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La Opinión de Málaga

Literatura

Kallifatides: «Sólo me sentí en el exilio cuando murió mi madre»

El prestigioso autor griego residente en Suecia presenta este jueves en La Térmica su más reciente novela, 'Timandra', y repasa las claves de su literatura a través de un diálogo con el periodista y escritor Juan Cruz

Theodor Kallifatides mira a Juan Cruz en un momento del diálogo en LaTérmica. ALEX ZEA

«Es una larga historia. Ya saben, a los griegos, como a los españoles, nos gusta mucho hablar...», prologó Theodor Kallifatides la respuesta a una pregunta sobre Otra vida por vivir, el libro con el que los lectores españoles descubrieron al autor griego residente en Suecia, que ayer, con palabra calma pero apasionada, habló con el periodista y escritor Juan Cruz sobre las madres y las patrias, las letras y las vidas, las guerras y las injusticias. O sea, sobre Timandra (Galaxia Gutenberg), su nuevo libro. 

Lo primero que escribió

«Empecé a escribir cuando tenía 5 años, durante la ocupación alemana de mi país. Los nazis decidieron celebrar una ejecución ejemplarizante en mi pueblo, para que todos lo viéramos. Mi madre me tomó de la mano y fuimos a verla. Los soldados le preguntaron al hombre si quería morir con los ojos vendados; respondió que no. Permaneció allí, con la espalda en la pared de la iglesia, mirándonos a todos, uno a uno. Y le dispararon. Cayó hace adelante y sus ojos se encontraron con los míos. No sé qué pasó pero cuando volví a casa no fui a jugar sino a escribir. No recuerdo qué escribí pero sí que cuando mi padre, profesor socialista, regresó de la prisión, le di el papel, lo leyó, me dio una palmadita en la cabeza y se lo guardó en la solapa de la chaqueta. Lo llevó siempre encima desde entonces. 

De alguna manera pensé que mientras mi madre estuviera viva y me llevara de la mano, aunque fuera simbólicamente, y me acordara de los ojos del hombre ejecutado siempre iba a escribir. Debuté como escritor, seguí escribiendo un libro tras otro, muchos libros, más de 40, pero cuando mi madre murió, no pude escribir más. Me sentí perdido, y eso es lo que narra 'Otra vida por vivir'». 

El exilio

«En realidad, nunca me he sentido en el exilio por irme de Grecia. Me fui voluntariamente de mí país porque, siendo hijo de un socialista, no podía encontrar trabajo. Desde la Antigüedad ha sido así: gente pobre abandona sus pueblos, se monta en un barco y busca otros lugares. La inmigración, para los griegos, es una institución social. En realidad, sólo me sentí en el exilio cuando murió mi madre. Porque sólo conozco una patria: mi madre.  

Recuerdo cómo una tarde estaba dando una conferencia, contando que no podía escribir tras la muerte de mi madre. Cuando terminé, una señora mayor vino hacía mí y me dijo: «¿Puedo contarle algo? Creo que a su madre le gustaría que siguiera escribiendo». Mi mujer y yo decidimos ir a Grecia, a la raíz, y a escribir en griego después de muchos años escribiendo en sueco. Y entonces empecé a volver a escribir de nuevo. Sentí que mi madre querría que continuara». 

La mujer

«A mi madre la llamaban la puta, porque mi padre era socialista y los de la derecha llamaban putas a las mujeres de los socialistas. Por eso escribí 'Timandra', no lo habría podido escribir sin tener presente ese sentimiento de continua infravaloración de la mujer en esta sociedad civilizada, democrática; ahora mismo, hay un grupo de personas, la mitad de la población, que son constantemente denigradas: las mujeres. Y mi madre no era una puta, era un ser maravilloso, una mujer que contaba historias graciosísimas, interrumpiéndolas ella misma a la mitad por su propia risa. 

Durante los años difíciles en Grecia, con la ocupación alemana, una guerra civil demasiado cruel... Los verdaderos héroes eran las mujeres, que mantenían la vida, la esperanza y el cariño. Yo escribí 'Timandra' para mostrarlo. Ella, Timandra, es quien escribe sobre su vida, sobre sí misma, sobre su cuerpo, sobre su deseo y sobre la falta del mismo. Fue un gran reto pero no tanto como pensaba, salvo en algunos casos como cuando escribe sobre sus pechos, algo incómodo para un pequeño griego flaco como yo» 

¿Por qué escribe?

«A decir verdad, no pienso a menudo en mi escritura y si lo hago es para reflexionar sobre lo que puede significar para otras personas, no para mí porque, como me dijo una vez el escritor noruego Axel Sandemose, 'No debes ser más grande que tus libros'. En realidad, siempre he escrito por razones como exponer las injusticias sociales y la misoginia, que no son nada teórico o impresiones sino realidades. Escribo como el soldado al que le toca ronda, que debe vigilar la noche, estar en guardia mientras los compañeros duermen».

Amor y guerra

«Naturalmente, cuando escribía 'Timandra', que es una historia de amor y guerra, no sabía que se produciría la guerra de Ucrania, algo injusto, cruel, inexcusable. Lo que más me sorprende es que, a diferencia de la Europa de hace 30 años, nadie habla ya sobre la paz. Me preguntan mucho sobre la OTAN. ¿Mi opinión, lo que yo sé, mi experiencia? En mi país impusieron la dictadura de los coroneles, dividieron Turquía partiendo la mitad de Chipre, dejaron que se exterminara a los kurdos, imponen grandes tasas para armamento especialmente a los países más pobres como Bulgaria, que gasta en armamento cuando no tienen ni para comer... Y el hecho de que el comandante de toda la OTAN siempre es el presidente de EEUU... ¿Y si vuelve Donald Trump? Es una locura [en español]. Hemos invertido en armamento tanto que tenemos como para destruir el planeta 400 veces. Parece que la gente quiere guerra. A cualquier precio».

¿Sobre qué le gustaría escribir, señor Kallifatides?

«El medio ambiente, el cambio climático. Es el único problema que necesitamos resolver. Tengo nietos y siempre pienso en ellos, en la vida que les espera. Eso sí, necesitaría documentarme mejor para escribir sobre ello, pero es algo que quiero abordar. 

Déjenme contarles una cosa: en la isla sueca donde tenemos nuestra casa de verano todos los años hay una exhibición de aviones bélicos. Y ahí estan todos felices, aplaudiendo mientras el lugar huele a petróleo, a keroseno. Una vez tomé mi pipa y la gente me miró enfadada: estaba fumando y, por tanto, destruyendo el medio ambiente. Pero ellos aplaudían a los aviones. ¿Saben cuánto keroseno necesita un avión de ésos por cada segundo de vuelo? Se lo pregunté a un amigo experto: 5 litros. Pero ellos se preocupaban por mi pipa».

Adiós, Filosofía

«Estudié Filosofía y fui profesor. Siempre me preocupé sobre todo por la sociedad, por las injusticias desde la perspectiva filosófica. Por eso terminé abandonando la docencia de Filosofía: desde hace tiempo ni siquiera los filósofos hablan ya de los valores vitales; no, ellos se empeñan en la lógica formal, la mecánica del razonamiento o asuntos del tipo cómo saber que estoy contando la verdad. Una noche, muy tarde, mi exprofesor de Filosofía me llamó por teléfono para preguntarme: '¿Cómo sé que estuve vivo ayer?' Y yo le respondí: 'Pregúntale a tu perro'. A mí esas cuestiones no me importan, o las sabes o no; a mí lo que me importa es cómo crear una sociedad libre y justa». 

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