Raphael (Linares, Jaén, 1943) canta Victoria (Virgin Music) en todos los sentidos en su nuevo álbum, el número 84 de su carrera, un trabajo producido y compuesto por Pablo López en el que el incombustible artista sigue renovándose y no acomodándose. El álbum salió ayer a la venta. Ya podemos oír si el malagueño está a la altura de la impresionante nómina de compositores que han escrito para el de Linares, con, por supuesto, el gran Manuel Alejandro por encima de todos.

«He tenido tanto material de éxito que necesito estar espabilado y no dormirme en el éxito, que me pille trabajando», sentencia el de Linares con motivo del lanzamiento de Victoria.

López ha acompañado en esta nueva aventura a Raphael, por petición del propio artista: le dijo que tenía que hacerle un disco tras verlo actuar en un programa. En el álbum, ambos alcanzan la conexión hasta el punto de el vocalista hace suya una canción ya famosa del malagueño, Lo saben mis zapatos. «Ha sido fenomenal trabajar con Pablo, es un chico muy de hoy, muy claro».

En Victoria, un álbum de concepto, con relato en las once canciones que lo componen, el artista realiza un viaje de agradecimiento. Habla de su victoria, de todo lo que ha conseguido, especialmente en su familia. «Todo donde yo he puesto la mano ha sido victorioso», asevera, para subrayar que su carrera también ha sido «totalmente una victoria», algo que puede decir «tranquilamente» tras décadas de recorrido.

 Pablo López no acompaña, de momento, al cantante en la promoción de Victoria pero se muestra exultante sobre el resultado del trabajo con uno de sus ídolos. «Victoria puede ser el Raphael que yo sueño. El López que sueña Raphael. Y, a la vez, los dos que sueña la música. Nunca pensé que iba a decir tanto de alguien y tanto de mí mismo, en un puñado de canciones», comentó hace unas semanas en sus redes sociales cuando se anunció la fecha de publicación del álbum.

La colaboración nace de una gran admiración mutua, que tuvo su primer fruto en una canción de Infinitos bailes, el disco en el que el cantante seleccionó a autores jóvenes como Mikel Izal, Dani Martín, Rozalén y la malagueña Vanesa Martín, entre otros, para que le hicieran canciones a su medida. Uno de ellos fue Pablo López, y aquello les supo a poco. Quedaron en hacer juntos un disco y lo grabaron, en parte, en Abbey Road (la casa de The Beatles). Lo cierto es que se trata de una alianza lógica: Pablo López lleva años perfeccionando un estilo de canción melódica muy teatral, casi de musical, de arreglos épicos, repletos de orquestaciones; melodías y sonidos que se ajustan como un guante a la garganta de Raphael, que siempre entona a lo grande, sin miedo a nada. 

Sin final

Después de seis décadas de una carrera para la que no quiere final, el divo de Linares aún se siente nervioso ante las publicaciones, como la de Victoria. También cuando tiene que dar conciertos, que, bromea, «es todos los días». «Exponerse a la gente siempre da un poquito de nervios, es una señal de respeto. El que diga que no, miente», apostilla.

Que fuera una artista «de hoy» como Pablo López el conspirador de su nuevo repertorio, ayuda a Raphael a seguir renovándose, algo que ansia y que no puede parar de proponerse: «Uno de los objetivos [del disco] es conquistar un público nuevo, pero eso lo llevo haciendo desde hace 50 años. Yo ya tenía un público fiel y adicto a mí, entonces he tenido que renovarlo, renovarlo y renovarlo, lo que es bastante complicado», señala.

Y es que, el artista, que no se considera «leyenda», asegura que seguirá yendo a por más mientras pueda, una idea que afirma que nunca ha perdido desde que empezase en esta profesión, «la más hermosa que existe». «No he pensado en ningún momento en retirarme», ratifica, para, no obstante, admitir que «de vez en cuando su cuerpo pega una llamada de atención».

Pese a ello, insiste en que el final de un Raphael sobre los escenarios y trabajando en nuevos proyectos musicales llegará solo en el momento en el que haya «una razón muy importante», como que se encuentre realmente mal, especialmente de salud.

El último de los reconocimientos a su longeva carrera llegó el pasado mes de septiembre, cuando recibió el Premio a la Trayectoria Artística en los Latin Billboard. Sobre la importancia de recibir galardones a estas alturas de su camino, dice que ahora tienen más importancia, incluso «más que al principio» porque ahora uno cree que ya no le van a dar nada.

«Es extraño que te premien porque en realidad el público te ha estado premiando todos los días. Van a destiempo», reflexiona, para precisar que los premios deberían llegar cuando el artista «empieza, para apoyarlo».