Una carta manuscrita escrita por Francisco de Goya el 26 de marzo de 1828 desde Burdeos y dirigida a su hijo Francisco Javier, se ha quedado sin comprador en la subasta celebrada en Alcalá Subastas. El documento ha salido a la venta por 30.000 euros, pero no ha reibido ninguna oferta por lo que se ha quedado sin vender. En el reverso de la misma se puede leer 'A Don Francisco Javier de Goya. Calle Valverde, número 15. Quarto Principal, Madrid'.

Según la documentación que facilitó la propia casa de subastas, la misma procede de una colección particular de la nobleza española. De un tamaño de 250 x 119 milímetros, en este texto de tinta sobre papel, el pintor nacido en Fuendetodos le actualiza a su hijo su estado en ese momento: "Yo me hallo mucho mejor y tengo esperanzas de quedar como estaba antes del ynsulto, y la mejoría se la devo a Molina, que me ha estado diciendo que tomara la Baleriana Yerba echa polvos, y estoy muy contento con mi mejoría para recivir mis amados viageros; A Dios tu Padre Francisco de Goya".

Los 'Caprichos' de Goya

Esta carta manuscrita no ha sido la única pieza de Goya que se ha subastado en la jornada ya que también han salido a la venta siete grabados del aragonés de la serie 'Caprichos', concretamente los números 4 ('El de la rollona'), 18 ('Y se quema la casa'), 25 ('Si quebró el cántaro'), 41 ('Ni más ni menos'), 46 ('Corrección'), 49 ('Duendecitos') y 80 ('Ya es hora'), todos los cuales encontraron compradores entre los 700 y los 800 euros.

En la misma jornada, tampoco ha encontrado pujador 'Le Chien de Goya', de Antonio Saura (con un precio de salida de 35.000 euros), ni el cuadro pintado por Bayeu, 'Adoración de los pastores' (30.000 euros).

La 'Piedad' sin comprador

El 30 de noviembre también salió a subasta la 'Piedad' de Francisco de Goya y Lucientes, inédita hasta el año 2011, pero tampoco encontró comprador en la subasta realizada en la madrileña Alabarte ya que no recibió ninguna puja. La pieza del pintor aragonés, que no puede sacarse del país, salía con un precio inicial de tres millones de euros sin que obtuviera respuesta de ningún posible comprador.

Esta excepcional obra de juventud de Francisco de Goya puede datarse hacia el año 1774, como apunta Arturo Ansón, ya que muestra una relación estilística directa con las últimas escenas del ciclo de "la vida de la Virgen" que realizó el maestro aragonés en la iglesia de la cartuja de Aula Dei de Zaragoza.

Muchos de los rostros femeninos que aparecen en estas pinturas murales son similares al rostro de la Virgen así como el tratamiento de los pliegues del manto, –amplios y quebrados–, muy semejantes a los que aparecen en la 'Circuncisión', la 'Visitación' o los 'Desposorios' de dicha cartuja. El estado de conservación de esta obra es muy bueno, casi excepcional, manteniéndose el bastidor antiguo y su tela de cáñamo original sin reentelar. A través de la radiografía se puede distinguir una figura masculina que recuerda a San Joaquín y un angelito, lo que muestra que, al igual que hizo con otras composiciones del mismo periodo, Goya reutilizó un lienzo anterior para pintar esta escena.