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La Opinión de Málaga

«Llámalo rock, contracultura o como quieras, pero es algo que va a estar ahí»

Los Enemigos, clásicos del rock que viven ahora una segunda juventud, son uno de los grandes atractivos del inminente Ojeando, la cita que devolverá la mejor música independiente nacional al pequeño e irreductible pueblo de Ojén. Hablamos con Josele Santiago, grande entre los grandes

Los Enemigos, en una foto promocional La Opinión

Los Enemigos, responsables de algunas de las canciones más influyentes de nuestra música popular contemporánea, regresaron en 2020 con un nuevo álbum, el arrollador 'Bestieza', envidiable ejercicio de síntesis creativa, inventiva lírica y actitud rockera. Hacían falta más guitarras. De hecho, justo la semana en la que se decretó el confinamiento, este disco fue el más vendido en España. Pero, de repente, llegó la covid y adiós gira, adiós ventas. Sin embargo, Los Enemigos siguen en un momento dulce, y han vuelto a la carretera sabiendo que no tienen que demostrar nada. Liderarán el cartel de la primera jornada del festival Ojeando, el 1 de julio.

Quizás era el momento de hacer Bestieza, Josele. ¿Lo necesitaban? 

Sí. Teníamos que hacer algo porque el ambiente en el grupo no era el mejor... Yo qué sé... Era un calco de lo que pasó antes de la disolución del grupo en los 2000. Pero con la entrada de David –oxígeno, sangre fresca– decidimos lanzarnos y enseñar nuestras cartas (las canciones que tenía yo, las de Fino...), y yo no sé si hacía falta o no que fueran así, pero supongo que era lo normal. Había mucha frustración y mucha mala hostia enconada, y las sacamos, y salió un disco bastante guitarrero, muy energético, muy punkrroncillo, ¿no? Pero muy cuidado también.

Auténticos temazos. No sorprende nada que en aquellos primeros días de marzo fuera el número uno en ventas.

Eso fue una conmoción. Hubo una llamada: «Oye, que estáis en el número uno». «¿Número uno de qué? ¿De qué periódico?». «No, no, de ventas. Así, en general» [Risas]. Luego vino la pandemia, que era algo que tampoco se creía nadie..., pero nosotros, después de ser los que más discos habían vendido, nos tragábamos cualquier cosa. De hecho, casi que le otorgó cierta lógica a nuestro número uno que aquello fuera como la antesala de una pandemia global. La putada fue que toda la gira se fue al carajo.

No sé si lo de haber estado unos años separados ayudó a la hora de volver.

Lo que ayuda mucho es tener otras historias por separado, no dedicarnos exclusivamente a Los Enemigos, porque de esta manera llega uno limpio al local de ensayo. Las inquietudes que puedas tener que no cuadran en el proyecto de Los Enemigos las canalizas por otro lado y ya está. Yo tengo ya seis discos en solitario, y pienso grabar más; es incluso necesario. Cada uno tiene su historia... Pero sí, el hecho de haber estado diez años separados pudo ser positivo a la larga; de no haber parado nos hubiéramos acabado tirando los trastos a la cabeza. Estábamos muy quemados...

Cuando se volvieron a juntar, ¿tenían algún plan o sencillamente fue: «Venga, a ver qué ocurre»? 

La idea era hacer un concierto y ya está. Estaba muy bien pagado, merecía la pena, así que nos juntamos. Y lo que pasó, chico, es que nos salió otro –este ya un poco menos mejor pagado–, y luego otro y otro. Y estábamos tan a gusto en carretera que, de repente, nos dimos cuenta de que estábamos comportándonos como una banda viva, así que dijimos: «Vamos a hacer un disco», que es lo que hacen las bandas vivas. Y hasta aquí hemos llegado. Estamos a gusto ahora mismo y eso se nota en el escenario.

¿Qué podría decir que ham descubierto Los Enemigos al hacer este disco?

Que probablemente nos queden un montón de años más de Los Enemigos. Nuestro futuro estaba ya un poquito borroso, y de repente se han vuelto a perfilar nuestros caretos y nuestras ganas. Este disco nos concede una prórroga más, que ya llevamos unas cuantas.

Una canción de 'Bestieza' dice «no quiero saber nada de algoritmos». ¿Cómo se llevan Los Enemigos con la dictadura del algoritmo que rige la industria?

Mal. Pero bueno, nunca nos hemos llevado bien con la industria, así que, visto así, tampoco ha cambiado mucho la cosa... De hecho, es que ni siquiera nos llevamos. La canción no dice: «Me cago en los algoritmos», sino «no quiero saber nada» de ellos. Ni a ellos les interesamos nosotros ni a nosotros nos interesan ellos, y nos ha ido bien así durante treinta años, con lo que espero que no tengamos que cambiar. Es que son dos historias distintas... Hay gente a la que le gusta la música y acude a los conciertos y compra discos porque les (nos) llena, y luego hay otros que se dedican a venderla, o que la compra y no la escucha, sino que la consume. Eso es algo que se dice mucho ahora: «Ha cambiado la forma de consumir música»...Y a mí, ¿qué? Yo no la consumo, yo la escucho. Yo consumo pipas, no música, no me jodas. 

También han reeditado Gas, de '1996'. ¿Cuál es la idea de esta reedición? ¿Lo demandaba el público? ¿Qué transmite para ti ese álbum?

Eso es más cosa de Fino [Oyonarte] , que se pasa por las oficinas y da el coñazo muchísimo para que reediten nuestros discos. De aquel disco recuerdo que estábamos en medio del monte, conviviendo; un mes por ahí perdidos, pero juntos. Recuerdo mucho salvajismo (en todas las acepciones de la palabra); hacíamos mucho el cabrón. Y, consecuentemente, es también uno de los álbumes más contundentes de Los Enemigos. Y el que recuerdo con más cariño, te diría. 

Hay quien dice que la idea del rock and roll como actitud ante la vida caducó en los noventa, y que a partir de ahí perdió un poco su espíritu rebelde. Pero no creo que usted esté muy de acuerdo con esa afirmación...

No, porque una cosa es la actitud y otra cosa es la estética (que es algo que siempre nos la ha traído bastante floja, la verdad). Pero la actitud, las ganas de hacer cosas por uno mismo y no porque te las enchufen en el cerebro, van a estar ahí siempre. Lo puedes llamar «rock and roll», «contracultura» o como quieras, pero eso sigue y seguirá siempre vivo. Yo lo llamo «rock and roll», por cierto, que me gusta más.

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