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Kiko Veneno Músico

«La plataforma Spotify es un latrocinio sistemático»

Estrenó hace unas semanas Un día Lobo López, documental dirigido por Alejandro G. Salgado que rememora el proceso creativo del seminal Échate un cantecito, su inolvidable disco de 1992. Su protagonista (Figueres, 1952) reflexiona sobre esa época y la actual

El músico Kiko Veneno, en Barcelona, en junio de 2021. FERRAN SENDRA

En la segunda mitad de los años 80, Kiko Veneno había publicado un disco magistral junto a los hermanos Rafael y Raimundo Amador -Veneno (1977)- y dos trabajos en solitario, pero seguía sin poder ganarse la vida componiendo e interpretando canciones. Entonces, el de Figueres decidió darse una última oportunidad en el mundo de la música antes de tirar la toalla. El resultado, Échate un cantecito (1992), lo cambió todo. El Festival de Cine Europeo de Sevilla acogió el estreno mundial de Un día Lobo López, documental dirigido por Alejandro G. Salgado que rememora el proceso de creación de la que, 30 años después, sigue siendo una de las obras más influyentes de la música popular en español.

En su opinión, ¿cuál es el secreto de Échate un cantecito? ¿Qué hace de él un disco relevante 30 años después?

Concebí un disco de vocación clasicista, lo diseñé para que soportara bien el paso del tiempo, y creo que esas 10 canciones siguen hablando con una retórica muy actual; los años no han podido desmentir sus postulados ni su filosofía. Además, es un disco redondo, sin fisuras. Las buenas canciones son aquellas capaces de permanecer siempre vivas, de redefinirse constantemente en función de los sucesivos cambios sociales o de las circunstancias personales de quienes las escuchan. Y las de Échate un cantecito han resultado serlo.

¿Cuál es el secreto para lograr un disco sin fisuras?

Completarlo fue un proceso increíblemente laborioso. Me tomó tres años componer esas canciones, aprender bien el oficio de escribir. Dispuse de todo el tiempo que necesité para grabarlo, y el tiempo es el aliado de la cultura. Lamentablemente, es cada vez más escaso. Hoy, sin ir más lejos, ya ni siquiera se estila crear discos completos. Ahora se te ocurre una canción e inmediatamente la cuelgas en internet en espera de que la gente la compre. No sé.

¿En qué medida ha sido ese disco un listón respecto al que medir toda su carrera posterior?

Eso es inevitable. Siempre he sido muy consciente de que probablemente jamás volveré a publicar un disco tan bueno, pero lo cierto es que tampoco lo he intentado. Mi único objetivo siempre ha sido hacer las cosas lo mejor que he podido. Y creo de verdad que, si hubiera dedicado a alguno de mis discos posteriores el mismo tiempo y los mismos medios que dediqué a Échate un cantecito, podría haber alcanzado el mismo nivel de calidad.

Al principio de Un día Lobo López, en una imagen de archivo, un Kiko Veneno muy joven afirma: «Yo no soy esclavo del éxito, porque nunca lo he tenido». ¿Cómo le afectó el éxito cuando finalmente lo tuvo?

Que conste que Échate un cantecito vendió 50.000 copias en una época en la que Rosario y Rosana vendían un millón de copias con sus discos, y que no se hizo un hueco en las radiofórmulas. Lo que logré gracias a él es poder vivir de la música, y no tener que retirarme para dedicarme a otra cosa. Me sirvió para comprarme una casa, sacar a mi familia adelante, veranear en la playa, y ya. Nunca he ganado el dinero suficiente para ser un esclavo de nada. Nunca he llegado a ser como Alejandro Sanz, que durante años no ha podido salir a la calle con normalidad.

En 1992 no existían ni el autotune ni Spotify. ¿Qué opina de los cambios experimentados por el mundo de la música en estos años?

Tengo la sensación de que, en la actualidad, la inmensa mayoría de las canciones son diseñadas para resultar indistinguibles las unas de las otras, y no hace falta explicar las consecuencias que eso tiene. Por lo que respecta a Spotify, me parece un latrocinio sistemático. Si yo tengo una canción en Spotify que genera 20 millones de escuchas, no voy a cobrar un solo euro por ello, porque la plataforma solo paga por las canciones que generan un mínimo de 100 millones de reproducciones. En el pasado, las compañías discográficas te pagaban para que compusieras canciones. Spotify, en cambio, no solo no te da dinero a priori, sino que se beneficia con tus canciones sin compensarte. Y los artistas seguimos confiando en que esa plataforma será nuestro escaparate, seguimos engordando una vaca que nos aplasta.

Como testimonia el documental, asimismo, cuando era joven usted se definía como un rebelde. ¿Lo sigue haciendo?

Siempre me he considerado rebelde porque nunca he hecho determinadas concesiones para poder trabajar o para ganar dinero. Ese tipo de actitud es necesaria para la creación. La rebeldía debe ser incompatible con la búsqueda de premios o de patrocinios, porque de lo contrario es una pose.

¿En la actualidad falta cierta rebeldía?

Por supuesto, somos esclavos del consumismo y del narcisismo. La gente se gasta la mitad de su sueldo en comprarse ropa de deporte, y luego la usan solo para ponerse a correr entre coches y autobuses, tragando humo. Hay mucha tontería. Llegan unos inmigrantes en patera a una playa y los bañistas permanecen en sus tumbonas, sin inmutarse. La BBC demuestra que la policía marroquí trasladó cadáveres de inmigrantes desde territorio español, pero luego el presidente español sale frente a los medios de comunicación echando balones fuera, y no pasa nada. Es bastante triste.

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