía hacer música. Digo que descubrí, porque una se escucha a sí misma y sabe que no suena mal, ¡pero de ahí a cantar!». Fue al montar el estudio, con solo enchufar el micrófono al ordenador y darle a grabar. Se marcó un freestyle que dejó a su amiga tiesa. «Tía, ¿qué acaba de pasar?”. La improvisación desembocó luego en la canción Smok Wit U, que aún está en las plataformas. “La original fue sobre un type beat descargado de YouTube de All That Matters de Justin Bieber, que tiene un registro bastante parecido al mío y me venían muy bien los temas de su época más R&B».

Pero lo que hace Juicy necesita una actualización en materia de estilos. Las artistas actuales dominan el blend, mezclan tantos jugos que a menudo resultan inclasificables: «Me da mucho coraje que me etiqueten como #trapstar. Porque soy de barrio y estoy a gusto con ello, puedo ir a un estudio con 40 violinistas y llevar mi chándal y mis botines. ¿Pero trap? Yo canto todo tipo de cosas, desde R&B futurista a géneros más afroamericanos y afrolatinos, aunque pueda marcarme un space-trap con Leïte Sène. Mi música favorita es la que me haga sentir, algo calentito y ambiental».

Y aunque su arte suene arropador y hable desde lo emocional, Cristina carga su discurso a conciencia: «No tolero ni la homofobia, ni el machismo, ni el racismo. Soy muy consciente de que bebo de la cultura afro y de todo lo que ellos han creado. Aunque haya artistas blancos, todos aprendimos de Aretha Franklin o de Fela Kuti. Pero nunca me verás haciendo un blackface [pintarse la cara de negro para simular ser afrodescendiente] o llevando trenzas inapropiadas. Me autoeduco y creo que mi música no está desarraigada de la política, porque tiene una vinculación con la sociedad. Mi existencia también es una bandera de protesta y por eso no me voy a callar», defiende.

Trabajó en Sevilla desde los 16 años en hostelería y cuando se mudó a Barcelona pasó por el archiconocido circuito de trabajos precarizados. «Tenía que encontrar el tiempo, el espacio y la gente para que me ayudara con la música. Estaba todo el día trabajando y cuando podía iba al estudio a grabar con los productores Blackthoven o Bexnil. Así te ganas el dinero para poder pagarte tu propia carrera en la música, hasta que te empiezan a salir conciertos. Ahora todo me es más fácil, gracias a Dios».

Estrés postraumático

Por fin, después de lanzar multitud de sencillos y epés, ha llegado el momento de que todo este esfuerzo tenga una puesta de largo en forma de disco debut, PTSD (2022), co-dirigido con su DJ y productor PMP. Las siglas del título hacen referencia al síndrome de estrés post-traumático. «Este álbum está hecho con muchísimo dolor. Quería llegar al formato largo cuando estuviera preparada para contar algo de mi vida, y no quiero decir que esté compuesto en base a una relación tóxica, pero sí que habla de la toma de conciencia y de las fases que van del enamoramiento hasta las secuelas que deja en ti y tu entorno -confiesa la artista-. Hasta septiembre de 2021, que compuse la primera canción, no fui consciente de todo lo que había pasado. Dicen que cuando algo te hace mucho daño, el cerebro lo oculta, porque si no, no puedes funcionar. Pues hasta ese septiembre estaba funcionando en ciego. De ahí el título. No ha sido un proceso triste, sino de un crecimiento enorme. Ahora me dicen que soy otra persona y sé que soy una aún mejor».

Este disco nos ha traído a una Juicy más madura. Ella canta: «Una gota de lluvia me llegó a la boca / No eran mis ojos, era Dios que lloraba con el alma rota». «Esta parte de la letra no sé cómo se me ocurrió, pero siempre me ha llamado la atención escribir. De pequeña escribía poesía, porque te permite una amplitud de sensaciones. Y esta es, sin duda, mi canción de ahora. Me siento una mujer crecida y encima el acompañamiento instrumental es con banda, muy diferente. Aún me parece muy fuerte cuando la escucho».

Aunque el disco sea 100% personal se le han sumado colaboraciones tanto locales como de los grandes artistas urbanos internacionales, desde Polimá Westcoast a su gran amiga Taichu o Yesan. La buena noticia es que Juicy Bae ya vuelve a estar aquí, se ha instalado en Madrid y tendremos su cura para el estrés post-traumático sonando a lo largo y ancho de esta península. Esta semana se acerca a Málaga, no se la pueden perder.