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La Opinión de Málaga

Literatura
Susana Fortes Escritora

«La literatura es emoción»

La desaparición de dos niños en extrañas circunstancias hace 25 años es el punto de partida de Nada que perder, un thriller en el que la memoria juega un papel clave. Fortes es una de las protagonistas de la agenda de la Fundación Pérez Estrada - «La memoria nos hace trampas y nos juega malas pasadas», afirma

Susana Fortes en las instalaciones del diario valenciano Levante-EMV. F. Bustamante

En Nada que perder (Planeta, 302 páginas) Susana Fortes demuestra que la verdad no solo es escurridiza, sino que debemos perseguirla con cautela. Para ello, crea una historia ambientada en Galicia, llena de tensión y misterio sobre la desaparición de tres niños hace 25 años. Uno de ellos, la narradora de la historia, apareció viva, mientras los otros dos, murieron. Nada que perder es el viaje vital de la niña que intenta olvidar aquel trauma.

Una trágica desaparición de tres niños, una sociedad cómplice en la que todos saben pero nadie dice nada, la vida secreta de los adultos y, sobre todo, una memoria engañosa... Sinceramente en su historia ‘No hay nada que perder’.

Las historias no se me ocurren como un plan preconcebido, ni me hago esquemas, ni busco un objetivo. No funciono así. A mí me vienen imágenes. Sin mucha explicación, las primeras imágenes que me asaltaron fueron las de una furgoneta subiendo por una pista forestal, una linterna entre los pinos, la mochila infantil abandonada, el cobertizo, la lluvia, los sonidos, los olores, el mar, los cuentos que me contaba mi abuela sobre niños desaparecidos... y todo eso lo voy fusionando en la novela porque, cuando escribo, tengo mentalidad lectora y necesito también sentir la intriga para estar motivada y dar lo mejor de mí.

«Cuando escribo tengo mentalidad lectora y necesito también sentir la intriga para estar motivada y dar lo mejor de mí»

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Dice la protagonista que ‘la memoria humana no es de fiar’.

Ese es uno de los puntos importantes de la novela. A veces creemos que es un acta notarial y no, la memoria nos hace trampas y nos juega malas pasadas. Y ese mecanismo me interesaba porque en la novela hay dos ejes, la investigación periodística y, por otra, la memoria.. Una historia en la que desaparecen tres niños en el verano del 79 y la niña es encontrada y de los niños no se sabe nada y, 25 años después, ella cuenta la historia en primera persona. Blanca recibe la llamada de un periodista, se queda en shock y eso desarrolla la historia, un relato silenciado. Su trauma y el proceso a través del cual ella va desvelando la memoria es parte de la trama.

¡Qué curiosa es la memoria selectiva!

Hay frases que oyes de niños y no le das importancia ni significado y, con el paso del tiempo, adquieren valor y cobran sentido. Esto nos pasa a todos.

Blanca, la narradora, dice que ‘son los sueños los que inventan el futuro’.

Ella es una superviviente y su lema es ‘salir adelante’. Ella es complicada y compleja y tiene dificultades para expresar sus emociones y expresar sus sentimientos y, como lectora, a mi me gustan estos personajes.

¿Se identifica con ella?

Un escritor se transparenta, de alguna forma, en los personajes. Y esto no significa que esto sea autobiográfico, ni mucho menos. Uno de los rasgos de la protagonista es que no le gustan los vinos gallegos y siempre se pide cerveza y esto es sí que es mío porque me sienta fatal el albariño.

«Me encanta el thiller y la novela negra, pero no me gusta la mecánica de la intriga, es decir, el qué, el cómo, el cuándo... en plan receta»

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¿Qué le gusta leer?

Me encantan las novelas de intriga, el thriller y la novela negra, pero no me gusta la mecánica de la intriga, es decir, el qué, el cómo, el cuándo... en plan receta. Me gusta cuando se funde esa intriga y ese suspense con el interés por los personajes. Te hablo como lectora y, cuando esto se consigue, se logra una emoción que es el poder maravilloso de los libros y yo, como escritora, he buscado preservar esa emoción. Al final, los géneros son lo de menos. La literatura es emoción.

Usted, como Blanca ¿idealiza su infancia?

Creo que eso lo hacemos todos. Todos preservamos ese mundo. Todos recordamos el pan con chocolate, la bicicleta, el salir a nadar, los libros de Los cinco, de campamento comanche, el ser muy libres. Crecer es eso.

En toda la novela están latentes los silencios.

Todo pasa en los universos pequeños. En una casa cerrada o en un pueblo donde todo el mundo sabe quien es quién, hay cuentas pendientes, envidias, fantasmas del pasado...

A pesar de todo, a todos los personajes les une el querer seguir adelante, con sus traumas, sus silencios, sus mentiras...

El mensaje es optimista y por eso Nada que perder. Tenemos que acostumbrarnos a saber que esto es la vida y que hay que perder para apañárselas y salir adelante.

¿Es de las que cree que las casualidades las carga el diablo?

Sí, creo que a veces lo azares pasan por algo, para mal o para bien.

Blanca dice ‘No va a ser fácil contarlo todo’. ¿Usted ha contado en este libro todo lo que quería contar?

Más o menos.

Los capítulos acaban con la frase ‘Allá cada quien’. ¿Por qué?

Es un tema del ritmo y esta es una frase de la infancia que la protagonista tiene grabada.

Le dedica el libro a Alfons Cervera.

Se lo dedico por Algo personal, la columna que tiene en Levante-EMV y porque es el libro más maravilloso que se ha escrito en homenaje a los escritores desaparecidos, a los libros perdidos y a esa literatura de kiosko... él hace una defensa tan deliciosa... En la escritura de esta novela me ha acompañado y ayudado muchísimo. Lo admiro y es mi amigo del alma.

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