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Entrevista | Andrés Lima Dramaturgo y director de teatro

«Sabemos poco de los adolescentes porque no les escuchamos»

El madrileño, una de las voces más prestigiosas del teatro actual, presenta en el Teatro del Soho-CaixaBank los días 10 y 11 de noviembre Asesinato y adolescencia, el resultado de una enjundiosa y nada acomodaticia investigación sobre la realidad de nuestros jóvenes

Jesús Barranco y Lucía Juárez incorporan a «dos soledades empujadas al filo del abismo por una suma de violencias propias y ajenas» en la función, escrita por Alberto San Juan

Andrés Lima, dramaturgo ganador del premio Nacional de Teatro 2019 y 5 premios MAX

Andrés Lima, dramaturgo ganador del premio Nacional de Teatro 2019 y 5 premios MAX / Laura Ortega

Roberto Montero Parada

Málaga

Andrés Lima (Madrid, 1961), dramaturgo ganador del premio Nacional de Teatro 2019 y 5 premios MAX, desembarca en Málaga bajo la atenta mirada de los feligreses del teatro. Acudirá al Teatro del Soho-CaixaBank, con su más reciente obra, ‘Asesinato y adolescencia’, el viernes 10 y el sábado 11 de noviembre.

Imaginemos por un momento, en acto de reminiscencia privada, la posibilidad de no ser nosotros mismos. Haber sido criados por otros padres, esculpidos por errores que nunca hemos cometido, quizá mucho más graves. No haber crecido tal y como lo recordamos, en cambio, una adolescencia indómita y cruda como la realidad sólo puede. Y para el que la haya tenido: éste es su asiento. 

Luis (Jesús Barranco) y Lucía (Lucía Juárez) son dos soledades empujadas al filo del abismo por una suma de violencias propias y ajenas en ‘Asesinato y adolescencia’, a partir de una idea del director que parte de la película ‘M, el vampiro de Dusseldorf', de Fritz Lang. Aquella es la historia de un asesino de niños. Este proyecto escénico se adentra en el misterioso y turbulento universo de la adolescencia, a través de un proceso de investigación con talleres, estudios, consultas y ensayos. ¿Qué pasa con nuestros jóvenes? ¿Qué factores provocan la violencia juvenil? ¿Ha aumentado con la pandemia? Nos preguntamos si estamos siendo sensibles a esta realidad o, por el contrario, nos mostramos cada vez más incapaces para ponernos en el lugar del otro. La obra conjuga el análisis documental sobre la violencia, a la vez que plantea una obra inspirada en el “thriller” de suspense, o incluso de terror. Se trata de conjugar razón y emoción. 

Si la esencia de la obra se exprimiera en una frase, sería ésta: “Sobre la violencia hacia la adolescencia, la violencia desde la adolescencia y la violencia de la adolescencia sobre sí misma”, resume Lima. Hablamos con el prestigioso dramaturgo.

Asesinato y adolescencia

Asesinato y adolescencia / Esmeralda Martin

Esta obra radica de una idea surgida de ‘M, el vampiro de Dusseldorf’, la película de Fritz Lang sobre Peter Kürten. ¿Qué elemento de la película le encandiló para llevar a cabo este proyecto?

Varios. He de decir que la obra no surge de la inspiración del vampiro. ‘M el vampiro de Düsseldorf’ es una película que me acompaña desde mi adolescencia prácticamente: yo la veía en la televisión, debía tener 15 ó 16 años, en unos programas que había en blanco y negro [se ríe con morriña], en los años 70, cuando había bastante en blanco y negro. El caso es que me impresionó mucho. Con el paso del tiempo la he seguido viendo y me parece una película magistral, no sólo por la interpretación del asesino, Peter Lorre, si no por cómo nos cuenta su historia. A mí me gustó eso y le dije a Alberto [San Juan, actor y dramaturgo, que ha colaborado en la escritura de esta obra]: “¿Por qué no utilizamos, más o menos, la estructura de Fritz Lang pero poniendo el foco no solamente en el asesino, sino en la víctima? Siempre he de decir presunto asesino y presunta víctima, ya eso se entenderá cuando se vea la función. Pero no quiero que nada esté del todo claro para que el espectador tome sus propias decisiones, o no. 

