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Tribuna

La cancelación de los artistas

No estamos aquí como venganza, pero no nos hablen de cancelación cuando las mujeres hemos sido las grandes canceladas

Dora Maar y Pablo Picasso (de espaldas), en la playa en 1937. Eileen Agar

Contaba Peio H. Riaño lo que ocurrió hace unos días en el Museo del Prado, con motivo del Año Picasso. Mientras en 2021 el director de la pinacoteca denunció entre aplausos que no se puede analizar el arte con los valores de hoy, este año el turno era de la catedrática de Historia del Arte Estrella de Diego. Y dijo en esa conferencia algo que nos debe llamar a la reflexión sobre el pintor malagueño: «Mis alumnas y alumnos de la universidad creen que no hay sitio para él en el mundo actual. Quieren que sea retirado de los museos y que lo bajen a los almacenes. Yo no quiero cancelar a Pablo Picasso, pero Picasso debe dejar de ser el que siempre ha sido para que descubramos otros Picassos». También añadió otra frase rotunda: «Una violación ha sido siempre una violación, incluso si ha sido perpetrada por Zeus».

Y aquí se abre la caja de los truenos siempre, porque una mirada reduccionista nunca aceptará un cambio de visión. Y siempre se señala al feminismo como la causa de este mal en lugar de asumir que ese mal está motivado por un pasado oscuro y silenciado para permanecer con letras de oro en la historia. El arte está repleto de imágenes de violencia hacia las mujeres, física y simbólica, donde muchas fueron retratadas como monstruos por venganza, para dejarlas marcadas para siempre. Por detrás, la historia de mujeres negadas que querían ser pintoras y temían que les hicieran sombra o las parejas o amantes de pintores ilustres humilladas. Quizá solo así, diciendo la verdad, sus obras no acaben en los almacenes.

Permanecer en la zona del confort del arte es más cómodo que repensar obras y artistas. Lo mismo ocurre con la literatura, el cine, la música… Los relatos de violencia hacia las mujeres se repiten una y otra vez. Infinidad de historiadoras y artistas han levantado la voz para narrar la historia real y ocultada, incluso con inmensas contradicciones en ellas mismas, porque todas hemos sido educadas para admirar a unos genios.

La gran Paula Bonet decía esta semana que su admiración por la obra de Picasso no obvia ser consciente de su pasado personal. Yo misma, con mi formación como historiadora del arte, he dedicado trabajos de mi vida a analizar su obra, pero ahora hay que contar la verdadera obra. No se trata de cancelar ni de descatalogar. ¿Por qué no usar la pintura, la escritura, el cine… para explicar la historia normalizada de violencia cia las mujeres? Hablar de sus violaciones, sus agresiones, sus raptos… Que la juventud vea en el arte una referencia no para perpetuar eso, sino para no normalizarlo. Comprender de dónde venimos ayuda a saber hacia dónde vamos. Porque no es normal que la gente tenga escalofríos ante el cuadro de Saturno devorando a su hijo, de Goya, y no ante El rapto de las Sabinas.

¿Por qué no podemos usar todo el potencial del arte para dejar de romantizar la violencia, de crear un halo de fantasía sobre el amor, de hablar de musas, cuando soportaban una relación de obsesión y malos tratos? A quienes se escandalizan porque crean que todo esto cancela la imagen de los genios solo les diría que, por un minuto, se preocupen también por quienes fueron canceladas para que esos genios fueran así considerados. ¿Es justo que para que el nombre de Picasso quedara impoluto se manchara para siempre el nombre de Dora Maar, una pintora y fotógrafa enorme frente a él, solo porque fuera su pareja y él la pusiera de loca? Y traslademos esto a nombres de hoy. ¿Es justo que muchas actrices se quedaran sin trabajo tras defenderse de ser violadas o abusadas por Harvey Weinstein, por orden de él? ¿Es justo que cantantes de ópera fueran apartadas de sus carreras tras rechazar a Plácido Domingo? ¿No es acaso cancelar a mujeres y a su talento artístico por mera venganza? ¿Alguien se preocupa por esas cancelaciones? No estamos aquí como venganza, pidiendo descolgarlos de los museos o cines. No nos hablen de cancelación, cuando las grandes canceladas han sido las mujeres. Quizá es hora, ya que no están sus nombres en la historia, de que esa historia les haga justicia, al menos, contando la verdad sobre ellas y las que estuvieron tapadas por esos genios. Eso es lo

que se pide.

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