Antes de comenzar, la periodista María Casado, encargada de guiar el encuentro, advirtió del peligro que suponía juntarles para charlar. El supuesto riesgo acabó transformándose en dos horas de amena conversación en las que se colaron anécdotas, carcajadas y lecciones de vida.

El Teatro Soho se convirtió durante un par de horas en un aula de la Universidad de Málaga, donde el actor, director y productor Antonio Banderas ofreció una conferencia magistral sobre las artes escénicas en el marco de los cursos de verano de la UMA.

Durante el turno de preguntas, el público se volvió loco. Una de las jóvenes, aseguró que había venido desde Barcelona solo para verle. Y no fue la única. Dos horas antes ya había gente haciendo cola, demostrando el tipo de pasiones que despierta Banderas. Y con esa cercanía y carisma que tanto le caracteriza, se sumergió en un viaje al pasado con el que se remontó a sus primeros pasos en las artes escénicas, que comenzaron con tan solo 14 años. 

«Cuando llegué a Madrid, me pasé casi un año sin trabajar. Viví en nueve pensiones de las que me iban echando. Ya ni deshacía la maleta». El malagueño reconoció que iba mirando entre los coches a ver si a alguien se le había caído una monedilla. 

Banderas rememoró también como antes de entrar en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga, se formó con Guillermia Soto, una actriz octogenaria a la que comparó con la melancólica Norma Desmond de la película ‘El crepúsculo de los dioses’. Como bien señaló María Casado, «Antonio es, ante todo, un contador de historias nato», con cierta «vocación oculta de homilía», como matizó el artista entre risas.  

Los jóvenes fueron el hilo principal que guió el coloquio. Pese a que Banderas consideraba que antes era más complicado acceder a la industria, sí que reconoció que ahora había una mayor competencia. «Hay mucha gente que apuesta por ello, antes no éramos tantos». Por eso mismo, insistió, en repetidas ocasiones, en que hay otras muchas posibilidades donde desarrollar la creatividad artística, si no se llega a estar «en la primera fila». Afirmó con seriedad que hay demasiados jóvenes que quieren ser actores y que no hay espacio para todos. «Necesitamos técnicos de sonido, gestores, productores, maquilladores…», pero el principal problema es que no hay gente preparada. Obstáculo al que se comprometió a poner remedio. 

María Casado y Antonio Banderas en el Teatro Soho durante la clase magistral Álex Zea

Apostar por los jóvenes y apostar por Málaga. Estos son los dos lemas con los que se queda uno tras escuchar al veterano actor, que desveló que sería a finales de verano cuando revelasen más detalles sobre ese misterioso centro de producción, formación y exhibición llamado Sorlin. Una escuela técnica que esperan que abastezca a los grandes teatros de Madrid o Londres. «Si tenemos una ciudad culturalmente preparada, hay que aprovecharlo y no dejar que se quede en palabras», subrayó Banderas que, haciendo autocrítica, se responsabilizó de la falta de interés en el teatro de los jóvenes.

La pasión y amor por ese arte efímero que es el teatro se vislumbró a lo largo de toda la charla. El actor malagueño insistió en que estaba encantado de volver a su ciudad y convertirla «en un centro de producción». Recordó también que el Teatro el Soho es una empresa privada sin ánimo de lucro, que ejerce casi de servicio público al apostar por musicales de culto que no se habrían hecho en Madrid. «Sin duda he encontrado la manera más romántica de arruinarme», sentenció el actor entre risas. O como lo resumió María Casado: «Antonio ha vuelto Málaga a perder dinero y a disfrutar como un enano». 

Prácticamente todas las preguntas del final fueron ruegos a Banderas para que les arrojase un poco de luz ante el camino incierto que se cierne sobre los jóvenes artistas que no ven futuro. Dudas e interrogantes que Casado y Banderas reconocieron que ellos mismos sufrieron también, y ante las que respondieron con esfuerzo y perseverancia como principales aliados.