Tengo entendido que usted disfruta mucho del proceso de investigación, los talleres y entrevistas que ha realizado para levantar sus obras de teatro documental como ésta. ¿Qué es lo que ha podido aprender de tanto tiempo trabajando con estos adolescentes no acompañados o en riesgo de exclusión social? 

Muchas cosas. Te diría que lo primero que te sorprende son los datos: de la violencia hacia los adolescentes, de la violencia de género del adolescente, también los datos debidos a la emigración, la creación de bandas de chavales adolescentes en los barrios… Te ayuda a relativizarlo todo, a ver que es un problema de educación. Sin embargo, la violencia autoinfligida entre adolescentes, el acoso, la de género, las autolesiones, los intentos de suicidios, etc. han subido bastante. Todo esto no son más que cifras de una realidad que hay que tener en cuenta. A mí eso me quedó: la angustia. También he de decir que siempre hay muchos adolescentes que tienen una vida preciosa. Porque cada vez que hablo de esto parece que es que toda la adolescencia es así... Hablamos de los casos extremos. En definitiva, lo que he aprendido es que sabemos muy poco, que no escuchamos a nuestros adolescentes. 

El proyecto nace de la preocupación por conocer el mundo de la adolescencia y nuestra conflictiva relación como adultos con ella, asegura. ¿Qué posición debemos adoptar en este asunto?

Cada grupo social o de edad tiene su propio mundo. Para hablar con ellos tienes que ponerte en su lugar. Y acabas viendo que hay muchos de sus problemas que no son propios solamente de una estructura social, sino que a veces hay algo personal o psicológico. La protagonista de nuestra obra, Lucía, no es una marginada, no es una drogadicta; es una persona con una buena educación, de una buena familia y que entra en todo ese mundo. Era absolutamente voluntario el desclasarla, para ver que no es un problema privativo solamente de un estrato social.

Me surge la duda por lo que comenta: ¿ha reconocido al Andrés Lima adolescente en los jóvenes con los que ha tratado?

Yo tuve una buena adolescencia, no tuve los problemas que han tenido ellos. Pero sí me vino bien el recordar [vuelve a reír comedido] el miedo y la vergüenza que se pasan en muchos casos. El paso por la adolescencia puede ser algo maravilloso, o todo lo contrario, porque al fin y al cabo es un choque. Vienes de un mundo en donde no has tenido que enfrentarte al mundo, y de pronto, ahora sí. El mundo te puede recibir con los brazos abiertos o todo lo contrario. Normalmente, no nos ponemos en el lugar de nadie, no nos paramos a mirar los problemas de la gente de otra edad.

Se refiere a la maldad y a la bondad no como productos intrínsecos de nuestra naturaleza, sino como frutos de nuestro comportamiento. ¿Cree que la maldad o la bondad son condiciones impuestas por nuestro contexto y no nacidas con nosotros?

No lo sé, eso es una discusión que necesita más matices, ¿no? Yo creo que la bondad y la maldad se aprenden, hay comportamientos malvados y comportamientos bondadosos que se educan y se aprenden; de hecho, el mal y el bien como algo intrínseco a las personas no existe. No creo que estemos divididos por seres que nacen con el mal o el bien. Dependiendo de la situación en la que te encuentres tomas una decisión u otra, generalmente según tu cultura y tu educación. 

Querría volver al proceso de producción y a los elementos que vertebran la obra. Preguntarle por ese leitmotiv, ese elemento musical repetitivo en ‘M’ cuando aparece el monstruo y si en ‘Asesinato y adolescencia' hay un elemento narrativo repetitivo similar sobre el que se apoye.

Efectivamente, hay una canción que es una versión bastante particular de ‘Comerte entera’ de C Tangana, que a su vez es una versión de la de Toquinho. Nosotros hacemos lo mismo. El comerte entera, el doble sentido que implica la letra, eso es lo que nos da el leitmotiv. Toda la función está llena de repeticiones y hay paralelismos continuos entre Luis y Lucía, haciéndonos sospechar que Luis puede ser el presunto asesino, y a la vez, que puede que la peligrosa sea Lucía. Yo creo que este choque nos hace inquietarnos más y pensar más. 

¿Por qué creemos muchas veces que los adolescentes son más problemáticos, violentos o difíciles que los adultos?

