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La Opinión de Málaga

Entrevista Elia Barceló Escritora

«En las novelas negras las víctimas siempre son mujeres»

Residente en Austria, autora de una treintena de novelas y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2020, presenta este miércoles en Luces (19.00 horas) su última obra, Muerte en Santa Rita, un guiño a los títulos de Agatha Christie en el que Barceló ha disfrutado subvirtiendo la estructura clásica del noir

La escritora Elia Barceló, en una imagen reciente Stefanie Graul

¿Cómo define Muerte en Santa Rita? 

Como un noir mediterráneo, una novela negra pero luminosa, llena de colores, muy sensual, donde se habla mucho de la comida, los perfumes y de las noches maravillosas cuando llega el verano, que en principio debería darte placer y estímulo mental y luego ya, si hay suerte, hacerte reflexionar sobre un par de cosas. Pero sobre todo quiero que se lo pasen bien leyéndola, que disfruten, que se rían un poco y que les apetezca acercarse a Elche o Alicante a comerse una buena paella y a mirar el mar.

Dice que es una declaración de amor al Mediterráneo.

Sí, total. Es que llevo cuarenta años en Austria, que también es muy bonita, pero es otra cosa. Y la última novela que escribí, La noche de plata, sucedía en Viena y era tan negra, en invierno, todo oscuro y todo el mundo con abrigo y con gorro... Y decidí que ya estaba bien. De vuelta a España, estaba yo feliz un día en la piscina, porque el médico me ha dicho que nade de espaldas que es muy bueno, y mirando el cielo azul dije: «La próxima vez tiene que salir todo esto».

Santa Rita no es un lugar real, sino inspirado en sitios de la provincia que conoce.

Sí, porque si lo localizo en un pueblo concreto todo el mundo empieza a decir que tal cosa no era así, que en esa plaza no había tal estatua o que eso no lo abrieron hasta 1985. Y cuando te lo inventas tú, utilizando elementos de toda la zona, haces lo que mejor te parece y a la gente le encanta, porque se habla de su tierra pero no te dan la vara con que te has equivocado o que no has investigado bastante [Ríe].

A pesar de ser negra, hay mucha luz en la novela. 

Eso quiero yo. En Muerte en Santa Rita me interesa que la gente se lo pase bien leyendo, que no sea muy angustioso ni pesado, ni de pensar muchísimo y darle muchas vueltas, sino de pasarlo bien con las típicas novelas enigma, de pensar quién lo ha hecho y terminar con buen sabor de boca. Y luego hay ciertos temas -o esa es mi esperanza- que te dan vueltas en la cabeza todavía cuando acabas. 

¿Como la muerte y la vejez?

También la culpa, el pasado o la influencia que tiene lo que hicieron generaciones anteriores sobre la tuya, que a veces son cosas que ni siquiera has vivido, ni conoces exactamente, pero sabes que en la familia hay un poso de malestar por algo que sucedió en algún momento, como una pelea entre dos hermanos que ya no se hablan. Son cosas que pasan de generación en generación. Y Santa Rita tiene 150 años y allí han pasado muchas cosas, de toda clase [Ríe].

No es novedad que una mujer sea protagonista en sus libros, pero esta tiene 92 años.

Sí, cumple 93 al final del libro. Es una señora estupenda, escritora, totalmente lúcida. Y no es algo a propósito, no puedo evitar que me surjan personajes cada vez de mayor edad porque yo también me hago mayor, y me doy cuenta de que es un asco que la sociedad se haya montado de manera que las mujeres a partir de cierta edad no existan, que a nadie le preocupen ya sus problemas, como si no estuvieran. Además de hacer de abuelas, y de arrimar siempre el hombro, es como si no existieran. Y luego piensas que a una mujer entre los 50 y la muerte, estadísticamente, le quedan aún 30 años de vida y tiene posibilidad de hacer un montón de cosas aún, un montón de planes.

¿Y el muerto en la novela es un hombre porque estaba harta de que murieran siempre las mujeres?

Sí. Esta novela parte también de una especie de cansancio y rechazo frente a las estructuras clásicas de las novelas negras en las que las víctimas son siempre mujeres, y cuanto más guapas y jóvenes e inocentes y maravillosas, tanto mejor. Y luego siempre las matan de manera absurda, súper desagradable; y los detectives son, en general, policías obsesos que acaban por destruir su familia y su vida, o alcohólicos, drogadictos o depresivos. Y yo he hecho una novela en la que también mueren los hombres, no solo las mujeres, y los policías son personas serias que hacen su trabajo lo mejor que pueden y tienen vida, que cuando acaban su trabajo se van de copas con amigos, se ríen o van al fútbol, y son gente normal.

Es una novela coral y los personajes viven en comunidad, en una especie de cohousing. ¿Lo ve como un modelo de futuro?

Ojalá. Yo comprendo que también tiene sus problemas, pero es un modelo al que llevo mucho tiempo dando vueltas porque estamos manejando muy mal la vejez de las personas. Y Santa Rita es como una especie de piso de estudiantes muy grande, donde hay jóvenes que no se pueden pagar vivir en un sitio pero colaboran haciendo de chófer o recados, y de viejos que ayudan en todo lo que saben. Es una forma de vida, pienso yo, muy agradable porque mantienen su espacio y su intimidad y viven en un sitio que todos aman, que es muy importante. Ojalá funcionara una cosa así, a mí me encantaría. Estuve mirando estadísticas y al 27% de los ancianos que viven en residencias no los visita nadie nunca, ni familiares ni amigos, y eso es una barbaridad. Pero para hacer un Santa Rita hace falta un sitio grande, eso en un piso de cuatro habitaciones está condenado al fracaso [Ríe].

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