Hace tres años, Soledad Sánchez Parody (Málaga, 1985) lanzó uno de los discos más interesantes de aquella añada, 'Porvenir', un trabajo íntimo y político, de futuro y de raíz, entre el techno y el flamenco, entre los cantes populares y la alquimia digital de Arca. Tres años después, después de aventuras con el dúo extremeño Ruiseñora, la coreógrafa boquerona Luz Arcas y el complicado nacimiento de su primer hijo (parto prematuro), la cantante y productora regresa con 'Trilla' (Breaking Bass), veinticinco minutos de difícil descripción: «Es algo muy raro. Es medio disco medio sesión, medio mixtape medio score. Medio mi voz medio muchas», ensaya Soledad. El álbum está ya disponible en las páginas de Le Parody en plataformas como Bandcamp y Youtube y es un artefacto perfecto para el oyente aficionado a aventurarse en cartografías sónicas que beben de muchas tradiciones para idear nuevos paisajes. Sólo tres temas (uno de ellos no llega al minuto) pero que contienen múltiples ideas y emociones en las que indagar en sucesivas escuchas.

'Trilla' confirma la obsesiva lucha de Soledad contra el desarraigo y su empeño en cantar cada vez menos desde el yo, en «buscar maneras más colectivas y globales de describir las cosas que me parecen importantes». De hecho, suenan muchas voces en el disco aparte de la de la malagueña: las de la cantaora Rocío Márquez, la actriz Raquel Sánchez, La Paquera, Pepe Pinto y hasta de mujeres desplazadas kurdas y cantos de Tierra del Fuego (Argentina). También, de nuevo, mucho cante flamenco pero desde un oído nuevo, desde una sensibilidad digital, marcada por los bajos reventones e infinitos efectos y manipulaciones sonoras:«En De la trilla intento calcar el cante de la trilla de Bernardo el de los Lobitos. Estoy haciendo un experimento probando a desflamenquizar algunos cantes (que el flamenco a su vez cogió de otros folclores). Ahora ando con unas tarantas», comenta la malagueña. Siempre apetece caminar con Le Parody por los terrenos que se inventa y a los que nos invita.