Pues por una falta de educación de los adultos. Un adolescente al fin y al cabo no es un ser determinado, todos somos hemos sido adolescentes. No son seres diferentes, son seres humanos como todos, lo que hay que hacer es atender a la época por la que hemos pasado porque olvidamos demasiado fácil. Nos gusta después representarlos pero el ser humano olvida fácilmente los problemas.

Sustraigo de lo que ha mencionado, de las semejanzas entre los personajes de Luis (Jesús Barranco) y Lucía (Lucía Juárez) que también es su intención la de mostrar al monstruo interno que puede residir dentro de una persona cualquiera, incluso proveniente de una familia acomodada. De nosotros mismos.

Sí, eso ocurre ya cuando la obra entra dentro del terreno de lo teatral, por así decirlo, de lo poético, Cuando toda la expresión pisa un terreno muy relativo que es el del arte. No es una intención declarada pero la obra trata sobre todo de algo que ocurre dentro de la cabeza y del cuerpo de esos personajes. Y yo lo que he querido es que la manera de expresarlo invite al público a vivirlo de la misma manera, es decir, muy visceralmente. Al final, el escenario es un espejo.

¿Y qué experiencia o qué sensación busca transmitir usted en el joven que vaya al teatro y vea esta obra? Desazón, dudas, empatía…

Yo lanzo preguntas, no sé las respuestas, cada uno las descubre a su manera. Las lanzo de la mejor manera en que me puedo expresar, que es a través del arte y del teatro. Y lo que sí es evidente es que la función nace de un hecho inquietante, que es una chica sola en medio de la noche que se encuentra con un hombre extravagante. Esa inquietud genera a veces miedo y creo que eso es interesante porque, en teatro, despierta mucho la cabeza, nos obliga a tener los resortes para estar atentos. Creo que el género del thriller, el género del miedo en el mundo del arte es muy entretenido.

Lucía Juárez

Lucía Juárez / Esmeralda Martin

Hablaba del miedo, y se me ocurre también: ¿es necesario para el espectador, en una sala de cine o de teatro, conocer el miedo para poder sentirlo?

Yo creo que no es necesario y eso es posiblemente lo más peligroso que tiene. El miedo en el arte siempre es benigno; es decir, el miedo no creo que sea una emoción negativa en el ser humano, te advierte del peligro ¿no? Eso es interesante, al cruzar una calle o al meterte en un sitio extraño que no controlas. Otra cosa es la utilización del miedo, muchas veces por parte de quienes tienen más poder que otros. Si utilizamos ese miedo para controlarlos, para violarlos [se percibe a través del teléfono una mueca macabra, relacionada con la desfachatez que supondría], para desprestigiarlos eso ya es terrible. Muchas veces estamos ajenos al miedo. Una de las cosas que he entendido es la posibilidad de que una chica como Lucía se acerque a un hombre como Luis, y corra a ese peligro. Muchas veces son inherentes las sensaciones oscuras, las del ser humano, y otras veces se trata de pura ignorancia.

Andrés, desde mi punto de vista, su forma de entender el teatro pasa por ser crítico, experimental y por plantear preguntas. Si tuviera que quedarse con una sola de las muchas preguntas que lanza con esta obra, ¿cuál sería?

La pregunta siempre es: ¿Quiénes somos? Quiénes somos nosotros mismos, quiénes son los adolescentes. No tiene por qué tener respuesta, el hecho de preguntarse es como la utopía, ¿no? Das pasos y se aleja, pero sigues buscándola, de eso se trata. Y en el caso de las preguntas del teatro es lo mismo, lo importante es formularlas y pensar alrededor de ellas.

Habla también de 'Asesinato y adolescencia' como de una historia con una posibilidad de amor, ya no tanto en el sentido romántico, sí en la continuidad de la vida. ¿Cree entonces en las segundas oportunidades?

Siempre hay una historia de miedo, thriller o suspense, o como quieras llamarlo. Al igual que en las otras historias, está la posibilidad del amor. Y dentro de una historia en la que alguien aparece maltratado, hecho polvo, y que se está hundiendo cada vez más, la posibilidad de amor siempre es una salvación y va a generar más tensión y más suspense. Pero, ¿por qué es real? Porque es verdad que si toman una decisión diferente en un momento dado, a veces, la casualidad podría incluso cambiar el destino de esas personas. Yo creo que nada está escrito, como dice Peter O’Toole en 'Lawrence de Arabia'.

