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La Opinión de Málaga

Arte

Rafa García: el artista que lleva los cántaros al siglo XXI

El joven creador malagueño empezó a pintar a raíz del confinamiento. Lo que empezó como un hobby se ha acabado convirtiendo en su profesión. Su arte abstracto se refleja en sus cuadros, láminas y en algo que le hace diferente: los cántaros. Tradición española y modernidad absoluta. No extraña que prescriptoras de moda como Gala González y prestigiosas publicaciones ya le hayan echado el ojo a este prometedor artista

Algunos cántaros de Rafa García Rafa García

Entre cuatro paredes blancas de una pequeña habitación de su casa encuentra su mayor inspiración. Un gran ventanal le da la luz natural con la que siente la paz que necesita. En ese espacio, durante el confinamiento por el coronavirus, se refugió para desarrollar su pasión desde la infancia (a los Reyes Magos siempre les pedía óleos) y consiguió, gracias a su talento y a Instagram, que el hobby se haya convertido en su profesión. Es Rafa García (Málaga, 1997), cuyo arte ha conquistado a la popular prescriptora de moda Gala González y ha aparecido en publicaciones como Vogue o Harper’s Bazaar.

Hace dos años que terminó de estudiar Publicidad y Comunicación Digital en Madrid, donde reside desde hace años. Cuando irrumpió el confinamiento pidió por internet lienzos y pinturas y empezó la tarea, de manera informal, casual: «Aproveché esos meses para formarme de manera autodidacta», recuerda de aquella etapa. No sabía que ahí estaba dibujándose su futuro: «Una amiga me pidió una lámina, la publiqué en Instagram y ahí comenzó todo», relata García. Navegando por la red social, Gala González, influencer de influencers, se quedó prendada de su trabajo y empezaron a llegar la atención, las ventas, los encargos...

Rafa García, con algunas de sus piezas más recientes Rafa García

Formas

Entre formas geométricas, colores y mucha abstracción se localiza el estilo de García, quien asegura que «su forma de expresión»: «Es cómo me conozco y paso tiempo conmigo mismo». Con sus obras, lo que más busca es la belleza y pretende captar lo universal a través de lo cotidiano.

Hay un elemento diferencial, característico en la obra de Rafa García: no sólo pinta cuadros o láminas, también se expresa, vehicula lo que siente en cántaros. El concepto, unir algo tan moderno y de hoy como la pintura abstracta del siglo XXI con la tradición, con el barro natural del que están hechos los cántaros.

Los cántaros los hace Manolo, un señor de Puente del Arzobispo que lleva toda su vida dedicándose a la alfarería, de quien ya es amigo y con quien trabaja mano a mano. «Yo diseño los cántaros y él los hace con sus propias manos», asegura el malagueño, que piensa que es «muy importante recuperar lo artesanal, lo que se hace sin ninguna prisa».

El malagueño siempre se basa en dos elementos clave como inspiración antes de coger los pinceles: el presente y la belleza. «El hecho de crear algo de la nada me parece súper inspirador y por eso es lo que busco», revela. Ahora está abordando mucho el tema del equilibrio en su obra, con lo que intenta unificar el diálogo entre el artista y el espectador para que «el artista se exprese y el espectador lo vea, lo entienda y elabore su propio mensaje».

Entre los artistas que más le han influenciado recuerda a los surrealistas como Miró, Matisse o Saura, aunque también reconoce su especial fascinación por Antoni Tàpies, de quien admira sus formas geométricas y su forma de expresar el arte.

Sin embargo, entre sus pintores favoritos remarca la figura de Antonio Gisbert, un artista que le acompaña desde hace unos años cuando trabajaba en el Museo del Prado: «Cuando tenía la oportunidad de andar a solas por los pasillos del museo y veía el cuadro del Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga me quedaba alucinado». Desde ese momento, cada año visita el museo para contemplar la obra.

Málaga siempre está presente en su vida, pues continúa viniendo para visitar a su familia y su gente, lo que, sin duda, es «un chute de energía y de mucha inspiración».

Proceso

Rafa García admite que ha conseguido revocar «el miedo al lienzo en blanco», que él más que miedo define como «el síndrome del impositor». Mientras pinta, de fondo, suele sonar música tranquila, aunque a veces crea hasta escuchando a Bad Bunny a todo volumen, admite García con una carcajada sincera. «Depende del día, pero también me gustan mucho los olores, encender alguna vela y crear mi espacio de trabajo lleno de paz».

El joven malagueño está feliz, por lo que tiene claro que su principal meta no es otra que verse como está ahora: «Quiero ser feliz, evolucionando y creando. Aprender siempre de cualquier cosa que me ocurra». Desde su casa, con la luz natural que le da el ventanal de la habitación en la que crea.

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