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Pink Chadora Fotógrafo y Drag Queen.

«Me gusta ir a la carnicería de un pueblo vestido de drag»

Martín de Arriba se define como mitad malagueño, mitad gaditano. Pero lo que realmente hace único a este fotógrafo es su doble personalidad. Y es que, como si de Clark Kent se tratase, tan solo necesita unas lentillas verdes, una enorme peluca rubia, un llamativo conjunto rosa, unos taconazos y mucho maquillaje para convertirse en Pink Chadora, «una muñecota rubia que solo quiere hacer reír»

Imagen promocional de Pink Chadora. M.D.A.

Cuando uno oye drag queen, la mente viaja inmediatamente al mundo de la noche. Sin embargo, «ser drag queen va mucho más allá de los espectáculos y de ponerse unos taconazos». Así lo defiende Martín de Arriba (37 años), también conocido como Pink Chadora, una de las ocho concursantes de Regias del Drag España, la primera versión española del popular concurso de talentos drag, iniciado en México hace cinco años y que se estrenará en YouTube en septiembre.

Aunque no se considera una drag queen de concurso, y tuvo dudas sobre si sabría cómo defenderse delante de una cámara, fue la primera española en ser seleccionada para el programa. Según Martín, su mayor virtud es la improvisación, pues no tiene grandes habilidades para cantar ni bailar. Aún así, garantiza que lo que realmente hace que Pink Chadora sea una potencial ganadora de Regias del Drag España es su humor y el importante mensaje que lanza al mundo. «Siempre decimos que el drag es político, y realmente lo es, pero muchas veces parece que solo lo repetimos como algo que nos han enseñado. Y no basta con decirlo, sino que tienes que ejercerlo. Desde que nos subimos a los tacones estamos lanzando un mensaje al mundo», recalca Martín, que asegura que la mayoría de las ideas que tenemos en la cabeza son meras asociaciones culturales que hemos hecho, y que no siempre se corresponden con la realidad. «Yo siempre destaco que no me visto de mujer, me visto de drag queen. Porque mi madre es una mujer y no se parece en nada a Pink Chadora», argumenta Martín, que define el drag como «llevar a la exageración muchas cosas». También quiere dejar claro que, al contrario de lo que piensa la mayoría de las personas, el mundo drag queen no es una cosa solo de hombres. Para él, no es algo que deba de asociarse con el género, pues considera que no representa ninguno en concreto.

Desde su punto de vista, es solo una cuestión de arte: «Es una herramienta que te da unas alas maravillosas para poder explotar toda tu creatividad con un solo personaje. Desde los looks hasta la parte de monólogos», señaló.

A la hora de definir a Pink Chadora, Martín no duda en compararla con «una muñecota grande, una especie de Barbie rural que existe básicamente para divertir». Y es que subraya que su principal motivación para hacer drag es que la gente se divierta, y aprovechar ese divertimento y risas para lanzar un mensaje al mundo: «Para mí lo primero que tiene que tener una drag es humor y autoironía. Aprovecharte de tus propias cosas para poder reírte de ti mismo y de los demás».

Afirma que también disfruta la parte estética de este mundo, pero necesita «algo más que ser una rubia de dos metros». Asimismo, considera también que aún sigue siendo necesario romper con ciertos estereotipos, como que el drag está solo asociado con el mundo de la noche: «Yo por eso siempre digo que soy una drag diurna. Me gusta hacer drag para las personas mayores y los niños, no solamente para la gente de las discotecas», aclara.

Así fue como nació su leit motiv de Fantasía rural, del que hace bandera yendo a los pueblos a las doce de la mañana vestida de drag, para pasearse por la carnicería o el bar. Aunque la mayoría nunca ha visto un drag de cerca, asegura que todas las experiencias que ha tenido en los distintos pueblos a los que ha ido han sido muy enriquecedoras y tiernas. «Por un lado están los niños con su curiosidad, que te preguntan si vives en una casa rosa o si tienes los pies pegados a los tacones. Y por otro, están los mayores que empatizan contigo porque ven en ti la diferencia».

Para Martín, la vergüenza y el miedo no suponen ningún obstáculo a la hora de hacer lo que le gusta. «De pequeño era muy tímido y reservado, pero al final me lo tuve que quitar a base de palos», explica al recordar como el bullying que sufrió de niño le llevó a desarrollar muchas herramientas para ser gracioso y dejar de ser solo «el maricón».

Sin embargo, hubo que esperar hasta el verano de 2019 para que naciese Pink Chadora. «Siempre había formado parte del colectivo de artistas Villa Puchero Factory con los que hacía espectáculos. Y un día que nos contrataron para animar una fiesta, decidí ir a pinchar vestida de drag». Así surgió Pink Chadora, una especie de doble personalidad con la que se siente libre de hacer lo que quiera, porque «al no tener identidad, no tienes que rendirle cuentas a nadie».

Pink Chadora es ya «otra persona completamente diferente, que a algunos amigos les cae hasta mejor que yo». Un personaje sólido con su propia vestimenta, estética y manera de hablar. «Yo considero el drag una disciplina artística que abarca otras muchas». En definitiva, un arte con el que Martín busca hacer feliz a la gente, mientras lo compagina con su carrera como fotógrafo.

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