De las investigaciones que ha llevado a cabo junto a su equipo, los talleres, entrevistas y archivos documentales ¿qué reflexión le guarda al monstruo, el asesino, que es en realidad un paria inadaptado a la sociedad que lo rodea? 

El paria es siempre el perdedor, siempre es uno de los personajes preferidos de la historia del teatro. La gente que está desorientada, perdida, vapuleada… Siempre es alguien en que poner el foco para aprender. Es el motivo de la mayoría de los héroes trágicos también, que se presentan como alguien que puede ser la bomba y, sin embargo, es terrible lo que sucede con esa persona, ¿no? De Luis se aprende la absoluta soledad de una persona ante los problemas que pueda tener y la falta de no pedir ayuda. Es algo muy grave.

¿Y no cree que esa absoluta soledad de algunos individuos es también culpa nuestra, de los integrantes de una sociedad por permitirla? 

Puede ser, o puede que tú mismo lo hagas también. Yo creo que no todo es culpa de los demás.

Hay un detalle que a mí me ha llamado la atención, y lo han reseñado mucho, y es este muro articulado en la escenografía, diseñado por Beatriz San Juan. ¿Qué rol desempeña en la obra?

Beatriz San Juan lo diseñó y tuvo la idea. Hablando yo con ella llegamos a la conclusión de que es un símbolo en una historia muy real. Un muro oscuro donde se refleja todo lo que pasa a su alrededor. Y el hecho de que tuviera movimiento, algo que me comentó después de esa primera idea, me pareció bárbaro porque es como un personaje más, está vivo. Cualquiera que sabe lo que es deambular solo por la noche por Madrid o Málaga sabe que la ciudad está viva. Y que puede acogerte o puede comerte.

¿En qué otros asuntos de la vida humana actual le gustaría investigar en un futuro para levantar una obra de teatro?

Pues seguimos con la violencia, al final me da la impresión de que estoy solo en eso, ¿no? [Bromea]. Lo próximo es la guerra, y más concretamente la Guerra Civil española. Llevo ya un tiempo investigando en ello, le voy a dedicar todo el año y antes de que termine el 2024 lo estrenaremos.

También tengo entendido que su hija ha colaborado activamente en la obra y los ha aconsejado en el apartado joven. ¿Qué impresión ha obtenido de ella con el producto final? ¿Ha podido hablarlo con ella?

Ella ha estado muy metida en el proceso de talleres e investigación, se encargó de reunir al grupo de adolescentes que conocía para que nos sirvieran de espejo y que han participado en las entrevistas que salen en la obra. Ella ha formado parte de la investigación musical, incluso ella canta ese leitmotiv también. Ha sido muy hermoso. A ella le encanta la función y nos ha dado pie a reflexionar juntos sobre esta historia, y no hay nada mejor que hacer las cosas juntos.

Lamento el reduccionismo, pero, si tuviera que utilizar sólo tres palabras para definir su forma de entender el teatro ¿cuáles serían?

En tres palabras sería reducirlo mucho. Yo espero ser siempre cuando trabajo: claro, sencillo y directo. Esto no le quita complejidad a que, para ser tan sencillo, primero tengas que profundizar mucho en el tema.

Justo antes de empezar la entrevista tuve la idea, a raíz de una frase que he leído y creo que podría gustarle. Decía, o al menos se le atribuye a Ramón y Cajal la frase: “Sólo el médico y el dramaturgo gozan del raro privilegio de cobrar las desazones que nos dan”. ¿Está de acuerdo o le suena más a una boutade?

Es divertido, pero es verdad. Él cobraba por las enfermedades de sus pacientes y yo por las supuestas desdichas de mis espectadores, me parece muy inteligente. Por muchas cosas la medicina y el teatro siempre me han parecido muy similares. Yo de hecho quería ser médico de joven y al final me dediqué al teatro. Creo que ambas se ocupan de lo mismo, de la investigación sobre el ser humano, sus problemas y sus posibilidades; es bastante normal que tengan muchos puntos en común. Yo siempre se lo digo a mis alumnos y a mis actores: el teatro es terapéutico. Por muy profundo que nos metamos en la negritud de Lucía o de Luis, del asesinato y la adolescencia, siempre es curativo porque no hace ningún mal, se arriesga la vanidad, y poco más. 

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