El título del libro, No he venido a ver el cielo (Elvo editorial) extraído de Poeta en Nueva York de Lorca es una declaración de intenciones: «Hablo de lo que es real y nuestra realidad es triste», comenta Presina Pereiro.

Esta escritora malagueña, autora también de novelas, antigua investigadora del CSIC y tertuliana del famoso Café Gijón de Madrid, habla de su segundo libro de poemas, después de que el año pasado se estrenara con Arde Prometeo (Ediciones del Genal), que quiso publicar a beneficio de la incendiada librería Proteo.

Como comenta, el hecho de ser lectora y más tarde escritora se lo debe a las enfermedades que tuvo a lo largo de su vida. «Tendría cuatro o cinco años cuando tuve tuberculosis ósea y me pasaba atada a un sillón para que me diera el sol. Me pasé un año con la tuberculosis y lo que hacía era leer un poquito porque mi padre tenía un biblioteca aceptable», recuerda. También sus versos, algunos de ellos recogidos en este libro, nacen de una enfermedad posterior, en este caso un cáncer que ha superado. «En esa época no me caí sino que me dediqué a escribir novelas y poemas. En mis versos hablo mucho de la muerte porque la tengo muy cerca siempre», recalca.

Presina Pereiro admite que su poesía es triste. «Hay gente que me dice que por qué no escribo algo alegre; les respondo que la alegría ya está en las coplas y en segundo lugar lo que siento es una poesía existencial, del ser, no la belleza natural -que me gusta- pero yo no sé cantarle a una naranja», sonríe.

La autora confía en que en este libro de 20 poemas de verso libre y asonante, prologado por el profesor emérito de la Complutense y crítico literario Javier del Prado Biezma, el lector pueda encontrar una poesía «sincera, que sale de dentro», así como la «música y armonía» que trata de añadir cada vez que se enfrenta a la página en blanco, algo que suele tener lugar a primerísima hora de la mañana, cuando tras un café «subo a la buhardilla de mi casa» y se pone a escribir, comenta.

Cuando se le pregunta por sus poetas de cabecera, piensa en clásicos como Garcilaso, Lope, Salinas, «el Lorca más moderno», Albertina Storni o María Zayas pero sobre todo le encandilan los versos de Jorge Luis Borges, «a quien me hubiera gustado mucho conocer».

En ‘No he venido a ver el cielo’ admite que pueden notarse algunas de estas influencias; en cualquier caso, espera que cuando alguien lo acabe «me conozca y se conozca» porque para esta autora malagueña, escribir poesía «es como si te vieras sin nada delante de un espejo y escribieras lo que ves; yo no soy una persona original, represento lo que son muchas mujeres y hombres, hablo de sentimientos comunes y me gustaría llegar y emocionar, quiero que llegue, que tenga música, que sea canto», remarca la autora.