Llevan muchos años en esto de la vida de bohemia del roquero bien plantado, de la música que suena a madera y a electricidad, de los ensayos que empiezan y terminan en las barras de los bares. Adolfo Flores (líder de Motel Caimán) y Álex Meléndez (ex Vicios Caros y ahora como El Zurdo) se las saben casi todas del arte de subirse a las tablas con actitud y aptitud; «casi», decimos, porque no se imaginaban que una aventura conjunta que comenzaron hace diez años, más como consecuencia de su amistad que como comienzo de un nicho de mercado, supondría uno de los grandes capítulos de sus respectivas carreras: Señor Mirinda. Y celebrarán el décimo aniversario, la primera década, con un concierto muy especial el 4 de enero en La Cochera Cabaret, que contará con invitados de postín. Ojo, que están a punto de colgar el no hay billetes en el escenario gestionado por el actor y productor Salva Reina...

«La banda de versiones definitivas de pop-rock de los 80 y 90». Así se presentan en la bio de sus redes sociales. ¿Modestos? Bueno, el rocanrol nunca ha sido de los mequetrefes con complejos, desde luego. Pero es que si te dan una palmadita en la espalda algunos de los grandes popes de la canción popular en español de las últimas décadas... «A Jaime Urrutia le encantó como tocábamos sus temas, Mikel Erentxun nos felicitó por la versión de Cien Gaviotas en plan country a mil por hora, los músicos de Loquillo flipan con el Camión y mis piruetas... Es algo que supone un orgullo para nosotros, lo llevamos por bandera. Porque mi madre me dijo: Si te metes en algo hazlo lo mejor que sepas. Y en ello estamos». Son palabras de Meléndez, más que satisfecho con un proyecto que define como «pura energía para entretener y hacer disfrutar al público sin tener que caer en obviedades, haciendo rocanrol y con el listón muy alto».

Empeño, descaro, buen hacer y ganas de agradar están detrás del éxito de Señor Mirinda (suelen tener cinco bolos a la semana: ¿qué banda pueden presumir de algo así en la actualidad?). Y también, claro, la inquebrantable amistad de dos roqueros recios y nobles: «Yo decidí hace tiempo no tocar para nadie más que no fuera mi proyecto de El Zurdo y Señor Mirinda. Antes estaba al servicio de muchas bandas, sustituciones donde muchas veces se sacrificaba la excelencia por el robagallineo y lo pasaba mal. A estas alturas yo soy un profesional y sé lo que es pan para hoy hambre para mañana. En nuestro caso la amistad va por delante de todo; Adolfo es una persona extraordinaria: me hace sentir seguro, es el tipo más desprendido que conozco, siempre con una capacidad de superación que inspira y hace trizas al conformismo. Cero ego entre nosotros. Gracias a toda la experiencia que llevo a mis espaldas he aprendido muy bien lo que no quiero y lo que se debe hacer para mantener al grupo unido. En el momento en que no disfrutemos juntos, a otra cosa».

Por cierto, que arropa a Flores y Meléndez una terna de singulares escuderos, también veteranos de la escena boquerona: Manuel Moles (teclados), El Lere (bajo) y Dani Cuenca (batería). Todos, al final, han conseguido crear, para orgullo propio, «más una banda de rock que una de versiones». Porque quien vaya a oír y ver a Señor Mirinda que no espere un ejercicio de mimetismo como el de los grupos tributo. Esto es otra historia: «No vamos a competir por hacer mejor que nadie el Rompeolas de Loquillo, eso sería de una mediocridad absoluta. Lo nuestro es un trabajo maravilloso, que hacemos con entrega, pero nada más», corrobora El Zurdo.

Autores

Álex Meléndez y Adolfo Caimán son autores por derecho propio de páginas importantes del rocanrol made in Málaga. Triunfar con canciones de otros podría suponer un ejercicio de disolución del ego; tocar en bodas, en catas o en cualquier cita social para la que se te contrate seguro que elimina cualquier ínfula o veleidad. «Es una terapia. Soy un animal de escenario, así que un fin de semana sin tocar es como que me quitaran la vida. Lo más importante es no perder el norte y saber que estamos haciendo canciones de otros artistas, a nuestra manera y con el mayor de los respetos», confirma Meléndez.

Es una fórmula necesaria para mantenerse vivos en esto de la música en directo, cada vez más complicado, tal y como explica el cantante y guitarrista: «¿Vivir de la música propia ahora mismo? Sin duda, yo sería feliz solo tocando mis canciones y girando como El Zurdo, pero actualmente es imposible, ni yo ni el 99 por ciento de las bandas podemos hacerlo, sobre todo si vives exclusivamente de la música; si tienes un trabajo normal y los fines de semanas inviertes tu dinero en irte a Pamplona a tocar con tu banda de canciones propias, estupendo, pero eso no es real. Creo que deberíamos ser más reales y dejar de vender motos para alimentar Instagram», explica. Antes de zanjar: «La realidad es muy cruda, pero ahí seguimos nosotros, al pie del cañón». Diez años después, y los que les quedan. Mientras se sigan divirtiendo juntos y diviertan a los demás.