El arquitecto madrileño Santiago de Molina ha sido el ganador del decimocuarto Premio Málaga de Ensayo con la obra 'Nada extraordinario', que el autor define como «un pequeño homenaje a la casa, sentido no solo como arquitecto, sino como habitante», según el fallo del jurado anunciado este lunes.

«El libro habla del espacio al que todos estamos sujetos y al que todos volvemos, el espacio que de alguna manera nos habita. Las casas nos habitan y nos transforman, frente a la creencia habitual de que somos nosotros los habitantes y poseedores», afirmó De Molina en el acto de lectura del fallo. Por ello, «influyen en la personalidad y el carácter» de sus moradores y «transforman su forma de ser», asegura el arquitecto, que cree que esto ha sido patente también en la pandemia.

«Hemos vivido cómo la casa es capaz de habitarnos, a la vez que somos habitantes, y nos brinda consuelo cuando no lo tenemos. Las casas son madres y el sitio y el ancla al que volvemos»

«Hemos vivido cómo la casa es capaz de habitarnos, a la vez que somos habitantes, y nos brinda consuelo cuando no lo tenemos. Las casas son madres y el sitio y el ancla al que volvemos», apuntó el arquitecto.

Su ensayo habla «de los pormenores invisibles de la casa», porque «hay una larga tradición de la arquitectura que se ha vinculado a los museos y las grandes actuaciones públicas, pero la base de la vida diaria se sustenta en cosas más sencillas, como ir a por el pan o dejar las llaves cuando se entra en casa». «Todos esos actos minúsculos, repetidos y sistemáticos son invisibles, y son sin embargo los que constituyen el trasfondo de la arquitectura», precisa De Molina. Añade que en la pandemia «se han magnificado todas esas pequeñas cosas» y «hacer pan se convirtió en el deporte nacional, y asomarse a la ventana o que entrara luz fue algo extraordinario».